
17 Mar Plan oculto
FICHA TÉCNICA
Título original: Inside Man. Año: 2006. Dirección: Spike Lee. Producción: Brian Grazer, Jonathan Filley. Guión: Russell Gewirtz. Reparto: Denzel Washington, Clive Owen, Jodie Foster, Christopher Plummer, Willem Dafoe, Chiwetel Ejiofor, Carlos Andrés Gómez, Kim Director, James Ransone, Bernie Rachelle, Peter Gerety, Victor Colicchio, Cassandra Freeman, Peter Frechette. Música: Terence Blanchard. Fotografía: Matthew Libatique. Duración: 129 minutos.
Imagine Entertainment, 40 Acres & A Mule Filmworks y GH Two, para UNIVERSAL PICTURES.
SPIKE LEE, PADRE DEL CINE AFROAMERICANO
«What’s the difference between Hollywood characters and my characters? Mine are real.» (Spike Lee)
Cuando uno habla de Spike Lee (Atlanta, Georgia, EEUU, 1957) su interlocutor en seguida se imagina al llamado “cine de negros”, el pope del nuevo cine afro-americano. Aunque en sentido estricto Lee no fue el primer cineasta afro-americano en realizar películas hechas por profesionales estadounidenses de raza negra, sí fue el primero en crear una tendencia, en abrirse al mercado de los blancos (los llamados, en Estados Unidos, WASP-white anglo-saxon protestant) haciendo cine afro-americano. O lo más correcto sería decir cine afro-estadounidense, pues cine afro-americano también es cierto cine brasileño, por poner un ejemplo conocido. Shelton Jackson Lee, aunque nacido en Atlanta –se licencia en la Clark Atlanta University-, en seguida se traslada a Nueva York, en donde estudia cine. Debuta en la ciudad de los rascacielos con algunos cortometrajes rompedores, Last Hustle in Brooklyn (1977), The Answer (1980), Sarah (1981) y Joe’s Bed-Stuy Barbershop: We Cut Heads (1983). Eso le abre las puertas del cine profesional, rodando su ópera prima en 1986: She’s Gotta Have It (1986). Poco después filma School Daze (1988), que pasa más o menos desapercibida. Pero entonces irrumpe con una serie de películas que lo sitúan como un cineasta singular y aún hoy, le colocan en un lugar (pequeño) en la Historia del Cine Norteamericano, Do the Right Thing (Haz lo que debas, 1989), Mo’ Better Blues (1990) y Jungle Fever (Fiebre salvaje, 1991), tres obras que conforman una especie de trilogía urbana antropológica que radiografían con apabullante intensidad y precisión las diferentes etnias y tribus urbanas que conformaban el Nueva York de la época, especialmente las de raza negra, y más en concreto del distrito de Brooklyn. En ese sentido Haz lo que debas y Fiebre salvaje son modélicas. El mundo del hip-hop, explicitado por una música concreta, el rap (aunque en Mo’ Better Blues el vehículo de expresión emotiva sea el jazz y el blues), y una manifestación artística, los grafitti, salen del gueto gracias a Spike Lee, extendiéndose como una mancha de aceite por los cines de medio mundo. La ambición de Spike Lee por mostrar las luchas por los derechos civiles de los negros le llevan a pasarse al campo de las superproducciones con Malcolm X (1992), biopic del célebre activista afro-americano interpretado por Denzel Washington. Ésta fue la primera colaboración entre las dos personalidades artísticas de raza negra más importantes del cine estadounidense: Spike Lee y Denzel Washington. Luego, durante los años noventa, el cine de Lee pierde fuelle, y se va haciendo cada vez más minoritario e invisible: Crooklyn (1994), Clockers (1995), Girl 6 (1996), Get on the Bus (1996), He Got Game (1998), Summer of Sam (1999), Bamboozled (2000). A cada cual más rara. Cintas curiosas, pero que no aportan nada imprescindible. Para colmo, sus actividades se van ampliando, produce películas para otros cineastas, filma para televisión, dirige spots publicitarios (algunos muy conocidos, incluidas algunas empresas españolas), videoclips musicales (para Michael Jackson, por ejemplo), conciertos con fines benéficos (Pavarotti & Amigos) en regiones tan remotas y necesitadas como Liberia, Kosovo o Guatemala. También ejerce de realizador de reportajes promocionales de la asociación religiosa Jesus Children of America. Su eclecticismo y actividad proteica son dignas de asombro. Su vena social, su ayuda a los niños de las guerras y los pobres hacen de Spike Lee un ciudadano necesario. Un desafío al poder. Su carácter se pone de manifiesto siempre que acude a los partidos del equipo de sus amores, los New York Knicks de la NBA (es una delicia verle protestar en la primera fila del Madison Square Garden, siempre fiel desde hace tres décadas, lo mismo que Jack Nicholson en los L.A. Lakers). Pero como cineasta estaba un poco olvidado, devaluado. Y de pronto, súbitamente, surge el proyecto de Inside Man. Y todos nuestros prejuicios y juicios apriorísticos desaparecen. Se rompen, hechos añicos.
