
17 Mar El Cazador
FICHA TÉCNICA
Título original: The Deer Hunter. Año: 1978. Dirección: Michael Cimino. Producción: Michael Cimino, Michael Deeley, John Peverall, Barry Spikings, Joann Carelli (prod. Asociada), Marion Rosenberg (prod. Asociada). Guión: Michael Cimino, Deric Washburn, Louis Garfinkle, Quinn K. Redeker. Reparto: Robert De Niro, John Cazale, John Savage, Christopher Walken, Meryl Streep, George Dzundza, Chuck Aspegren, Shirley Stoler, Rutanya Alda, Pierre Segui, Mady Kaplan, Amy Wright, Mary Ann Haenel, Richard Kuss, Joe Grifasi, Christopher Colombi Jr., Victoria Karnafel, Jack Scardino. Música: Stanley Myers. Fotografía: Vilmos Zsigmond. Duración: 182 minutos. Color.
EMI Films y Universal Pictures.
ARGUMENTO
Clayton, Pennsylvania, Estados Unidos de América, 1968. Un grupo de amigos de toda la vida, Michael (Robert De Niro), Stan (John Cazale), Nick (Christopher Walken) y Steve (John Savage) pasan sus días en una apacible vida, pese a trabajar en la industria minera, en un suburbio de Clayton, sin más preocupaciones que las propias de la vida cotidiana de la clase trabajadora norteamericana. Son y se sienten estadounidenses, pese a pertenecer a una comunidad étnica minoritaria, la lituana. Pero no son inmigrantes, sino que pertenecen a la segunda generación. Aún así conservan su unidad, sus raíces y sus costumbres. Incluso Steve se casa por el rito ortodoxo, boda multitudinaria a la que acuden sus amigos y casi toda la comunidad lituana de la pequeña población minera. La ceremonia tiene un cariz de despedida, pues pocos días antes los tres compañeros han sido llamados a filas y deben alistarse, rumbo al ignoto Vietnam. Habitualmente solían ir de caza juntos y por eso, al acabar la boda, algo ebrios, Mike, Stan, Nick y Steve deciden organizar una última cacería de ciervos (de ahí el título original de la película: The Deer Hunter, El cazador de ciervos, en España se suprimió el objeto directo y se llamó, simple y llanamente, El cazador -quizá para evitar la confusión con otro título idéntico, El cazador de ciervos, una de las novelas más ejemplares del clásico Fenimoore Cooper-). Aquella cacería será la última juntos. Dos años más tarde, estos amigos son capturados y conducidos a un inmundo campo de prisioneros del Vietcong. Allí serán torturados de manera inhumana, hasta el punto de perder la cordura. Tras muchos sufrimientos y unos esfuerzos ímprobos, Michael logra huir y consigue regresar a casa, a los Estados Unidos, pero le remuerde la conciencia: sabe que Nick sigue vivo, alejado del ejército, oculto en algún tugurio de Saigón. También aparece en escena Linda (Meryl Streep) que intentan comprender a Michael, pese a sus luchas interiores. Efectivamente, Mike viaja a Saigón y encuentra a Nick en un estado lamentable, sirviendo a un cruel traficante de drogas vietnamita. Nick hace dinero haciendo apuestas a la ruleta rusa, jugándose la vida revolver en mano, con el cañón en la sien y rodeado de dinero, humo, cartas sobre un tapete, alcohol y drogas. Al final Nick terminará por quitarse la vida . Michael, el cazador, regresa con los suyos, en Clayton, aparentemente continuando su vida de siempre. Pero ya nada volverá a ser como siempre.
