
17 Mar Fahrenheit 451
FICHA TÉCNICA
Título original: Fahrenheit 451. Año: 1966. Dirección: François Truffaut. Guión: Jean-Louis Richard y François Truffaut, sobre la novela homónima de Ray Bradbury. Diálogos adicionales en inglés: Helen Scott y David Rudkin (no acreditado). Reparto: Oskar Werner, Julie Christie, Cyril Cusack, Anton Diffring, Jeremy Spenser, Bee Duffell, Alex Scott, Noel Davis, Gillian Aldam, Michael Balfour, Ann Bell. Música: Bernard Herrmann. Fotografía: Nicolas Roeg. Duración: 112 minutos. Color. Anglo Enterprises y Vineyard Film Ltd. Distribuida en Reino Unido por Universal Pictures.
ARGUMENTO
En un futuro posible en el que todo está controlado, hasta el pensamiento, los ciudadanos tratan de luchar contra las autoridades para evitar la eliminación de uno de sus bienes más preciados: los libros. Efectivamente, las fuerzas del gobierno controlan el pensamiento controlando su vehículo de pensamiento, los libros, garantes de la conciencia humana universal. Según el gobierno los libros sólo generan la infelicidad en el ser humano, destruyendo los libros se destruye el motivo de la infelicidad (la reflexión, el pensamiento). En ese futuro sin libros, en los que aquellas joyas de la humanidad son quemadas en incineradoras con el fin de evitar la propagación del saber, pululan unos personajes a la deriva: Guy Montag (Oskar Werner), Clarisse McClellan, la esposa de Guy, Linda Montag (ambos papeles femeninos interpretados por Julie Christie, idea que se le ocurrió a François Truffaut en el último minuto), un capitán (Cyril Cusack), Fabian (Anton Diffring), el hombre de la manzana (Jeremy Spenser), un individuo (Alex Scott) que porta el libro “Vida de Henry Brulard”, es decir las memorias de Sthendal, etcétera. Guy Montag es un bombero que se encarga de apagar incendios. Cuando conoce a Clarisse McClellan, perteneciente al mundo de los calificados de antisociales, su mundo se trastoca. ¿Es realmente feliz sin libros? ¿Su vida como bombero, qué sentido tiene sino la destrucción del pensamiento? ¿Debe permanecer con su esposa Linda o con esta chica idealista llamada Clarisse? Cuando se produce en incendio de la vivienda de una vieja señora (Bee Duffell) que oculta cientos de los libros Guy Montag se para y, antes de incendiarlo todo, coge un libro y decide leerlo.Para poder sobrevivir a esta barbarie cultural y a este atentado fascista contra la inteligencia, la libertad y la conciencia humanas, habrá que enfrentarse a ese poder establecido. Guy Montag se convertirá en un fugitivo. Pero para poder luchar desde la clandestinidad primero es necesario identificar a ese poder informe y aniquilador…
COMENTARIO
Fahrenheit 451 fue la primera película de François Truffaut rodada en color y la única en lengua ingles, hecho insólito considerando que, por entonces, el joven Truffaut apenas farfullaba cuatro cosas en la lengua de Shakespeare. Por ese motivo tuvo que dar todas las instrucciones en francés, algo que ya había pactado con el productor Lewis M. Allen. Éste ya lo había previsto y por ese motivo se contrató al austriaco Oskar Werner para él papel principal, porque hablaba y entendía el francés.[1] Lo mismo que la hermosa Julie Christie, representante del free cinema británico y actriz muy de moda en la época (había triunfado ese año interpretando a Lara ese año, en Doctor Zhivago, de David Lean). También comprendían el francés el operador de fotografía y futuro realizador de culto, Nicolas Roeg, así como el productor asociado Michael Calamar. Por el contrario, el montador Thom Noble no hablaba una palabra de la lengua gala, y ello quizá explique algunos errores en el montaje rítmico del film: por la falta de comunicación fluida entre él y François Truffaut.
Desde el principio tuvo claro que la hermosa música que arropa las imágenes del film la compondría el célebre compositor estadounidense Bernard Herrmann. Ambos estuvieron satisfechos con el resultado, que casi mejoraron en su siguiente film La novia vestía de negro (La mariée était en noir, 1967), una maravilla del suspense, muy en la línea de Alfred Hitchcock, con una bellísima Jeanne Moreau. La presencia de Bernard Herrmann -compositor habitual de Hitchcock- en los créditos de Fahrenheit 451 es entendible si tenemos en cuenta que François Truffaut era un auténtico fan del genial cineasta inglés. Y la verdad es que, volviendo a ver Fahrenheit 451, resulta inconcebible imaginárselo con otra música, o sin ella. Truffaut tuvo, además, una idea muy afortunada: leer los títulos de crédito en lugar de escribirlos con letras, en la línea de la idea central del film en el que el material destruido no puede leerse.
Una distopía cinematográfica y literaria
La película es una adaptación bastante lograda (aunque con algunos altibajos de ritmo y tono en algunas secuencias, quizá problemas derivados del montaje) de la novela homónima de Ray Bradbury, el autor de la no menos célebre Crónicas marcianas. Publicada en 1953, se trata de una distopía que atacaba abiertamente a la caza de brujas el movimiento ultra-conservador conocido como Macarthismo, impulsado por el infame censurador Joseph McCarthy. Siguiendo el término acuñado por John Stuart Mill (1806-1873), una distopía, como antónimo de utopía, “es una utopía negativa donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal, es decir, en una sociedad opresiva, totalitaria o indeseable.” Y, en ese sentido, la distopía nutre gran parte de la literatura y el cine de ciencia-ficción.
