El cadillac rosa

El cadillac rosa

El cadillac rosa

Desde que fundara su productora Malpaso Productions, hace casi cuarenta años, Clinton Eastwood ha seguido una máxima profesional que lleva casi a rajatabla: no desechar a priori ningún proyecto (tanto como actor o director) para poder ir alternando películas comerciales con otras más personales. No se trata por tanto, de mantener un pie dentro y otro fuera de la industria de Hollywood, que siempre lo ha mirado con cierto recelo pese a sus éxitos de taquilla y de crítica, sino de conseguir financiar sus proyectos más íntimos y queridos con otras películas que siempre se han calificado de alimenticias. Sean o no alimenticias, llámesele como se quiera, lo cierto es que El cadillac rosa pertenece a ese segundo tipo de películas, junto a The Rookie (El principiante, 1990, Clint Eastwood), Thunderbolt and Lightfoot (Un botín de 500 000 dólares, 1974, Michael Cimino), In the line of fire (En la línea de fuego, 1993, Wolfgang Petersen), City Heat (Ciudad muy caliente, 1984, Richard Benjamin), Tightrope (En la cuerda floja, 1984, Richard Tuggle) o Every Which Way But Loose (Duro de pelar, 1978, James Fargo), lo mismo que la serie de Harry el sucio (si bien en éstas la calidad media es mayor que en El cadillac rosa). Cine cuya única pretensión es el entretenimiento.  Dicho de manera meridiana: para poder rodar lo que quiere primero debe de hacer caja. De ahí esa alternancia en su filmografía de obras maestras precedidas o seguidas de mediocridades. Aun así, en ocasiones se logran obras estimables, que gozan del abrazo popular y se vuelven muy conocidas, casi icónicas, caso de Kelly’s Heroes (Los violentos de Kelly, 1970, Brian G. Hutton), una producción MGM; pero otras veces se cae la mediocridad y el olvido, como El cadillac rosa, Ciudad muy caliente o Duro de pelar. Generalmente Eastwood recurre a realizadores “de encargo”, de segunda fila, como Richard Benjamin, James Fargo o Richard Tuggle, pero en otras él mismo asume la dirección, quizá para ahorrarse costes, como en Firefox (1982), otra nimiedad. La única excepción es la oportunidad profesional que le dio a Cimino, un director importante, cuando éste era un desconocido.

En el caso de El cadillac rosa el elegido fue Buddy Van Horn (n.1929) un jefe de especialistas (o como lo llaman en la industria anglosajona, stunt coordinator) que ha ejercido de doble de Eastwood en secuencias de acción y le ha acompañado a lo largo de medio siglo en casi toda su carrera desde 1968, incluso antes de que éste accediese a la dirección. Intuyo que el verdadero autor de El cadillac rosa no es otro que Eastwood, si es que se puede hablar del gastado concepto de autoría en un producto industrial de consumo como es esta película, en la que imagino que el buen amigo de Eastwood, Buddy Van Horn, natural de San Francisco como Eastwood, como fiel colaborador se limitó a poner la cámara donde le decían y a hacer su trabajo lo mejor posible. Buddy Van Horn ya dirigió para mayor gloria de Eastwood Any Which Way You Can (La gran pelea, 1980) y The Dead Pool (La lista negra, 1988), enésima historia del expeditivo detective Harry Callahan, el Sucio.

El argumento de El cadillac rosa, escrito por John Eskow[1] es de una simpleza propia de una producción como esta, en la que se narra una historia con poca convicción y sin grandes actores que puedan dar la correcta réplica a Eastwood, una vez más en el papel de “duro de película.” La historia gira en torno a Tommy Nowak (Clint Eastwood), un self-made-man amante del riesgo y las emociones fuertes, individualista, como casi todos los personajes que ha interpretado Clint Eastwood en el cine de acción a lo largo de su carrera. Su hedonismo finaliza cuando se ve en la obligación de buscar a una mujer llamada Lou Ann McGuinn (la pelirroja Bernadette Peters, que resulta poco creíble encarnando a una jovencita cuando en realidad tenía más de cuarenta años cuando se rodó el film), esposa de un ex presidiario, Roy McGuinn (Timothy Carhart). La chica ha sido detenida por cambiar dinero falso, además tiene un hijo de ocho meses y, la última vez que se la vio conducía… un Cadillac rosa, evidentemente.

Con este absurdo y convencional punto de partida arranca esta película sin nada que aportar en la filmografía de su director, y que, para colmo resulta demasiado larga: sus dos horas se podrían resumir en hora y media y no ocurriría absolutamente nada. Además el cruce entre acción y comedia no está bien resuelto, y, en contra de lo que cree el propio actor, no es un mix genérico que Eastwood domine.

Es interesante señalar que el director de fotografía de El cadillac rosa es Jack N. Green (n-1946), que se convertiría en mano derecha de Eastwood tras las cámaras durante dos décadas. Oriundo de San Francisco, como Eastwood, Green ya había sido cameraman en Bronco Billy (1980), Firefox (1982) y El jinete pálido (1985), entre otras, accediendo a la dirección de fotografía en la magistral Bird (1988).

Luego ha sido director de fotografía en una decena de películas dirigidas por Eastwood: Cazador blanco, corazón negro (1990), El principiante (1990), Sin perdón (1992), Un mundo perfecto (1993), Los puentes de Madison (1995), Poder absoluto (1997), Medianoche en el jardín del bien y del mal (1997), Ejecución inminente (1999) y Space Cowboys (2000).

Con toda justicia, por tanto, podemos hablar de Jack N. Green como del sucesor de Bruce Surtees, como responsable máximo de la fotografía de algunas de las mejores películas de Clint Easwood.

No es ese el caso de El cadillac rosa.

FICHA TÉCNICA-ARTÍSTICA

Título original: Pink Cadillac. Año: 1989. Director: Buddy Van Horn. Intérpretes: Clint Eastwood, Bernadette Peters, Timothy Carhart, Tiffany Gail Robinson, Angela Louise Robinson, John Dennis Johnston, Michael Des Barres, Jimmie F. Skaggs, Bill Moseley, Michael Champion, William Hickey, Geoffrey Lewis, Frances Fisher, James Cromwell. Guión: John Eskow. Música: Steve Dorff. Fotografía: Jack N. Green. Duración:  122 minutos. Productor: Malpaso Productions / Warner Bros. Pictures.

[1] Firmante del guión de otras dos películas de tercera fila, como Air America (Id., 1990, Roger Spottiswoode), a la mayor gloria del lucimiento de Mel Gibson, y La máscara del zorro (The Mask of Zorro, 1998, Martin Campbell), con Antonio Banderas, Anthony Hopkins y Catherine Zeta-Jones.

Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com

ESCRITOR (Pontevedra, 1977). 15 libros publicados como autor (ensayo, poesía y novela). 50 libros como coautor. Doctor en Ciencias de la Comunicación Historiador de cine.

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