ROMAN POLANSKI (París, 1933)

Roman Polanski

ROMAN POLANSKI (París, 1933)

“Superviviente. Luchador. Controvertido. Polémico. Cosmopolita. Apátrida. Talentoso. Polifacético. Genial. Empleemos el epíteto que queramos para definir a Roman Polanski. Polanski está por encima de cualquier calificativo explicativo, pues todos serían incompletos y reduccionistas, tanto para definir su obra como su vida, ambas indisolublemente unidas. No obstante el objetivo de este libro no es otro que tratar de ofrecer al lector todo cuanto he podido saber sobre lo que se esconde detrás del nombre Polanski. Que es mucho.

Po-lans-ki. Cuando alguien escucha las sílabas de este nombre enseguida lo identifica con un director de cine o, cuando menos, con alguien vinculado al cine o al mundo de la fama y el espectáculo. Si alguien dice estar escribiendo un libro sobre Michael Haneke o Soshei Imamura muchas personas  no cinéfilas responderán ¿sobre quién?, mas si se afirma que se escribe sobre Polanski prácticamente todo el mundo sabe de quién se está hablando. O creen saber de quién. Lo reconocen tirios y troyanos. Polanski es un nombre que suena, aunque más por las circunstancias trágicas que, para su desgracia, han rodeado su vida que por su trayectoria profesional. Cierto que esto hechos no serían recordados ni saldrían a la luz pública de no ser por ocurrirle a una persona muy popular del mundo del cine, pero no es menos cierto que muchas de esas personas que afirman conocer a Polanski no han visto la mayor parte de su filmografía. El interés que este estudio pueda tener radica en intentar desentrañar las claves del cine de Polanski, su mirada, su talento creativo, su condición de autor cinematográfico, en definitiva, su obra. El grado de atención y la inclusión u omisión que los diversos sucesos vitales de Polanski puedan tener en las siguientes páginas sólo serán constatados e incluidos aquí en la medida en que afectan  a su trabajo y a los temas que trata, además de para comprobar cómo la vida de un ser humano puede marca su obra de modo decisivo.” En el verano de 2004 escribí estas palabras como prólogo a mi extenso libro monográfico sobre el cine de Polanski, leído con manifiesto  interés por el mismo Roman, sorprendido porque, hasta la fecha, era (y es) el primer y único libro sobre su cine escrito en español (sin embargo se han traducido otros muchos y se han publicado en las cinco o seis principales lenguas occidentales más de una quincena de libros sobre él, algunos estrictamente de cine y otros vinculados a su ajetreada peripecia vital, incluso biografías, incluida su propia autobiografía Roman por Polanski); palabras que no sólo no han perdido vigencia en estos ocho años transcurridos sino que todavía son más apropiadas. Desde entonces, siendo objeto de los mass media mundiales contra su voluntad, por motivos que no viene al caso citar, ha dirigido tres buenas películas como Oliver Twist, El escritor y Un dios salvaje (Carnage), un corto, un episodio o sketch, varias obras de teatro, spots, la supervisión de un musical y alguna ópera. Su pulso con crítica y público continúa intacto, prueba de ello es El escritor: su película más taquillera en España y uno de los thrillers modernos más acabados formalmente, un ejercicio de estilo deslumbrante que, como ocurre siempre con el cine polanskiano, conviene ver, por lo menos, dos veces; demostrando que como mejor trabaja la puesta en escena es siempre à huis clos. Desde un punto de vista estrictamente visual, es su mejor obra por lo menos desde 1979 (Tess), superior incluso a El pianista, que también es magistral pero en otro registro, y muy por encima en todo caso a Frenético, Lunas de hiel o La muerte y la doncella, por citar otros thrillers modernos del cineasta franco-polaco. Compendio de su cine, en El escritor hay ecos no sólo hitchcockianos (evidentes: El agente secreto, Con la muerte en los talones, Falso culpable, Encadenados, Cortina rasgada…), sino de obras polanskianas pretéritas: de El cuchillo en el agua (el triángulo sexual, la localización en una costa inhóspita), de Cul-de-Sac (la isla, la playa, el enclaustramiento voluntario, etc.), de Repulsión (símbolos como la bañera, la cafetera, etc.), de El baile de los vampiros y La semilla del diablo (la obsesión por el Mal, en todas sus manifestaciones), de Macbeth (el retrato del Poder y de cómo el Mal se apodera de él), de Chinatown (la trama detectivesca de un investigador convertido en víctima, el complot oculto) y, sobre todo, El quimérico inquilino (el acoso al individuo por la sociedad alienizante). En definitiva, de cómo el entorno contemporáneo cercena las libertades individuales. Lo más notable en sus cuatro últimos largos de este siglo XXI es comprobar que, como ocurrió con los testamentos fílmicos de los grandes clásicos (Ford en Siete mujeres, Hitchcock en Frenesí o Lang el El testamento del Dr. Mabuse, etc.), Polanski va depurando su estilo a medida que envejece, nada de virtuosismos, estridencias visuales, ni “grandes planos” para epatar al público, es un narrador  puro y conciso, justo la antítesis de tantos otros falsos geniecillos, que pululan por los festivales de medio mundo. Porque…digámoslo sin tapujos: tras sesenta años de carrera en cine, en su cuádruple faceta como director, actor, guionista y productor, podemos afirmar con rotundidad que Polanski es el más grande cineasta  –en sentido lato del término– contemporáneo, que continúa en activo en el siglo XXI. En Europa o Asia no tiene rival; en América, Coppola, Scorsese, Eastwood y Malick son sus únicos pares. Jerarquizando su obra, algo que, siendo justos, nunca se debe hacer en términos artísticos, su filmografía cuenta con bastantes obras maestras, al menos once. En géneros bien diferentes pero unidas por un estilo propio: El cuchillo en el agua, Repulsión, Callejón sin salida, El baile de los vampiros, La semilla del diablo, Macbeth, Chinatown, El quimérico inquilino, Tess, El pianista y El escritor. A las que hay que añadir dos cortometrajes magistrales, el célebre Dos hombres con un armario y el aún más perfecto Cuando los ángeles caen, que se cuentan entre los más reputados de su tiempo y aún hoy, más de medio siglo más tarde, se siguen proyectando y exhibiendo en todo tipo de medios y soportes. Sin olvidar el episodio El collar de diamantes, ingenioso divertimento filmado en Ámsterdam, integrado en el largo Las más famosas estafas del mundo, que, como mero ejercicio de estilo (muy sixties), deja en pañales los sketches de sus colegas, firmados por Chabrol, Godard, Gregoretti y Horikawa.

