
15 Mar LA LISTA DE SCHINDLER
FICHA TÉCNICA
Título original: Schindler’s List.
Año: 1993.
Dirección: Steven Spielberg.
Producción: Branko Lustig, Gerald R. Molen, Steven Spielberg.
Guión: Steven Zaillian, adaptación del libro de Thomas Keneally.
Reparto: Liam Neeson, Ben Kingsley, Ralph Fiennes, Caroline Goodall, Jonathan Sagall, Embeth Davidtz, Malgoscha Gebel, Shmuel Levy, Mark Ivanir, Béatrice Macola.
Música: John Williams.
Fotografía: Janusz Kaminski.
Duración: 195 minutos.
Blanco y negro.
Amblin Entertainment y UNIVERSAL PICTURES
ARGUMENTO
Polonia. Segunda Guerra Mundial. El industrial Oskar Schindler (Liam Neeson), adscrito al Partido Nacionalsocialista, tiene entre sus empleados a varios miles de operarios judíos trabajando en su fábrica de Cracovia, destinada a la producción de instrumentos para uso doméstico. Cuando los nazis invaden Polonia se crean los primeros campos de concentración, auténticos centros de exterminio de ciudadanos judíos. Allí opera el lunático y desquiciado Goeth (Ralph Fiennes), un oficial alemán que asesina por capricho o por puro placer. Ayudado por el contable judío Itzhak Stern (Ben Kingsley), Oskar Schindler logrará salvar de la muerte a más de mil cien judíos polacos, transfiriéndolos a una nueva factoría de Checoslovaquia.
EL HOLOCAUSTO. GÉNESIS DEL FILM
Europa ha mirado el Holocausto siempre desde una proximidad más coherente y rigurosa que Estados Unidos. Por ellos resultaba lógico que las mayores aproximaciones cinematográficas al exterminio de judíos durante la II Guerra Mundial (sobre todo en Polonia) se realizasen desde la postura de intelectuales europeos que hacían cine en el Viejo Continente. Así, en 1955 Alain Resnais filmó Nuit et brouillard [Noche y día], escalofriante documento sobre los campos de exterminio. Pocos años más tarde, en 1959, el italiano Gillo Pontecorvo rodó la magnífica y olvidada Kapó (Kapò), coproducción entre Italia, Francia y Yugoslavia; su postura de izquierdas queda patente al constatar la visita de Jean-Paul Sartre al lugar de rodaje o su prohibición en EEUU (estreno limitado en Nueva York en 1964) y en España (donde no se estrenó hasta 1984). Ese mismo año el checo Jirí Weiss rodóRomeo, Julieta y las tinieblas (Romeo, Julie a Tma, 1959), ambientada en 1942 en la Praga ocupada por los nazis. Luego llegaría la obra maestra inacabada del polaco Andrezj Munk, La pasajera (Pasazerka, 1961-63), acaso el acercamiento más duro y estremecedor: fue rodado en un auténtico campo de concentración. Un par de años más tarde se estrenó la obra maestra de los checos Ján Kadár y Elmar Klos La tienda en la Calle Mayor (Obchod na korze, 1965), quizá el film que mejor ha sabido reflejar el horror nazi en la vida cotidiana judía.Tendría que llegar el cine francés, dos décadas más tarde, con un documental de más de nueve horas de duración, Shoah (1985), ideado y dirigido por Claude Lanzmann, para hablarnos de la imposibilidad de cualquier tipo de representación dramática (cinematográfica o no) de lo que supuso el genocidio de millones de judíos inocentes.
Hasta que apareció Steven Spielberg, el judío de oro, el golden boy, el cineasta norteamericano máximo representante del show bussines por excelencia. Y, contra todo pronóstico, y refutando todo tipo de prejuicios apriorísticos, logró una notable película. Al principio fue duramente criticado por querer hacer otro tipo de cine que se alejaba de sus intereses comerciales. El cine con un posicionamiento moral destinado a un público adulto se antojaba imposible para un cineasta que hacía cine para toda la familia (si bien no sé hasta qué punto Tiburón es un film recomendable para públicos de todas las edades) y pocos apostaban por una obra seria, rigurosa y sincera. Lo que muy pocos saben es que, ni siquiera el propio Steven Spielberg se veía capacitado para realizar una película sobre el Holocausto. Su idea inicial era sólo la de producir la película. Cuando cayó en sus manos el guión de Steven Zaillian (autor de la atractiva e inteligente cinta En busca de Bobby Fisher), una adaptación de un libro escrito por el periodista australiano Thomas Keneally que relataba los sucesos relativos a Oskar Schindler y que ya había sido rechazado por Martin Scorsese, Spielberg pensó en otro cineasta judío: Roman Polanski. Así se lo hizo saber aUniversal Pictures (propietaria de los derechos del libro). El cineasta polaco nacionalizado francés había vivido en primera persona las atrocidades nazis: durante su niñez muchos familiares suyos fueron exterminados, incluida su madre, gaseada en el campo de concentración de Auschwitz. Polanski era el director ideal. Pero cuando Spielberg se lo propuso, declinó la oferta. Al parecer había conocido personalmente a diversos personajes que aparecían en el guión, muchos de aquellos judíos que trabajaron para Schindler habían sido amigos o conocidos de sus padres en Cracovia. Los recuerdos eran demasiados dolorosos y, muy a su pesar, dijo que no.[1] Fue entonces cuando Spielberg se animó a dirigir él mismo la película. Nunca imaginaría que sería considerada por muchos como su mejor obra y, mucho menos, que lograría seis Oscar de la Academia.
