Mystic River

Mystic River

Mystic River

Me atrevería a decir que Mystic River (2003) es la película más lograda de Clint Eastwood de cuantas ha rodado en pleno siglo XXI, es decir entre los setenta y ochenta años de edad. En tiempos en los que cualquiera está jubilado, Eastwood ha dirigido siete grandes películas en nueve años, a razón de casi una por curso: Blood Work (Deuda de sangre, 2002), Million Dollar Baby (2004), Flags of Our Fathers (Banderas de nuestros padres, 2006), Letters from Iwo Jima (Cartas desde Iwo Jima, 2006), The Changeling (El intercambio, 2008), Gran Torino (2008) e Invictus (2009), todavía no estrenada cuando escribo estas líneas; además de Piano Blues, séptimo episodio de la serie documental The Blues (2003) en el que demuestra una vez más sus amplios conocimientos  musicales. En Mystic River, además de dirigir, compone la eficaz banda sonora.

Como siempre, Eastwood da lo mejor de sí mismo como cineasta cuando tiene un buen guión de partida. En este caso Mystic River fue escrita por Brian Helgeland[1] a partir de una novela de  Dennis Lehane (Boston, Massachussets, 1966), creador de una serie de conocidas novelas criminales en Norteamérica protagonizadas por la pareja Patrick Kenzie y Angela Gennaro.[2] El argumento de Mystic River, tanto en la novela como en el film, está pensado para enganchar al lector / espectador desde el inicio hasta la conclusión, como todo buen thriller. Nunca Clint Easwood había filmado, ni lo ha vuelto a hacer, una película con un argumento tan enrevesado, una trama en el que las piezas van encajando milimétricamente a medida que transcurre la historia, manteniendo en vilo a un espectador que ya no sabe qué creer, quiénes son las víctimas y quiénes los asesinos. En la podrida sociedad actual nada es lo que parece, los criminales pueden permanecer impunes viviendo a nuestro lado mientras que las víctimas son consideradas culpables y viceversa, los culpables víctimas. La maestría de Clint Eastwood con esta película es la de no establecer juicios morales con los personajes que retrata (nunca lo ha hecho) tan sólo describir los hechos con paciencia de entomólogo, dejando que sea el espectador quien saque sus propias conclusiones (por erróneas que éstas puedan llegar a ser a cierta altura del metraje), como haría un buen cineasta del período clásico, y no imponiendo su visión del mundo (como hacen algunos pretendidos autores del mal cine de hoy).

El comienzo de la película es espectacular, y ya te atrapa sin remedio. Boston. Tres niños juegan al hockey  en la calle. Jimmy Markum, Sean Devine y Dave Boyle. Dave manda la pelota a una alcantarilla y no la recupera. Para matar su hastío deciden escribir sus nombres sobre un pedazo de cemento fresco en la acera. Dos hombres que se hacen pasar por policías se llevan a Dave, en teoría para llevarlo a casa, en realidad son dos pederastas que secuestran al chico y lo violan reiteradamente durante cuatro días de cautiverio en una cabaña en el bosque. Dave logra escapar, pero la herida en su alma le acompañará el resto de sus días. Nunca superará ese trauma.

Tras este impresionante y cautivador prólogo ambientado en los años sesenta, Eastwood nos sitúa un cuarto de siglo más tarde, en la actualidad,  retratando finamente las vidas de aquellos niños convertidos en adultos: Jimmy Markum (Sean Penn), ex presidiario y viudo, Sean Devine (Kevin Bacon), detective de policía en Boston y Dave Boyle (Tim Robbins) está casado con Celeste (Marcia Gay Harden), prima de Annabeth Markum (Laura Linney), la actual esposa de Jimmy.

El detonante del conflicto en este período es la muerte de Katie, la hija mayor de Jimmy Markum, fruto de su primer matrimonio con Marita, fallecida de cáncer. Como delincuente que fue, Jimmy se toma la justicia por su mano, no dejando hacer su trabajo al policía Sean Devine, su amigo de la infancia. Azuzado por Celeste, que desconfía de su propio marido, sus pesquisas le llevarán a sospechar de su antiguo amigo Dave Boyle, como asesino de su hija, hasta el punto de asesinarlo él mismo. Pronto descubrirá su error, pues los que mataron a su hija fueron el hermano  menor de Brendan (novio de Katie) y un amigo, fruto de un accidente cuando jugaban con una pistola cargada.

