
17 Mar Leaving Las Vegas
FICHA TÉCNICA
Título original: Leaving Las Vegas. Año: 1995. Dirección: Mike Figgis. Producción: Lila Cazès, Annie Stewart. Guión: Mike Figgis, adaptado de la novela homónima de John O’Brien. Reparto: Nicholas Cage, Elisabeth Sue, Julian Sands, Richard Lewis, Steven Weber, Kim Adams, Emily Procter, Stuart Regen, Valeria Golino, Graham Beckel, Al Henderson, Sashi Bhatia, Carey Lowell, Anne Lange, Mike Figgis. Música: Mike Figgis. Fotografía: Declan Quinn. Duración: 111 minutos. Initial Productions (Reino Unido) y Lumière Pictures (Francia), para UNIVERSAL PICTURES (Estados Unidos).
MIKE FIGGIS EL MÚSICO CINEASTA
El inglés Michael Figgis (1948, Carlisle, condado de Cumberland) pertenece a la “raza” de los artistas polifacéticos. Tras una primera infancia africana en Nairobi (Kenia) a la edad de ocho años retorna con su familia a su Inglaterra natal. Estudia música en un conservatorio de Londres y en sus años mozos, durante los años setenta, toca en una banda de rhythm and blues llamada Gas Board, que estaba liderada por Bryan Ferry, el mítico cantante de Roxy Music. Luego, en 1980, se matricula en la National Film School londinense, pero es rechazado y en seguida se pasa al teatro de vanguardia fundando su propia compañía, The Mike Figgis Group. Así, en las tablas, comienza a utilizar montajes de películas experimentales proyectadas en telas blancas situadas en las traseras de los escenarios de sus producciones teatrales multimedia, es el caso de “Slow Fade” (1982), la de mayor repercusión. Y al músico y director escénico le entra el gusanillo del cine, colaborando en el Tyneside Cinema, Newcastle-upon-Tyne, un festival de cine alternativo y video digital que, tras su paso, se rebautizó como The Mike Figgis Digital Lounge. Trabaja con asiduidad como realizador de spots publicitarios. Así, poco a poco Figgis se va familiarizando con el medio audiovisual, tocando todas las teclas posibles del cine: guionista, productor, director, operador de fotografía, montador, actor, compositor de sus propias bandas sonoras… Un tipo inquieto, tremendamente activo y con cosas que decir al público. Así, debuta como realizador de televisión en el telefilme The House (1984), un encargo de la casa de modas Chanel, y cuyo éxito le abre las puertas del cine. Aún así retornará gradualmente al medio catódico: en 1991 dirige Women & Men 2: In Love There Are No Rules. Tras más de una década sin pisar un plató de televisión, retorna con el episodio Cold Cuts (2004), de la exitosa serie Los Sopranos, producida y emitida en Estados Unidos por HBO (Home Box Office). Recientemente Figgis ha realizado el episodio piloto de la serie Canterbury’s Law (2008), producida por Sony y emitida por 20th Century Fox Television. Su afición a la música le ha llevado a dirigir algún documental de tintes melómanos, tanto sobre el flamenco, como Flamenco Women (1997) en torno a la figura de la bailarina gaditana Sara Baras, como sobre la música blues, para la serie televisiva norteamericana The Blues (2003). También realizó el documental The Battle of Orgreave (2001), nunca estrenado en España.
Figgis debuta como cineasta en el Reino Unido con un thriller renovador, Lunes tormentoso (Stormy Monday, 1988), con Melanie Griffith, Tommy Lee Jones y el cantante Sting; además de dirigirlo también escribe el guión y compone la banda sonora musical de este policiaco ambientado en la ciudad escocesa de Newcastle. Su éxito le permite dar el salto a Hollywood, donde rueda otro thriller interesante, Asuntos sucios (Internal Affairs, 1990), con Richard Gere y Andy García, la clásica cinta de poli bueno poli malo, ergo, uno honesto, el otro corrupto. La cinta de misterio psicológico Pasiones prohibidas (Liebestraum, 1991), en la que aparece una veterana Kim Novak, no fue comprendida por el público y la anodina Mr. Jones (1993), de nuevo con Richard Gere en un papel de un chalado excéntrico, fue su primer fracaso artístico importante. Defraudado con su experiencia en Hollywood, regresa al Reino Unido y allí recupera el favor de la crítica más exigente con La versión Browning (The Browning Version, 1994), con guión de Ronald Harwood (ganador de un Oscar por El Pianista, de Polanski), que adaptaba una obra teatral de Terence Rattigan[1] y que contaba con pesos pesados de la interpretación británica: Albert Finney, Michael Gambon y Greta Scacchi.