EL PROYECTO INSIDE MAN
Cuando el productor Brian Grazer compra los derechos de un ingenioso thriller escrito por Russell Gewirtz para Universal Pictures, en seguida piensa en Spike Lee. Cuando Lee concluye la lectura del guión da un sí por respuesta. Conoce a Grazer desde hace quince años y, hasta ahora, todo habían sido proyectos frustrados. “Hemos tenido reuniones, proyectos y comienzos fallidos, pero te prometo que vamos a tener un gran final”, afirmó Grazer. Pero ahora Spike Lee lo ve claro. El propio cineasta cuenta los motivos por los que aceptó el reto: “Russell Gewirtz escribió algo totalmente nuevo dentro del género de atracos. Me gustó mucho el guión y tenía muchas ganas de dirigirlo. Tarde de perros [de Sydney Lumet, de 1972] es una de mis películas favoritas y la historia pertenecía a ese tipo de género”. Brian Grazer pone manos a la obra y explica cómo se cerró el trato y por qué financió el proyecto: “Me agarró por el brazo y dijo: ‘Venga, lo hacemos’. […] A un guión le exijo que pique mi curiosidad; no puedo permitirme la menor complacencia. Lo que más me gustó de esta historia es que estaba llena de pistas falsas y que todo encajaba a la perfección al final. Todos esos giros inesperados catapultan al género en una nueva e interesante dirección”. En el año 2005, se fijó el reparto, con cinco actores de primerísimo nivel: Denzel Washington (como el inspector de policía Keith Frazier), Clive Owen (el astuto Dalton Russell, antagonista de Frazier), Jodie Foster (la cabal Madeleine White), Christopher Plummer (el maquiavélico Arthur Case) y Willem Dafoe (el capitán de policía John Darius). Comenzaron a rodar en las calles de la ciudad de Nueva York, pero con interiores en decorados de estudio. Así, el banco que aparece en gran parte de la película, aunque parezca real, fue construido e ideado en un plató de los Steiner Studios, situados en el número 15 de Washington Avenue, distrito de Brooklyn Navy Yard, en Brooklyn, lugar de residencia de Spike Lee. El diseño de producción corrió a cargo de Wynn Thomas[1], la dirección artística fue obra de Chris Shriver[2] y los decorados los construyó George DeTitta Jr.[3] Como viene siendo cada vez más habitual en los últimos tiempos, se permitió el acceso al rodaja al guionista Russell Gewirtz, que comentó: “El equipo imaginó y construyó un banco al completo basándose en unas cuantas líneas que había escrito hacía cuatro años. Me pareció asombroso”. […] Decir que he tenido suerte es quedarme corto. Era una sensación bastante surrealista entrar en una sala donde estaban Denzel Washington, Clive Owen, Jodie Foster y Christopher Plummer y oírles leer los diálogos que yo había escrito. Después, durante el rodaje, tuve el placer de observar a Spike orquestándolo todo”.
