La gran comilona / La grande bouffe

La grande bouffe

La gran comilona / La grande bouffe

Título original: La Grande Bouffe / La grande abbuffata
Producción: Vincent Malle y Jean-Pierre Rassam, Mara Films, Les Films 66 y Capitolana Films (Italia, Francia, 1973).
Dirección: Marco Ferreri.
Guión: Rafael Azcona, Marco Ferreri. Diálogos: Francis Blanche.
Fotografía: Mario Vulpiani (Color).
Música: Philippe Sarde.
Montaje: Claudine Merlin, Gina Pignier.
Dirección artística: Michel de Broin (diseño) y Claude Suné (decorados).
Intérpretes: Marcello Mastroianni, Ugo Tognazzi, Michel Piccoli, Philippe Noiret, Andréa Ferréol, Solange Blondeau, Florence Giorgetti, Michèle Alexandre, Monique Chaumette, Henri Piccoli, Maurice Dorléac, Simon Tchao, Louis Navarre, Bernard Menez, Cordelia Piccoli.
Duración: 135 min.

Durante un fin de semana invernal, cuatro viejos amigos se reúnen en un viejo caserón en las afueras de París para comer y beber hasta morir. Son Ugo (Ugo Tognazzi), dueño de un restaurante y experto cocinero, Michel (Michel Piccoli), un obseso realizador de televisión, Marcello (Marcello Mastroianni), un atractivo piloto de aviación y Philippe (Philippe Noiret), un juez obsesionado por su ama de cría, que le masturba desde niño. Al llegar a la mansión comienzan a comer y a beber sin freno ni mesura, organizando unas comidas pantagruélicas en las que llegan a contratar a unas prostitutas para amenizar las veladas. Finalmente, irán muriendo uno a uno, como en un ritual de suicido colectivo perfectamente programado.

De entrada, lo que más llama la atención de la película es su carácter obsesivo-excesivo, su gusto por la abundancia y el exceso, sexual, escatológico y gastronómico. Pensemos en la barbaridad de platos preparados que engullen sin freno los cuatro burgueses protagonistas, la cantidad desmedida de exquisiteces que podrían abastecer un restaurante de lujo durante meses: tuétano, ostras, filloas, chocolate, riñones a la borgoñesa, langosta a la Mozart sobre leche de arroz, bogavante de Rostof, carne salteada, pavo asado, carne de cerdo, pasta, pato, ciervo, pasteles…

Marcello, obsesionado con fornicar a todas horas, contrata a tres prostitutas de fina figura, Danielle (Solange Blondeau), Anne (Florence Giorgetti) y Nicole (Michèle Alexandre), a las que se une una maestra obesa y acomplejada que enseña en el colegio vecino, Andrea (Andréa Ferréol, cuyo papel sexual y aspecto físico recuerdan a las modelos fellinianas de gruesa erotomanía). Todo se convierte en una monstruosa y prolongada orgía, en la que el desenfreno sexual se une al culinario. Las putas desaparecen y como era de prever los cuatro amigos van muriéndose uno a uno. Marcello al intentar huir muere de frío, en el jardín, congelado sobre un antiguo Bugatti azul, descapotable, tras una intensa nevada. Michel comienza a tocar el piano parsimoniosamente y la pieza que interpreta se une a una sinfonía de pedos que le producen una descomposición de tal calibre que fallece de un ataque, ahogado en sus propias heces. Ugo muere sobre la mesa de madera de  la cocina mientras Philippe le atiborra de paté, al tiempo que Andrea le masturba, mediante una letal combinación de indigestión y orgasmo. En un banco del jardín muere Philippe abrazado a Andrea (a quien antes había pedido en matrimonio mientras ella le realizaba una felación) tras haber ingerido dos enormes tartas en forma de tetas. La gorda Andrea, testigo de todas sus muertes, abandona la casa, mientras los perros de caza persiguen a una gallina alocada y dos carniceros continúan esparciendo enormes piezas de carne por un desolado e invernal jardín.