Eso le permite retornar a Hollywood para dirigir en 1995 Leaving Las Vegas, película producida con capital francés y británico, nominada a varios Oscar, ganadora de Globos de Oro y que, aún hoy, continúa siendo su películas más conocida por el gran público. En España obtuvo dos Conchas de Oro en el Festival de San Sebastián, una al mejor director y otra al mejor actor principal. Luego, lejos de dejarse cegar por el éxito, continúa la exploración de la pareja, el sexo y los límites del alma humana con Después de una noche (One Night Stand, 1996), otra de sus cintas más incomprendidas, con unos estupendos Wesley Snipes y Nastassja Kinski. Sorprendentemente Mike Figgis, nada seducido por el dinero, inicia un vía de cine minoritario, casi anti comercial y se diría que voluntariamente marginal, con una serie de películas protagonizadas por su joven pareja sentimental (24 años más joven que él), la excelente y hermosa actriz londinense Saffron Burrows: juntos colaborarán en The Loss of Sexual Innocence (1999), Señorita Julia (Miss Julie, 1999), libre adaptación de la obra de Strindberg, Timecode (2000) y Hotel (2001). Figgis también participa en películas como Ten Minutes Older: The Cello (2002), dirigiendo el episodio About Time 2 o colaborando en el guión y la realización de la producción eslovena Co/Ma (2004). Sus últimas obras son La casa (Cold Creek Manor, 2003), fallida historia de terror protagonizada por Sharon Stone y Dennis Quaid, y la reciente Love Live Long (2008). En total Figgis, hasta la fecha, ha dirigido durante dos décadas en el cine quince largometrajes de ficción.
VIVIENDO LAS VEGAS
Cuando Mike Figgis leyó la novela “Leaving Las Vegas” supo de inmediato que había encontrado una historia que podría ser transformada en una película de lo más sugerente y diferente. Diferente a todo lo que se había hecho en cine y a todo lo que el propio Figgis había realizado. Lo que más le impresionó no era tanto la historia de un suicida que decide terminar con su vida yéndose a Las Vegas a morir ahogándose en alcohol, bebiendo cantidades ingentes de vodka mezclado con zumo de naranja hasta acabar con su vida voluntariamente, sino el hecho de que el autor, John O’Brien (1960-1994), se había suicido de un tiro en la cabeza, el 11 de abril de 1994 en Los Ángeles, justo dos semanas después de concluir su novela. Figgis comprendió que O’Brien estaba escribiendo sobre su propia vida, sus penurias y miserias, sus frustraciones vitales y sentimentales. Y Figgis quiso captar ese fatalismo en una película, no tanto divagando sobre el alcoholismo y sus consecuencias sino retratando con inusual maestría e inmediatez la crónica de un fracaso. Y vaya si lo consiguió. Donde otros moralizaban, Figgis mostraba. El escritor natural de Oxford, Ohio, obtuvo la gloria post-mortem, en parte gracias a Figgis, pues tras el estreno de la película se publicaron sus otras dos novelas inéditas y por tanto póstumas: “The Assault on Tony’s” (Grove Press, 1996), y “Stripper Lessons” (Grove Press 1997).
