
09 Mar Crash
A mi juicio uno de los Oscar a la Mejor Película más inesperados de la historia de estos galardones -por lo general tan injustos- fue el otorgado a Crash (2004),[1] escrita y dirigida por el canadiense Paul Haggis (London, Ontario, 1953). Una decisión compresible, a tenor del contenido del film y de los mutables tiempos que corren. Haggis, proveniente del campo de la televisión saltó a la fama al ser nominado al Oscar al Mejor Guión Adaptado por Million Dollar Baby (2004), de Clint Eastwood, para quien también escribió los guiones del díptico Banderas de nuestros padres (Flags of Our Fathers, 2006) y Cartas desde Iwo Jima (Letters from Iwo Jima, 2006). Las similitudes de Crash con algunas obras corales del gran Robert Altman (1925-2006), verbigracia, Nashville (1975) o Vidas cruzadas (Short Cuts, 1993), entre otras, son tan obvias que, a modo de ejemplo, Crash se estrenó en Argentina, precisamente, con el título de Vidas cruzadas (en Argentina Short Cuts se llamó Ciudad de ángeles). No se trata tanto de plagiar al maestro, tarea banal por inocua, sino de proseguir con toda una escuela televisiva. Tanto Altman como Haggis, aunque en épocas muy diferentes, pertenecen a una tradición propia de la pequeña pantalla que adopta técnicas narrativas y formatos propios de aquel medio para adaptarlos convenientemente al relato cinematográfico, ergo el collage, uso de filtros lumínicos, la cámara al hombro o incluso cámara en mano, la percepción de inmediatez, las historias paralelas que se cruzan en un punto y se trasmutan, el azar como motor de la evolución psicomotriz de los personajes, etc. Haggis no se molesta en disimular la impronta altmaniana, al contrario la hace explícita, contratando como compositor de la banda sonora de Crash a Mark Isham, precisamente el músico que había compuesto la partitura de Vidas cruzadas (Short Cuts, 1993). La música de Isham, de corte intimista, hipnótico, envolvente, de notas electrónicas, etéreas, casi lánguidas, redobla el sentido trascendental de las imágenes, ya de por sí emotivas a más no poder. Una fotografía con un look visual tan impecable que te atrapa sin remedio, obra del talentoso operador James Michael Muro (ha sido cámara de cineastas tan importantes como Scorsese, Oliver Stone, James Cameron, Curtis Hanson o Michael Mann). La dirección de Haggis eleva este relato fragmentado a cotas de nerviosismo audiovisual, nos transporta veloz a una ciudad vertiginosa en la que todo puede cambiar en cuestión de segundos. Para los que hemos visitado Los Ángeles, Crash se erige como una de las radiografías más exactas, epatantes y contemporáneas que el cine moderno nos ha dado de la megalópolis californiana. Y tenía que ser de la mano de un foráneo, alguien afincado en la ciudad pero que creció fuera de ella, alguien como Haggis, canadiense. Su mirada es polivalente, ambigua, conmovedora pero nunca complaciente y, lo que es más importante, muy personal. Su proyecto está alejado de la vacuidad de la mayor parte de lo que en la actualidad produce Hollywood. En cierto modo casi podríamos decir que es cine independiente, al menos en su planteamiento. Y sin duda la película de su vida, de la de Haggis. Cuenta el cineasta que comenzó a concebir el guión diez años antes, cuando en torno a 1993 (justo el año de estreno de Short Cuts, bendita casualidad, ¿o no?) dos jóvenes le robaron el coche a punta de pistola en plena calle. Conmocionado, Haggis no se preocupó del vehículo sino que comenzó a pensar en cómo eran las vidas de aquellos delincuentes de color (intuyo que ya había visto el film de Altman y se dejó llevar por su influjo) y por qué aquellas vidas se habían cruzado con la suya en ese preciso momento. Así nació Crash, un proyecto tan querido por Haggis que cuando sufrió un ataque de corazón durante el rodaje no decidió suspenderlo, ni sustituirse; aguardó dos semanas para recuperarse y siguió rodando. Toda una muestra de coraje para un creador llamado a alcanzar altas cotas.
[1] No confundir con el film de idéntico título dirigido por el también canadiense David Cronenberg en 1996. Obra excelente, mórbida, erótica y de enrarecido ambiente, adaptación de la novela de J.G Ballard.
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