Ambas novelas de Ray Bradbury, Crónicas marcianas y Fahrenheit 451, arden como libros, en la ficción del film. ¿Qué pasaría en un mundo sin libros? Ésa y no otra es la interesante cuestión que nos plantea Bradbury, escritor que en Fahrenheit 451 se ha visto muy influido otras distopías célebres, como Un mundo feliz (A Brave New World, 1932), de Aldous Huxley y 1984 (1949), de George Orwell. Novelas no menos célebres como Soy Leyenda (1954), de Richard Matheson, La naranja mecánica (1962), de Anthony Burgess, El planeta de los simios (1963), de Pierre Boulle, beben de esta tradición distópica y han dado lugar a una o varias películas. En el estreno de la película Fahrenheit 451, 1966, se publicó ¡Hagan sitio, hagan sitio!, libro de Henry Maxwell Dempsey (más conocido como Harry Harrison) que aplicaba la distopía al control de la natalidad. También fue llevada al cine, de la mano de Richard Fleischer, dando como resultado una de las películas más interesantes sobre el futuro apocalíptico: Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, 1973), con Charlton Heston, Edward G. Robinson y Joseph Cotten. Frente a la utopía bradburiana de un mundo sin libros, que hay que ver casi como una alegoría, la película de Fleischer y la novela de Harrison plantean un futuro desesperanzadoramente posible: la falta de comida lleva a las autoridades a fabricar unas galletas nutricionales a partir de cadáveres humanos. Recordemos el famoso grito de Heston: “¡Soylent Green es gente!”.
En efecto, en el film de François Truffaut la alineación y despersonalización del individuo y la figura de un todopoderoso ojo que todo lo ve, a semejanza del Gran Hermano orwelliano, son constantes que han marcado a toda una literatura y cine apocalípticos, desde la película de Truffaut hasta la más reciente V de Vendetta (2005), de James McTeigue[2], basada en el cómic del mismo nombre.
Pero, ¿de dónde sale el estrambótico título de Fahrenheit 451? Pues se le ocurrió a Bradbury cuando le dijeron a qué temperatura ardían los libros: a 451 grados Fahrenheit (233 grados centígrados), le respondieron. Curiosamente se imprimió la novela sin comprobar Bradbury si esa temperatura era la correcta (sí lo era, lo es, es la temperatura a la que el papel comienza a arder). Es un ejercicio curioso revisar los fotogramas uno a uno y comprobar, por un instante, las secuencias en las que aparecen libros de títulos celebérrimos, que se supone que en la ficción están a punto de desaparecer para toda la posteridad. Pues haciendo un pequeño juego, quizá el lector, además de Crónicas marcianas y Fahrenheit 451, descubra un ejemplar de la revista Cahiers du Cinéma (en la que, es sabido, se inició como crítico François Truffaut en su más tierna juventud). François Truffaut cuenta que libros aparecen en el film quemados y cuáles no: “Los abogados hollywoodenses de la Universal querían que no se quemaran los libros de Faulkner, Sartre, Proust, Genet, Salinger, Audiberti…: <<Limítese a los libros que pertenezcan al domini público>>, dicen por temor a eventuales procesos. Eso sería absurdo. He consultado a un abogado de Londres que afirma: <<Ningún problema. Tiene usted todo el derecho de citar todos los títulos y autores que quiera>>. Habrán tantas citas en Farenheit 451 como en los once films de Godard juntos… Sólo hoy me he dado cuenta de que es imposible dejar caer los libros fuera de cuadro en esta película. Debo acompañar su caída hasta el suelo. Los libros son aquí personajes, y cortar su trayecto equivale a dejar fuera de cuadro la cabeza de un actor. Notaba que algunos planos de la película eran malos desde el principio y ahora comprendo que era a causa de esto.” Y así, en la ficción (y en la realidad de aquel rodaje) quemó Truffaut algunos de sus libros favoritos.
La Ética de Aristotóteles, La República de Platón, Don Quijote, Otelo, el moro de Venecia, Las desventuras del joven Werther, Los negros, Confesiones de un rebelde irlandés, La feria de las vanidades, Madame Bovary, Alicia en el país de las maravillas, El mundo de Salvador Dalí, Juana de Arco, El enigma de Gaspard Hauser, Robinson Crusoe, Mi autobiografía por Charles Chaplin, El guardián entre el centeno, Lolita, David Copperfield, Mi lucha [Mein Kampf, de Hitler, éste quizá sí había que quemarlo], Los hermanos Karamazov, Crónicas marcianas y Fahrenheit 451.
Y es que los libros, como las grandes películas, también son seres vivos que nos hablan al corazón y a la mente, año a año, siglo a siglo. No existe la cultura sin vida ni la vida sin cultura, por eso, felizmente, Farenheit 451 es una utopía negativa, una distopía que, como tal, nunca se convertirá en realidad.
[1] Se habían barajado otros nombres para el papel de Guy Montang, entre ellos Paul Newman, Jean-Paul Belmondo, Peter O’Toole o Terence Stamp. Por cierto, Werner se llevó fatal con Truffaut a lo largo de todo el rodaje, hasta el punto de no hablarse entre ellos en las últimas semanas.
[2] Basada en la conocida novela gráfica homónima (1981 -1988), concebida por de Alan Moore y David Lloyd.
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