Nos encontramos ante una película totalmente atípica, como atípica es la filmografía del singular cineasta italiano Marco Ferreri (1928-1997). Dejando al margen sus primeras y grandes películas españolas –Los chicos (1959), El pisito (1959) y El cochecito (1960), quizá las que mejor han aguantado el paso del tiempo, pese a ser, paradójicamente, más antiguas-, La grande bouffe se erige como la obra más transgresora e importante del polémico Marco Ferreri. Gozó de un éxito muy superior a anteriores títulos suyos como Dillinger ha muerto (Dillinger è morto, 1969), La audencia (L’udienza, 1971, en la que lo único destacable es la figura de la hermosa Claudia Cardinale) o Liza (Liza/La cagna, 1972), todos ellos muy irregulares, aunque no exentos de interés. El cine de Ferreri de la década de 1970 no ha envejecido bien, no sólo desde el punto de vista estético o formal, sino en sus contenidos algo trasnochados, no sólo en los títulos citados sino en otros posteriores como No tocar a la mujer blanca (Non toccare la donna Bianca/ Touche pas à la femme blanche !, 1974), La última mujer (L’ultima donna, 1976) o Adiós al macho (Ciao maschio, 1978), en donde contó con estrellas como Gérard Depardieu, Catherine Deneuve o Marcello Mastroianni, estos dos últimos matrimonio por aquel entonces. Con los años el cine de Ferreri fue perdiendo fuelle, no sólo porque el gran público le dio la espalda, sino por la crisis del cine europeo y, sobre todo, italiano de las décadas de 1980 y 1990, en donde los productores apenas apostaban por propuestas arriesgadas e innovadoras, invirtiendo sobre todo en productos para televisión.

Coproducción franco-italiana rodada en francés, La grande bouffe parte de un guión original de Ferreri y de nuestro gran escritor Rafael Azcona (1926-2008), con quien el realizador italiano ya había colaborado en sus inicios, en El pisito y El cochecito. No obstante, los diálogos en francés de La grande bouffe  fueron escritos y revisados por el actor y escritor Francis Blanche (1921-1974), otrora célebre cómico del teatro y el cine galos. Obviamente, debido a la trasgresión de algunas secuencias (de casi todas ellas) no pasó la censura de la dictadura franquista, siendo prohibida en España sine die. Su estreno fue ya en plena democracia (legalmente la censura en España desapareció, recordémoslo, en 1977). Como grandes conocedores de los dogmas del catolicismo, Azcona y Ferreri (como Buñuel o Arrabal, critican abiertamente a la moral católica, nutriéndose de ella y sus contradicciones) explicitan y se regodean en los tres primeros de los siete pecados capitales, es decir la lujuria, la pereza y la gula. Burda metáfora decadente, La grande bouffe es una gran hipérbole pantagruélica, una bofetada a la moral burguesa de su tiempo (y más aún del nuestro), un rechazo malsano a las buenas costumbres, un ensalzamiento del machismo, del exceso y del libre albedrío, de la gula y del sexo lujurioso, de la gastronomía de gourmet y la escatología más aberrante y, lo que es más insólito, fundamentalmente es un canto a la muerte, una llamada al suicidio colectivo.

La grande bouffe sigue siendo la película internacionalmente más conocida de Ferreri, sobre todo entre el público francófono y anglófono (se estrenó en Nueva York el 19 de septiembre de 1973, incluso antes que en París), y en pleno siglo XXI continúa despertando interés, no sólo de cinéfilos sino, entre el público más masivo; prueba de ello es que ha sido reestrenada en salas comerciales de diversos países (2002-2005), entre ellos Francia, Grecia, Holanda o República Checa. Cuando La grande bouffe se presentó en el Festival de Cannes, el 17 de mayo de 1973, causando un revuelo absolutamente escandaloso -aunque paradójicamente allí se  le otorgó el premio de la FIPRESCI junto a Le maman et le putain– no tanto por su crítica social sino por su voluntad antisocial o, mejor aún, asocial. En este sentido su ataque a la moral burguesa entronca con los gustos de la época: las otras dos películas-escándalo de aquella memorable edición de Cannes fueron la citada La  maman et la putain (1973), de Jean Eustache y The Holy Mountain [1973] de Alejandro Jodorowsky. Ninguna de las tres pasó la censura en España. Recordemos que la Palma de Oro aquel año se otorgó ex aequo a dos películas que estuvieron de moda y hoy están casi olvidadas: El espantapájaros (Scarecrow, 1973), de Jerry Schatzberg y El equívoco (The Hireling, 1973), de Alan Bridges; además se concedió un premio especial extraordinario al film de animación Planeta salvaje (La planète sauvage, 1973), de René Laloux a partir de diseños del gran Roland Topor. Mucho han cambiado los tiempos.

 

Bibliografía recomendada: VVAA (1990) Antes del apocalipsis: el cine de Marco Ferreri, Esteve Riambau (coord.), Signo e Imagen, Cátedra / Mostra de Cinema del Mediterrani, Madrid / Valencia.

Diego Moldes

Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com

ESCRITOR (Pontevedra, 1977). 15 libros publicados como autor (ensayo, poesía y novela). 50 libros como coautor. Doctor en Ciencias de la Comunicación Historiador de cine.

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