La interpretación alucinada de Nicholas Cage también contribuyó a aquella fugaz popularidad póstuma y fue reconocida con el único Oscar que ha logrado el célebre sobrino de Francis Coppola. Pocas veces el cine ha retratado con mayor exactitud y empatía el proceso de degradación de un alcohólico terminal. Ni el gran Jack Lemon en Días de vino y rosas (Days of Wine and Roses, 1962), de Billy Wilder, ni tampoco el genial John Cassavetes en su doble faceta de actor y director alcohólico en toda su filmografía, y en especial en Faces (1968) y Husbands (1970), dos obras maestras en las que la ingesta de bebidas alcohólicas es algo omnipresente, habían llegado tan lejos. Leaving Las Vegas es, en ese sentido, un punto de no retorno. Algo que Figgis y Cage comprendieron perfectamente. El film cuenta, casi en primera persona, la historia del ocaso de un guionista de Hollywood llamado Ben Sanderson (Nicholas Cage) que pierde su puesto de trabajo en los estudios y es abandonado por su mujer. En este prólogo en el suburbio de Burbank, en Los Angeles, que dura unos veinte minutos, el espectador va comprendiendo los motivos por los que a Ben se le han agotado las ganas de seguir viviendo. El resto del metraje transcurre en Las Vegas, con Ben ingiriendo dosis abrasivas de alcohol, vamos a ver su muerte en directo, como diría Tavernier. Pero entonces se cruza en su camino de perdición una bella rubia prostituta que ya sabe lo que es vivir en el infierno, pues viene de él. Dos almas errantes perdidas entre las luces de los casinos del desierto condenadas a enamorarse. Y su historia de amor, por efímera, se torna imposiblemente intensa, absurdamente romántica, tosca pero íntima, trágica y melancólica. Sera, que así se llama la mujer (Elisabeth Sue), será vejada y sodomizada por una pandilla de niñatos, maltratada por sus clientes, humillada por todos cuanto la rodean. El machismo y el proxenetismo nunca han abandonado los Estados Unidos, cuna del capitalismo salvaje, la doble moral y la hipocresía más trasnochada, parece querer decirnos Figgis contándonos esta historia de dos loosers que se cruzan en medio de la nada para acabar en la nada más absoluta. En la nada no, pues como decían los surrealistas franceses, en medio de la escoria más inmunda es donde crecen las flores más hermosas. Y Leaving Las Vegas es una de las historias de amor más hermosas de la historia del cine reciente norteamericano. Un alma cándida femenina que nada tiene y a nada aspira, que dedica sus últimos esfuerzos a ayudar a un desgraciado como Ben, en la que ella ve reflejada sus propias miserias y anhelos. ¿Simbología del espejo como en Cocteau u Ophüls? Quizá. Lo que nos queda, al fin y al cabo, es una historia de honestidad, contada desde la honestidad.
La extraordinaria y adecuadísima música compuesta por Figgis (influida por el jazz, el blues y el pop-rock) dota a las imágenes de Las Vegas, pobladas de luces de neón, colores intensos, anaranjados y rojos en la noche del desierto, de un tamiz especial de intensidades variables, como si el espectador del film asistiese a una jam session jazzística; música instrumental intercalada con canciones inolvidables elegidas con acierto, en especial las cantadas por el cantante Sting, “Angel Eyes”, It’s A Lonesome Old Town» y «My One and Only Love», además de temas tan intensos como “Lonely Teardrops” interpretada aquí por Michael McDonald o el compuesto por Johnny Mercer y Harold Arlen: “Lome Rain Or Come Shine”, cantado por Don Henley, la voz errabunda de ese grupo mítico que fue The Eagles. Por último, last but not the least, el espectador más atento, cinéfilo y / o melómano, habrá identificado entre los actores secundarios a conocidos cineastas como Bob Rafelson, Vincent Ward, Danny Huston, Mark Coppola (primo de Nicholas Cage), además de músicos como Julian Lennon (hijo de John Lennon) o Lou Rawls… y el propio Figgis en un inusual cameo.
[1] Se trataba de un remake de otra cinta británica, La versión Browning (The Browning Version, 1951), dirigida por el aristócrata Anthony Asquith, sobre la misma pieza dramática de Terence Rattigan.
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