SPIDER-MAN 3

SPIDER-MAN 3

SPIDER-MAN 3

* Regular

Entre los especialistas en cine contemporáneo es ya lugar común afirmar que Hollywood vive una honda e interminable crisis de guionistas desde inicios de los años ochenta hasta hoy. Pero no por reiterado deja de se cierto el tópico. La tendencia no sólo no ha menguado sino que se acentúa en el siglo XXI. Esto explica que, cada vez con mayor frecuencia, se recurra a otros medios narrativos para vender historias novedosas o, cuando menos, con cierta chispa de renovación formal. Así, se decide adaptar antiguas series de TV y cómics de todo tipo. En algunos casos se facturan films notables –el extraordinario V de Vendetta– o con un cariz estético ignoto hasta la fecha –Sin City– o, incluso, con ínfulas de autor, aliento underground y crítica social –American Splendor-. Son excepciones. En la mayor parte de los casos no se recurre a cómics con caché intelectual (Guido Crepax, Moebius o Manara) sino al tebeo de kiosco, el de consumo masivo. Y ahí entran los superhéroes, relectura de los héroes mitológicos clásicos, traída al mundo moderno. Se dirá que esto no es una novedad, que ya en los años treinta la Universal adaptaba a aquel entrañable Flash Gordon encarnado por Buster Crabbe. Cierto. Pero ahora la tendencia se ha acelerado. Superman, Batman, X-Men, Los cuatro fantásticos… Una lista interminable. De todos ellos el superhéroe que mayor rentabilidad en taquilla ha obtenido en la historia del cine es la trilogía Spider-Man, a partir del célebre cómic del sello Marvel. San Raimi ha completado su famosa trilogía sobre el hombre araña con esta tercera parte, notablemente inferior a la primera parte y casi una mediocridad si la comparamos con la segunda. Ni la presencia en el guión del escritor Alvin Sargent logra elevar el nivel medio de este soporífero relato (140 minutos de piruetas, golpes y acrobacias: a todas luces interminable). El lastre de esta película, para su desgracia artística, no se limita al paupérrimo guión ni a la falta de coherencia interna del relato audiovisual, sino a las limitadas dotes de los actores protagonistas. El lamentable Tobey Maguire sencillamente no sabe ser Peter Parker, además de carecer de presencia física y vigor para ser un Spider-Man poderoso. James Franco hace lo que puede por resultar creíble como el heredero multimillonario Harry Osborn, pero naufraga al pretender emular a su padre como el nuevo Duende Verde. Kirsten Dunst es una actriz con cierto talento que aquí se limita a hacer de novia boba de uno y otro. Thoper Grace es casi igual de mal actor encarnando al malvado Venos que al ambicioso fotógrafo Eddie Brock. Thomas Haden Church compone sin convicción a un Flint Marko convertido por los avatares del destino en el peligroso Hombre de Arena: no nos transmite ningún sentimiento empático o de piedad. Entre los aspectos positivos del film, señalemos la elástica realización de las secuencias de acción, compuestas con despliegue de medios y una factura técnica apabullante, por otra parte siempre exigible a este tipo de productos de consumo masivo.

Diego Moldes
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Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com

ESCRITOR (Pontevedra, 1977). 15 libros publicados como autor (ensayo, poesía y novela). 50 libros como coautor. Doctor en Ciencias de la Comunicación Historiador de cine.

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