
07 Mar EL JEFE DE TODO ESTO
*** Buena
Bajo la apariencia de una simple comedia de situación con giros imprevistos Trier ha creado con Direktøren for det hele un film muy interesante, quizá más profundo e intenso de lo que él mismo había pretendido. Es éste uno de los films más exactos sobre las frías relaciones laborales de hoy, tejidas sobre un elemento común: la mentira. El punto de partida de esta farsa sólo se le podía ocurrir a alguien tan sumamente retorcido como Trier. Cuando Kristoffer, propietario de una mediana empresa danesa de informática, decide vender la compañía a un empresario islandés se ve en un aprieto inusual: necesita la aprobación de un jefe inexistente. Él mismo ha creado un jefe ficticio, al que se refiere como el jefe de todo esto cuando habla de él ante sus empleados. Todos creen que ése jefe ignoto vive en Norteamérica. Una medida estrafalaria que permite a Kristoffer tomar medidas impopulares, incluso agresivas, sin ganarse la enemistad de sus compañeros. Cuando había algún problema lo achacaba a la despiadada actitud empresarial del jefe de todo esto. El único medio de contacto con ese jefe irreal es a través del correo electrónico, siendo Kristoffer quien contesta todos los e-mails, dando una respuesta diferente a cada empleado y creando, por tanto, un jefe de personalidad polimorfa. En el fondo toda la historia, por muy posmoderna que pueda llegar a ser, sigue un patrón de comedia clásica, una screwball-comedy a la danesa. Trier reconoce esta impronta: “De niño veía muchas comedias disparatadas. Me gustaban las comedias como La fiera de mi niña o La extraña pareja, con todo el mundo hablando a la vez. Me encantan Historias de Filadelfia y El bazar de las sorpresas. Es lo que he intentado hacer, algo así. En una comedia alocada, algunos personajes tienen más información que otros. Y a esto le añadí una viñeta moral acerca de una persona que usa a un director de empresa ficticio para tratar fatal a sus empleados. Ya pasamos a otro nivel.” Esta comedia sardónica –en el fondo tan “política” como todo su cine, aunque Trier lo niegue- se presenta bajo el envoltorio de cine de autor posmoderno y destila en el espectador una incómoda sensación de extrañamiento, motivada por dos elementos de la mise-en-scène: la dirección de actores (interpretaciones distanciadas y desafectuadas) y un novedoso sistema técnico de rodaje: Automavision©. “[…] es un sistema de cámara (y de sonido) desarrollado para limitar la influencia humana y dejar la puerta abierta al azar con el fin de proporcionar a la obra una visión sin ideas libre de la fuerza de la costumbre y de la estética. Una vez que el director de fotografía ha escogido la mejor posición posible para colocar la cámara […], un programa compila una lista de correcciones aplicables: inclinación, panorámica, enfoque, apertura, posición vertical y horizontal; hay otra lista de posibles correcciones para el sonido: filtros, niveles, etc., que se aplicarán cuando el ingeniero de sonido haya colocado los micros.” Curioso. Además Trier prohibió el uso de iluminación que no fuera la propia del decorado exterior o interior, lo que confiere a las imágenes una inusual textura verista y a-estética.
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