
29 Mar PAUL SCHRADER (Grand Rapids, Michigan, Estados Unidos, 1946)
Confieso, sin tapujos, tener gran afinidad por Paul Schrader desde sus inicios, por motivos varios y complementarios. Schrader ha escrito las que considero dos películas más importantes de Scorsese –Taxi Driver y Toro salvaje– y la obra maestra de Brian De Palma –Fascinación (Obsession, 1976) –. De esta última dediqué un largo capítulo en mi libro La huella de Vértigo (Madrid, 2004), en donde detallaba no sólo las evidentes deudas contraídas con el genial film de Hitchcock (del que Fascinación es claro palimpsesto) y con la pintura paleocristiana, sino del guión de Schrader con la literatura, en especial con la Divina Comedia de Dante. Schrader es autor, además, de uno de mis libros de cine de cabecera, El estilo trascendental en el cine, que nos hizo conocer a muchos las posibilidades tautológicas del símbolo en el séptimo arte (casi siempre ninguneadas o, incluso, menospreciadas).[1]
La filmografía de Schrader ha ido creciendo poco a poco, sin prisa pero sin pausa, como se suele decir, es decir sin llamar excesivamente la atención, excepto la de algunos pocos. Sin embargo, en contra de lo que parece, es bastante prolijo, en algo más de treinta años ha dirigido dieciséis películas y un telefilme. Además ha escrito decenas de guiones, de los cuales diez han sido convertidos en películas por otros colegas, además de los citados, recordemos el thriller The Yakuza (Sydney Pollack, 1975), la minusvalorada La costa de los mosquitos (Peter Weir, 1985) o la correcta City Hall (Harold Becker, 1996).
Si la biografía familiar de un cineasta puede y suele condicionar su obra, en el caso de Schrader, lo hace de forma evidente y decisiva. Es un hecho determinante que se criase en una familia calvinista, fervientemente practicante y asidua a la iglesia (Christian Reformed Church), con férreos principios cristianos, que han regido su vida. Conceptos como el Pecado, el Bien y el Mal o Cielo e Infierno, condicionan la creación de sus personajes y los argumentos de casi todos sus films (escritos y / o dirigidos). Y sabe de lo que habla, no en vano su graduado lo hizo en Teología en el Colegio Calvinista (Calvin Collage), en la época en la que escribió su famoso libro. Su vida cambia cuando descubre el cine (confiese que en su casa no se veía televisión, ni se iba al cine, por lo que su infancia y adolescencia estuvieron privadas de cinefilia) y se muda a Los Ángeles para estudiar cine en la UCLA Film School. Su descubrimiento del cine como arte casi sagrado le lleva a dedicar su vida a explicar su posición en el mundo a los espectadores mediante unos dispositivos formales perfectamente trazados –Hardcore: un mundo oculto, Mishima, Affliction– que en ocasiones son variaciones sobre anteriores trabajos (no es difícil ver en la excelente Posibilidad de escape ecos de Taxi Driver). Además, con los años ha mejorado su estilo y puesta en escena, se ha desencasillado del concepto de director-guionista, y ha sabido adaptar textos ajenos, caso del guión de El placer de los extraños (1990), escrito por el premio Nobel Harold Pinter a partir de la novela homónima –publicada en 1981– de Ian McEwan (cuando McEwan aún no era McEwan o no era tan McEwan como es ahora). Obra con fuerza, grandes actores, marco poético (Venecia, aunque tópico) y final sorprendente.
Sin embargo, otras obras suyas parece que no han envejecido bien –American Gigolo– o se han visto resentidas por el peso del pasado –El beso de la pantera no resiste la comparación con el original de Tourneur, La mujer pantera–, cuando no han sido olvidadas por completo (¿quién recuerda su ópera prima Blue Collar?). Por si fuera poco, en los últimos años su cine se ha vuelto más minoritario, casi invisible en algunos casos, y la crítica no es que le haya dado la espalda (cosa que sí ha hecho el público), sino que, desgraciadamente, han ignorado sus cuatro últimas películas, realizadas en la primera década del siglo XIX. Es decir, ha dejado de estar de moda entre los cinéfilos snobs. Pero confiamos en que Schrader reconduzca su carrera (como ha hecho Malick) y la segunda década de este nuevo siglo se abra esplendorosa a nuevas propuestas fílmicas de un autor inteligente, exigente, consciente de su arte, consecuente con el mismo y, sobre todo, valiente. Es decir, ajeno a las modas.
DIEGO MOLDES
Filmografía escogida: Blue Collar (1978), Hardcore, un mundo oculto (1979), American Gigolo (1980), El beso de la pantera (Cat People, 1982), Mishima (Mishima: A Life in Four Chapters, 1985), Light of Day (1987), Patty Hearst (1988), El placer de los extraños (The Comfort of Strangers, 1990), Posibilidad de escape (Light Sleeper, 1992), Witch Hunt (1994), Touch (1997), Aflicción (Affliction, 1997), Forever Mine (1999), Desenfocado (Auto Focus, 2002), Dominion: Prequel to the Exorcist (2005), The Walker (2007), Adam Resurrected (2008), The Jesuit (2012).
Bibliografía:
- SCHRADER, Paul (1972), Transcendental Style in Film: Ozu, Bresson, Dreyer, Da Capo Press, Cambridge, Massachusetts / Nueva York.
- SCHRADER, Paul (1990), Taxi Driver (Screenplay), Col. Faber Film, Faber and Faber, Nueva York.
- SCHRADER, Paul (1992), Light Sleeper (Screenplay), Col. Faber Film, Faber and Faber, Nueva York.
Internet: http://www.paulschrader.org/
[1] Según me contó el traductor Breixo Viejo, cuando conoció a Paul Schrader en Nueva York y le entregó el libro en español que era su traducción de Transcendental Style in Film: Ozu, Bresson, Dreyer (1972), el director norteamericano se mostró muy sorprendido porque desconocía su existencia y hasta dudaba que fuese una edición legal. Misterios de la edición.
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