Hierro 3

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Hierro 3

**** Muy buena

Ahora que soy un fantasma, ya no siento deseos de buscar una casa vacía.

KIM KI-DUK, agosto de 2004.

Este es el onceavo film de Kim Ki-Duk (Bonghwa, Corea del Sur, 1960), original gran cineasta que se dio a conocer en occidente con la turbadora La isla (Seom, 2000), sexual y violentamente poética, y se consagró con Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera (Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom, 2003), una bella parábola orientalizante. Debuta con Ag-o (Cocodrilo, 1996), aunque su cine se hace muy apreciado en festivales de todo el orbe cuando presenta en Berlín Paran daemun (1998). Este año ha estrenado dos películas, Hierro 3 (Bin-jip, 2004) y Samaritan Girl (Samaria, 2004) y ya ha rodado otra, Hwal (2005), lo que manifiesta su fecundidad creativa. Además es polifacético –ha sido pintor y actor- pues en Hierro 3 firma la dirección, el guión, la producción y el montaje. Su cine sin ser estrictamente experimental es, en muchos aspectos, innovador, lo que le sitúa como uno de los grandes nuevos narradores audiovisuales llegados del no tan lejano oriente, al nivel de gente del talento de Tran Anh Hung, Wong Kar Wai, Zhang Yimou, Chen Kaige, Zhang Yang o Takeshi Kitano.

Hierro 3 narra la extraña relación que surge entre un joven autista llamado Tae-suk y una esposa maltratada, Sun-hwa. Tae-suk lleva una vida insólita, colándose en las casas vacías cuando sus propietarios están de viaje, cosa que averigua siempre que observa folletos publicitarios en las cerraduras de las puertas, signo de que hace días que nadie las ha traspasado. Se instala en ellas, ve la televisión, come la comida ajena y duerme en camas de extraños. Al día siguiente, quizá preso de su culpabilidad, lo limpia y ordena todo, lava la ropa e incluso arregla electrodomésticos: la báscula del baño, un reloj despertador, etc. Una mañana cree habitar una casa vacía, pero es descubierto por Sun-hwa, que espía todos sus movimientos, incluso cuando juega al golf en el jardín. Cuando ambos se encuentran, en lugar de huir se atraen, sin necesidad de palabras. Parece como si se complementasen. Cierta noche aparece en escena el marido, Min-gyu, que intenta abusar sexualmente de su mujer, hasta llegar a maltratarla. Tae-suk, indignado, sale de su escondrijo y golpea al marido reiteradamente con un palo de golf, el hierro 3. Los amantes platónicos huyen. O lo imaginan. Nada es ya lo que parece.

Las elipsis imprevistas, la anáfora visual, las metáforas y símiles más obtusos, metonimias imposibles, alegorías y demás técnicas narrativas y de estilo son ensambladas sin previo aviso, no con la intención, creo yo, de obnubilarnos, sino porque Kim Ki-Duk confía ciegamente en la inteligencia de los espectadores. La inmanente atracción de la película no parte de su vivacidad, ni de la reflexión metapoética, sino de lo insólito de la propuesta, una incursión indeleble al subconsciente de sus dos personajes principales. Hierro 3 es deliberadamente abrupta e impactante, ante el desasosiego de no saber si lo que vemos ocurre realmente en el plano real o en la imaginación de sus protagonistas. El director no tiene la respuesta, pues ésta no existe, tan sólo indaga en nosotros y en sí mismo. Así, afirma: “Es difícil saber si el mundo en que vivimos es sueño o realidad.” En estos tiempos adocenados, con el mundo convertido casi en su totalidad en un erial cultural, Kim Ki-Duk parece insistir en su renovación del panorama cinematográfico mundial –con los riesgos que ello conlleva-, arrancándolo de su anquilosamiento y abriendo una veta novísima de espíritu vanguardista. Intención que, pese a quien pese, merece todas nuestras loas.

Diego Moldes
Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com

ESCRITOR (Pontevedra, 1977). 15 libros publicados como autor (ensayo, poesía y novela). 50 libros como coautor. Doctor en Ciencias de la Comunicación Historiador de cine.

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