Podríamos desmenuzar la trama con sus múltiples subtramas entrelazadas (como toda buena historia policíaca) secuencia a secuencia, pero para eso basta un golpe de ratón en Internet. Y eso no es lo más interesante. Los argumentos se olvidan a los pocos años, y no tienen mayor interés que el de vehicular la acción, que es lo que realmente importa: hasta provocarnos una emoción incontenible, un nudo en la garganta, ese sí, difícil de tragar y de olvidar. Como dijo Sam Fuller en Pierrot le fou (1965, Godard), “Cinema is action and emotion”. Y a buen seguro que al viejo Fuller le hubiera gustado filmar una película tan oscura como Mystic River, que cumple a rajatabla aquella máxima fulleriana de acción + emoción.

Decíamos que los argumentos se olvidan. Pasa siempre. Lo que no se olvida, lo que permanece en nuestra retina y nuestro subconsciente como si lo hubiésemos vivido realmente (y en cierto modo así es) son las imágenes (y eso es el cine), las secuencias de más tensión de la película, como cuando Jimmy Markum prepara la tumba de su hija entre las lápidas del cementerio y los hermanos Savage le dicen que la policía se ha llevado a Dave para interrogarlo, o cuando Celeste confiesa que le vio llegar con sangre a casa, o cuando el pobre Dave (niño violado, recuérdese) intenta explicar que la sangre es de un pederasta al que mató porque intentaba violar a unas niñas y Jimmy no le cree una palabra. La empatía nos invade, queremos que Jimmy crea a su antiguo amigo Dave, una víctima juzgada como verdugo en un bar, y la poderosa interpretación de Sean Penn ante el desvalido Tim Robbins nos hace hasta dudar por un momento, casi a justificar el asesinato.

Y Dave sabe que no puede seguir viviendo con esa tara, y que su amigo espera una confesión para lavar su alma, y que aunque él no asesinó a su hija, le confiesa que sí lo hizo porque prefiere no seguir viviendo y no tiene la fuerza de suicidarse.  Y, claro, como ocurre en la vida real, la venganza ciega al padre que ha perdido a su hija: Jimmy Markum asesina a Dave, confesor de un crimen que no ha cometido. Y la impotencia nos hace apretar los dientes. Y Jimmy arroja el cuerpo de Dave al Río Místico –Mystic River-. Y cuando Jimmy Markum descubra por boca del poli Sean Devine que Dave no lo hizo, y que han encontrado el cadáver de un pederasta con cargos (el que mató Dave, lo que convierte su historia en verdadera), tan sólo acertará a decir a su antiguo amigo:

Ojalá hubieras sido un poco más rápido.

Y ahí se nos hace un nudo en la garganta. Como a Sean Devine que ha descubierto que su amigo asesinó al que fuera su común amigo de la infancia. Aquel niño al que ambos dejaron ir con unos pederastas una tarde de verano…

Y ahí descubrimos, por enésima vez, que el cine de Clint Eastwood tiene un no sé qué que los demás cineastas de hoy no tienen, un pálpito de emoción que se escapa y te desborda, una sabiduría que ha ido ganando con los años para demostrarnos con su cine que la vida es una suma de esfuerzos y de derrotas que, a veces, sólo a veces, concluyen en victoria.

FICHA TÉCNICA-ARTÍSTICA

Título original: Mystic River. Año: 2003. Director: Clint Eastwood. Intérpretes: Sean Penn, Kevin Bacon, Tim Robbins, Laurence Fishburne, Laura Linney, Eli Wallach, Marcia Gay Harden, Tom Guiry, Spencer Treat Clark, Emmy Rossum. Guión:. Música: Clint Eastwood. Fotografía: Tom Stern. Duración: 137 minutos. Productor: Bruce Berman, Clint Eastwood, Judie Hoyt, Robert Lorenz.

[1] Nacido en 1961 en Providence, Rhode Island. Brian Helgeland escribió y dirigió El devorador de pecados (The Order, 2003), además de una veintena de guiones entre los que sobresale una gran película como L.A. Confidential (1997, Curtis Hanson) y Deuda de sangre, de Clint Easwood.

[2] Tres de sus novelas han sido llevadas al cine: Mystic River, Gone Baby Gone (adaptada por Ben Afleck en 2007) y Shutter Island, que ha dirigido en 2009 Martin Scorsese con Leo DiCaprio de protagonista. Además Dennis Lehane ha escrito tres episodios de la famosa serie televisiva The Wire (en 2004, 2006 y 2008), lo que habla a las claras de su polivalencia como escritor para diferentes medios y formatos.

Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com

ESCRITOR (Pontevedra, 1977). 15 libros publicados como autor (ensayo, poesía y novela). 50 libros como coautor. Doctor en Ciencias de la Comunicación Historiador de cine.

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