COMENTARIO: EL FONDO Y LA FORMA
¿Por qué estilísticamente, desde una perspectiva estrictamente formal, Plan oculto no se parece a una película de Spike Lee? Uno contempla atento su puesta en escena, la iluminación, los movimientos tan precisos de la cámara -impropios de alguien como Spike Lee, cineasta de tic nervioso y en los últimos tiempos con tendencia a la estética videoclipera-, la planificación de las secuencias que describen a los rehenes del banco (algunas auténticos planos-secuencia logradísimos) en Plan oculto y en seguida detecta que la mano de otra persona está detrás de la cámara, sino sustituyendo a Lee, al menos asesorándole, haciéndole prestar más atención al look visual y al encuadre, a los aspectos generales y formales de la imagen cinematográfica. ¿Quién es ése alguien? Su nombre es Matthew Libatique (Queens, Nueva York, 1968), el operador, director de fotografía o, como prefieren denominarlo en Estados Unidos, cinematographer (palabra más exacta y precisa que la de operador que, por desgracia, no tiene equivalencia exacta en lengua castellana). Efectivamente, en Plan oculto destaca sobremanera el estilo fotográfico de Libatique, compañero inseparable de uno de los nuevos popes de la modernidad fílmica, Darren Aronofsky -ahí están, sin ir más lejos, sus grandes logros comunes: Pi, fe en el caos (Pi, 1998), Réquiem por un sueño (Requiem for a Dream, 2000) y La fuente de la vida (The Fountain, 2006)- y poseedor de una técnica depurada y una reformulación de la puesta en escena que incide directamente en el modo de montaje y postproducción de los films. Spike Lee, alabado por la crítica merced a su insólita perfección formal en los movimientos de cámara efectuados en Plan oculto, se ha percatado de que su cine ha dado un salto cualitativo importante (no en el fondo, sino en la forma) y vuelve a contratar a Matthew Libatique como cinematographer de Miracle at St. Anna (2008), su nueva película, ambientada en la II Guerra Mundial, adaptación de una novela de James McBride. En suma, Plan Oculto, más que un film de Spike Lee es una obra coral, en la que la conjunción de talentos (fundamentalmente el guionista, el productor, el director, el operador y el gran plantel de inspirados actores) logra la enorme fluidez de una obra compleja. Y, ya se sabe, en cine, en cualquier arte narrativo, nada es más complejo que la sencillez, si se me permite el oxímoron o contradictio in terminis.
[1] Habitual colaborador de Spike Lee, pero que también ha trabajado para otros cineastas: Robert De Niro en Una historia del Bronx (A Bronx Tale, 1993), Tim Burton en Mars Attacks! (1996) y Ron Howard en Una mente maravillosa (A Beautiful Mind, 2001) y Cinderella Man (2005), entre otros.
[2] Los trabajos más conocidos de Chris Shriver son: Lolita (1997), de Adrian Lyne, Estado de sitio (The Siege, 1998), de Edward Zwick, Caprichos del destino (Random Hearts, 1999), de Sydney Pollack y la inquietante El bosque (The Village, 2004), de M. Night Shyamalan. Shriver ya había trabajado con Spike Lee en Crooklyn (1994) y con el diseñador Wynn Thomas en la citada Una historia del Bronx.
[3] Ha colaborado con talentos tan relevantes como Woody Allen o Milos Forman, entre otros. Recientemente hizo los decorados de otro espléndido thriller, Michael Clayton (2007), de Tony Gilroy, cuyos espacios escénicos guardan cierta semejanza con los de Plan Oculto. El último trabajo de relieve de George DeTitta Jr. fue construir la casa en la que se encierra Will Smith (otro afro-americano con peso en Hollywood) en la cinta de ciencia-ficción Soy leyenda (I Am Legend, 2007).
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