El aviador

el aviador

El aviador

*** Buena

The Aviator, dirigida por Martin Scorsese (Queens, Nueva York, 1942), parte de un libreto de John Logan, dramaturgo oriundo de Chicago con éxitos en Broadway y que parece haber dado el salto a la industria del cine con fuerza, a tenor de los (desiguales) guiones que ha firmado: RKO 281 (1999, Benjamin Ross), Un domingo cualquiera (Any Given Sunday, 1999, Oliver Stone), Gladiator (2000, Ridley Scott), La máquina del tiempo (The Time Machine, 2002, Simon Wells) o El último samurai (The Last Samurai, 2003, Edward Zwick). Estamos ante la mejor película de Scorsese desde la exquisita La edad de la inocencia (The Age of Innocence, 1993), su última obra maestra. El aviador, sin llegar ni de lejos a ese nivel, es una interesante biografía centrada en algunos años del mítico multimillonario del petróleo, aviador, empresario, fundador de la TWA, productor y director de cine Howard Hughes (Texas, 1905-1976). El film muestra escenas de obras dirigidas por Hughes como Ángeles del infierno (Hell’s Angels, 1930) o El forajido (The Outlaw, 1943), censurada por mostrar –tapados- los pechos de Jane Russell. Impresiona ver a Leonardo DiCaprio tan metido en su personaje, repitiendo sin cesar las mismas frases, como dicen que hacía Hughes cuando estaba nervioso y la demencia hacía mella en su mente. “Show me all the blueprints. Show me all the blueprints…”  O el ya célebre final, con Hughes desvariando una misma letanía decenas de veces: “The way of the future. The way of the future…”, frase que puede acabar siendo tan célebre como la de Travis Bickle (Robert DeNiro) en Taxi Driver (1976), “You talkig  to me? Then who the hell else are you talking to? You talking to me? Well, I’m the only one here. Who do the fuck do you think you’re talking to?”. A Scorsese le gusta utilizar diálogos anafóricos para escenificar la enajenación de sus torturados personajes. No profundiza en el Hughes galán, ni en sus líos de faldas, pese a que aparecen algunas de sus amantes más conocidas, Katharine Hepburn (una perfecta Cate Blanchett), Ava Gardner (Kate Beckinsale) o Jean Harlow (la cantante Gwen Stefani). Los diseños de Dante Ferretti junto con los decorados de Francesca Lo Schiavo son soberbios, lo mismo que el vigoroso montaje eisensteiniano de Thelma Schoonmaker, la más fiel colaboradora del autor de Boxcar Bertha (1972). Para lo bueno y para lo malo, El aviador es Scorsese en estado puro: estilización iconográfica unida al lirismo romántico imposibilitado por la modernidad alienante. Es la descripción de una obsesión por el control y la manipulación por parte de un personaje enérgico, legitimante ambicioso pero ególatra y autodestructivo hasta el punto de perder la perspectiva de su trabajo y la línea que lo separa de su vida privada, lo que puede interpretarse como una metáfora de la condición creadora del cineasta, un símil presente en casi toda la obra scorsesiana, New York, New York (1977) –film incomprendido que es un verdadero prodigio- Toro salvaje (Raging Bull, 1980), El rey de la comedia (The King of Comedy, 1983), Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990) o Casino (1995). Todos sus protagonistas obedecen a dicho esquema. Scorsese sigue en El aviador la estela de Coppola en Tucker (Tucker: the Man and his Dream, 1988), transformando la analogía director/constructor de coches (Coppola/Tucker) por la de director/constructor de aviones (Scorsese/Hugues): ambos son alter egos de los cineastas debido a la identificación de su lucha contra la adversidad con la de Scorsese y Coppola por imponer su megalómana autoría a la industria del cine. El único defecto grave del  film es su voluntad de ambicionar contar demasiado, el exceso, la falta de contención que desemboca en saturación visual; no obstante, esto es algo inherente a Scorsese.

Diego Moldes
Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com

ESCRITOR (Pontevedra, 1977). 15 libros publicados como autor (ensayo, poesía y novela). 50 libros como coautor. Doctor en Ciencias de la Comunicación Historiador de cine.

No hay comentarios

Escribe un comentario aqui...