Antes de concluir el montaje de la taquillera Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993) Spielberg ya se había desplazado a Cracovia para rodar La lista de Schindler. Disponía de un presupuesto de más de 22 millones de dólares que le permitió construir los inmensos decorados, un reparto de 126 actores y más de treinta mil extras. Solicitó rodar en el campo de concentración de Auschwitz, pero el Congreso Mundial Judío se lo prohibió, al parecer por temor a molestar a los familiares de las víctimas.
COMENTARIO
El resultado es un film sorprendente por su calidad formal, no solo por la historia que se nos narra de un modo brillante sino porque despliega una serie de recursos narrativos y audiovisuales de una riqueza sorprendente, en especial todo el look visual y la fotografía en un bellísimo blanco y negro obra del joven operador polaco, afincado en Estados Unidos, Janusz Zygmunt Kaminski (Ziembice, Polonia, 1959), ganador del Oscar a la Mejor Fotografía. Kaminski ya había trabajado en once películas norteamericanas cuando fue contratado por Steven Spielberg, pero a partir de entonces su dominio de la cámara cinematográfica da un salto de calidad. Spielberg, consciente de todo lo que le debe a Kaminski (y viceversa), lo convierte en su mayor aliado en todos sus films posteriores: Amistad (Ídem, 1997), Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998), Inteligencia Artificial (Artificial Intelligence: AI, 2001), Minority Report (Ídem, 2002), Atrápame si puedes (Catch Me If You Can (2002), La terminal (The Terminal, 2004), La guerra de los mundos (War of the Worlds, 2005), Munich (2005) e Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull (2008). En total Kaminski ha sido director de fotografía de nueve películas de Spielberg. Otro profesional polaco que desplegó una labor fundamental, diría que absolutamente esencial, fue el director artístico Alan Starski (Varsovia, 1943), también ganador de un Oscar por su trabajo en el film; el modo en el que consigue recrear los decorados y ambientes de la II Guerra Mundial con total verismo otorgan una verosimilitud inusitada al entorno descrito por Spielberg, en especial la fábrica de utensilios que regenta Oskar Schindler y el campo de concentración, basándose en un rigurosísimo material documental, tanto archivos fotográficos como cinematográficos o periodísticos. Starski también sería llamado por Polanski para desempeñar idéntica labor en El pianista, logrando un resultado mejor, si cabe. Es curioso comprobar como estas dos películas, La lista de Schindler y El pianista acercándose de forma diametralmente opuesta al genocidio nazi (frente al preciosismo esteticista de Spielberg se nos presenta el realismo descarnado, atroz, de Polanski) persiguen en el fondo, idéntico mensaje: hacer frente al lógico pesimismo del horror mortuorio del mayor crimen masivo de la Historia moderna mediante un optimismo casi patológico. En efecto, tanto la historia de Oskar Schindler como la del pianista Spilzman (también un relato real, en este caso autobiográfico) persiguen una visión humanista y positiva del ser humano, retratándonos el lado positivo y moral del hombre en tiempos inciertos de locura, muerte y destrucción. En ambos films aparece un <<nazi bueno>>, si es que ello es posible, un miembro del partido o un oficial alemán –sendos personajes históricos – que salvan la vida a judíos. Y eso, siendo judío, te apellides Polanski o Spielberg, es sinónimo de valentía.
RECEPCIÓN CRÍTICA
En cuanto a la recepción crítica del film hubo para todos los gustos. A muchos especialistas el tema tocado por Spielberg les pareció oportunista, por sensiblero, atacaba la conciencia de las buenas gentes para llegar al corazón del público (¿y qué hay de malo en ello?, me pregunto yo), y le reprochaban que no se ajustaba a la verdad de los hechos históricos (algo cierto y demostrable, pero el cine de ficción puede y debe permitirse ciertas licencias creativas, pues no aspira a la verdad documental sino a la emoción y la reflexión del público). El reputado crítico de Chicago Jonathan Rosenbaum, aún alabando el film, lo tachó de “panorama piadoso y patriarcal” y carente de complejidad. Más duro fue Claude Lanzman en el diario parisino Le Monde, negándole el derecho a hablar de la <<solución final>> a través de una ficción, actitud que Bertrand Tavernier y Jean-Pierre Coursodon reprocharon tachándolo de snob, virulento y egocéntrico. Citan estos críticos franceses la respuesta del cineasta Marcel Ophüls defendiendo La lista de Schindler y, aun cuando los propios Tavernier y Coursodon le ponen algunas objeciones al film, acaban por alabarlo sin reparos. “Si se hace abstracción de este tipo de objeciones, propias de la petición de principio, no hay más remedio que admirar el quehacer del cineasta, la complejidad de su visión, la maestría de su estilo.”[2] Actualmente convertida en un clásico moderno, La lista de Schindler, con sus aciertos y errores, se nos presenta como una de las obras más importantes del cine norteamericano de su tiempo.
[1] Nueve años más tarde Polanski dirigió El pianista (The Pianist, 2002) –a mi juicio film muy superior al de Spielberg- pues esta historia no estaba ambientada en Cracovia sino en Varsovia, lo que le permitió rodar con mayor distanciamiento, si ello es posible tocando un tema tan duro y personal. La película, al igual que La lista de Schindler, obtuvo varios Oscar, incluido el de Mejor Director.
[2] TAVERNIER, B. y COURSODON (1995), J.P. 50 años de cine norteamericano, Ediciones Akal, Madrid, 1997. Tomo II, p. 999.
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