COMENTARIO
Cuando un joven treintañero ítalo-americano llamado Michael Cimino (Nueva York, 1943) envía un guión titulado The Deer Hunter, escrito en colaboración con su amigo Deric Washburn, a Robert De Niro (otro joven ítalo-americano de éxito) no se imagina la implicación del gran actor estadounidense. “Me sentí compenetrado con él desde el primer momento. Encontré que creía firmemente en su proyecto y sentí la necesidad de llevarlo a la práctica… Intuí que había en él un realizador con ideas nuevas y ambiciosas.”, afirmó De Niro. Y el proyecto se hizo realidad, gracias a la compañía discográfica británica EMI Music, metida a labores de producción de cine a finales de los setenta y primeros ochenta (bajo el nombre de EMI Films) y, sobre todo, a la participación de Universal Pictures, convencidos por Robert De Niro. Aún está por escribirse un libro sobre todas las películas que han sido impulsadas por las estrellas de cine en Hollywood (y no por productores cegatos, o cineastas, o ejecutivos), pues la influencia que las stars tienen en la viabilidad de los proyectos está fuera de toda duda. El mismo Clint Eastwood había permitido que Cimino debutase en la realización en 1974 con Un botín de 500.000 dólares (Thunderbolt and Lightfood), un policiaco interesante que, no obstante, pasó desapercibido. Pero El cazador era un proyecto de mucha más importancia comercial y artística, contaba con un elenco interpretativo excepcional para la época (Robert De Niro, John Cazale, John Savage, Christopher Walken, Meryl Streep y George Dzundza) y uno de los operadores de fotografía más importantes del mundo, Vilmos Zsigmond. Cuenta De Niro que el rodaje de esta película le resultó el más agotador de su carrera, en especial las secuencias en el río con los vietnamitas. La película fue presentada en el Festival de Cine de Berlín y las críticas se hicieron notar. En efecto, en la célebre Berlinale los periodistas del bloque del Este, los antiguos países comunistas, escribieron críticas tachando de fascista la postura ideológica del film de Cimino. Incluso se presentaron quejas formales al gobierno estadounidense y la película fue prohibida en muchos países, incluida la otrora todopoderosa URSS. Si bien es cierto que El cazador mostraba una realidad maniquea en la que los estadounidenses buenos son transformados en animales inmorales a raíz de sus contactos con los salvajes y crueles soldados vietnamitas (postura reiterada en cierto cine estadounidense, cínica por paradójica, ya que fueron ellos los que invadieron Vietnam y no a la inversa), no es menos cierto que la calidad artística del film está por encima de estas particularidades sociopolíticas, ya sobrepasadas por la Historia. Si se hubiese que condenar a El cazador por su maniqueísmo fascista (en expresión de más de un crítico de la época) entonces habría que “cargarse” gran parte del cine estadounidense, empezando por casi todos los westerns con pieles rojas como enemigos, gran parte del cine bélico, el de aventuras coloniales y el épico en general. Se nos antoja una postura exagerada. En los Estados Unidos las críticas furibundas que partía de Asia y Europa no hicieron mella, al menos no la suficiente[1]: El cazador obtuvo cinco Oscar, los correspondientes a la Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor Secundario (un Christopher Walken en estado de gracia), Sonido y Montaje. Sin embargo Vilmos Zsigmond no vio recompensado su trabajo lumínico con un Oscar, se lo arrebató merecidamente el español Néstor Almendros, que había fotografiado de modo sublime la segunda película de Terrence Malick Días del cielo (Days of Heaven, 1978), a juicio de quien esto suscribe el mejor film estadounidense del año, superior, incluso, a El cazador. Y no deja de ser curioso que Malick, nacido también en 1943 y por tanto de la misma edad de Cimino, también había debutado, como aquél en 1974, con Malas tierras (Badlands, 1974), la ópera prima más fulgurante de la década. Aún siendo Malick un cineasta muy superior a Cimino, por ser poseedor de una visión más humanista, sólida y profunda de su universo creativo, se establecen, entre ellos dos y sus respectivas carreras, curiosos paralelismos (no sólo cronológicos o generacionales). Malick rozó la gloria con Malas tierras y