Pero no todo son flores. Como todos, alguna vez ha patinado. Su gran bache son los años ochenta, en donde nos brinda dos films tremendamente irregulares, no tanto desde una perspectiva de puesta en escena sino argumental, guionística si se prefiere, me estoy refiriendo obviamente a Piratas y Frenético, piezas fallidas. También posee obras injustamente despreciadas –¿Qué?–, otras minusvaloradas –Oliver Twist, Un dios salvaje–, algún patinazo comercial –La novena puerta– y un par de sólidas piezas en su día no recibidas con la atención que se merecían pero que comienzan a ganar enteros con el paso de los años: la desgarrada Lunas de hiel y La muerte y la doncella, de una intensa inteligencia. A todo esto hay que añadir que Polanski es actor en numerosas obras ajenas, que rueda siempre lo que quiere, cómo y cuando quiere, y que intercala su profesión de cineasta con la de director de teatro y, más ocasionalmente, óperas –triunfando donde otros directores han naufragado al pasar de un medio a otro–, ora en París, ora en Alemania, Austria, Italia… Incluso, y esto es dato poco sabido, ha sido realizador de spots televisivos que en ocasiones (por motivos solidarios o benéficos) no ha querido firmar. Amado por unos, odiado por otros, Polanski sigue fiel a su estilo y a sí mismo, insobornable, ajeno a las modas, lo que lo convierten en un autor clásico, además de un creador único e irrepetible. Un genio con una mirada tan personal para ver el mundo, para captar lo que otros no ven (no vemos), que lo emparentan con visionarios adelantados a su tiempo, como Kafka, Schulz, Dickens, Bulgákov, o, dentro de su arte, Hitchcock, Lang, Welles o Tourneur.

DIEGO MOLDES

Filmografía:

Cortometrajes y episodios: Rower [La bicicleta, 1955], Uśmiech zębiczny [La sonrisa, 1957], Rozbijemy zabawę… [Aguafiestas…, 1957], Morderstwo [Asesinato, 1957], Dos hombres y un armario (Dwaj ludzie z szafa, 1958), Lampa  [La lámpara, 1959], Gdy spadają anioły [Cuando los ángeles caen, 1959], Le gros et le maigre [El gordo y el flaco, 1961], Ssaki [Mamíferos, 1963], El collar de diamantes [La Rivière de Diamants] episodio de Las más bellas estafas del mundo (Les plus belles escroqueries du monde, 1964), Cinéma Erotique [Cine erótico], episodio de Chacun son cinema [A cada uno su cine, 2007].

Largometrajes : El cuchillo en el agua (Nóż w wodzie, 1962), Repulsión (Repulsion, 1965), Callejón sin salida (Cul-de-Sac, 1966), El baile de los vampiros (The Fearless Vampire Killers, 1967), La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968), Macbeth (The Tragedy of Macbeth, 1971), ¿Qué? (Che? / What? /Quoi?, 1973), Chinatown (1974), El quimérico inquilino (Le Locataire / The Tenant, 1976), Tess (1979), Piratas (Pirates, 1986), Frenético (Frantic, 1988), Lunas de hiel (Bitter Moon, 1992), La muerte y la doncella (Death and the Maiden, 1994), La novena puerta (The Ninth Gate / La Neuvième Porte, 1999), El pianista (The Pianist, 2001), Oliver Twist (2005), El escritor (The Ghost Writer, 2010), Un dios salvaje (Carnage) (Carnage, 2011).

Como guionista de films no dirigidos por él destacamos Le bateau sur l’herbe (1971), de Gérard Brach, su guionista más fiel y el más importante escritor de cine en Francia durante la segunda mitad del siglo XX, así como A Day at the Beach (1972), de Simon Hesera (publicitada como “La obra maestra perdida de Roman Polanski”, en su reedición videográfica inglesa), por desgracia no estrenadas nunca en España ni editadas en DVD o Blu-ray Disc.

Como actor, según Imdb.com, ha aparecido en 37 films, sumando largos, cortos y documentales. Su papel más recordado en es el del perspicaz inspector que interroga a Gérard Depardieu en Pura formalidad (Una pura formalità, 1994), de Giuseppe Tornatore.

Bibliografía:

 

Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com

ESCRITOR (Pontevedra, 1977). 15 libros publicados como autor (ensayo, poesía y novela). 50 libros como coautor. Doctor en Ciencias de la Comunicación Historiador de cine.

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