le dieron un alto presupuesto para realizar Días del cielo (con Richard Gere como estrella). ¿Resultado? Fracaso en taquilla, retiro a Europa (Francia) y veinte años sin dirigir. Luego regresó con dos obras maestras y ahora prepara su quinto film. Pero sólo ha dirigido cinco películas en 35 años. ¿Y qué pasa con Cimino? Tras el éxito de El cazador se le compara con Coppola y Scorsese (lo que semeja exagerado) y se le da un presupuesto casi ilimitado para su siguiente film, un western colosal de más de cinco horas de duración: La puerta del cielo (Heaven’s Gate, 1980). Los primeros pases son un fracaso, la película nunca se logra exhibir en su versión completa, pero sí en un montaje recortado a tres horas que apenas duró una semana en cartel y constituye otro batacazo en taquilla. Hasta la fecha fue el mayor fracaso económico de la Historia del Cine, hasta el punto de que hundió por sí sola a la compañía productora y distribuidora, United Artits (algo que no había ocurrido jamás con una sola película: finiquitar a un gran estudio, una major). En febrero de 1981 se reestrenó una versión aún más corta de dos horas y media, y tampoco funcionó. Luego sería restaurada en vídeo y la crítica la calificó de “Uno de los proyectos más insensatamente ambiciosos desde D. W. Griffith y Eric Von Stroheim. […] una epopeya comprometida y una reflexión intimista y nostálgica, un fresco histórico y un discurso sobre la muerte, el pesar y el luto.”[2] Pero los críticos, por suerte o por desgracia, no levantan carreras, y la de Cimino se hundió irremediablemente. Cierto es que un lustro después del fiasco económico Cimino se rehizo y siguió rodando, cuatro películas más en once años, pero eran ejercicios anodinos, lejos de esas dos maravillas del nuevo Hollywood que eran El cazador y La puerta del cielo. A diferencia de Malick, la inspiración no volvió a Cimino (ha estado doce años sin dirigir): la lírica y la épica que había alumbrado aquellas obras magistrales no fue ya más que un recuerdo histórico.
Y aquí aparece la importancia del formato DVD. La de recuperar para la posteridad obras complejas, plenas de un simbolismo violento a la par que reflexivo, obras como El cazador que, treinta años después de su estreno se afianza como un clásico moderno de aquel nuevo cine norteamericano de los años setenta, un modo de filmar que cambió el mapa cinematográfico mundial para siempre, hasta hacerlo irreconocible. Hoy poco importan las diatribas políticas; vista y analizada fuera de su contexto histórico e ideológico la película de Cimino se erige como un monumento fílmico a la amistad, un canto desgarrado en contra de las guerras (es Vietnam, es la visión de un estadounidense, cierto, pero puede ser la historia de cualquier guerra moderna, y eso hace su argumento universal y su calado mucho más profundo de lo que se intuyó entonces, por parte de los intelectuales) y a favor de la clase proletaria preocupada de su supervivencia, la familia, la lealtad, la comunidad a la que sirven y para la que trabajan, las relaciones de pareja (el noviazgo, la boda…), inmersa en su cotidianidad y despreocupada por falsos sentimientos patrióticos. Se ha reparado poco en ello, pero la guerra del Vietnam no es más que un telón de fondo, apenas ocupa una décima parte del metraje. Si se sabe ver, el film se descubren otras esencias, mucho más profundas: Cimino nos lleva por otros derroteros, los que conducen al alma humana. Por eso es una obra perdurable. Por eso y por ser una ejemplar lección de cinematografía.
[1] Pese a que las crónicas nos cuentan que el 9 de abril de 1979, día de la ceremonia de los Oscar, -en la que John Wayne (conservador convencido y militarista de pro) entregó el Oscar a la mejor película del año 1978, en razón a la “búsqueda de camaradería entre los hombres” (le faltó añadir, estadounidenses, pues con los vietnamitas había de todo menos camaradería en el film)-, a las afueras del Dorothy Chandler Pavillion, la policía detuvo a trece jóvenes pacifistas norteamericanos que se manifestaban pancarta en mano contra lo que ellos consideraban “una apología fascista del conflicto de Indochina”.
[2] TAVERNIER, B. y COURSODON (1995), J.P. 50 años de cine norteamericano, Ediciones Akal, Madrid, 1997. Tomo I, p. 126.
No hay comentarios