
16 Mar El conflicto de los Marx
Diego Moldes
Cuando el cine era mudo, durante la era dorada del silente star-system, circa 1912-1929, casi todas las grandes estrellas de la pantomima eran wasp (blancos-anglosajones-protestantes), al igual que una gran parte de los guionistas, directores y productores. Cuando llegó el sonoro, con El cantor de jazz, a partir de 1927, la cosa cambió. Para siempre. El Pueblo del Libro, los judíos, los maestros de la palabra, lideraron desde entonces los diálogos y guiones de Hollywood, como bien relata Neal Gabler en su seminal y esencial Un imperio propio. Cómo los judíos inventaron Hollywood, en especial en los capítulos referidos a los años veinte y treinta, apogeo del sonoro y de la creación de lo que décadas más tarde se denominó ‘cine clásico’. De todos los géneros, el cómico fue obviamente el que más se transformó, y de una forma más acelerada. El humor cambió. La radio y el teatro entraron en escena. El vodevil llegó para quedarse. Y se verbalizó. La palabra hablada tomó el relevo. No es lo mismo leer inter-títulos y ver gags que escuchar chistes viendo gags. Y en esto, los maestros del humor judeo-americano fueron los hermanos Marx. Lo hicieron sin desdeñar la pantomima, ni el gesto, todo lo contrario, los potenciaron aún más. No por casualidad Harpo es mudo (aunque silba). El papel del sonido y la música en las secuencias no habladas es evidente y se ha analizado bien por críticos e historiadores de cine. El conflicto de los Marx es una de las semillas paradigmáticas del árbol que plantaron los Marx Brothers, una filmografía única en la que la autoría está presente de principio a fin, aunque no figurasen como directores ni guionistas de sus películas. Junto a Lubitsch, el influjo de los Marx en la comedia de Hollywood se extiende de Billy Wilder a Mel Brooks o Woody Allen, y si uno observa bien y afina el oído, el cáustico e irreverente jewish humour llega desde Jerry Lewis, Sid Caesar, Neil Simon o el muy british Peter Sellers al gran Harold Ramis, a los populares ZAZ (Zucker, Abrahams y Zucker) o Rob Reiner y a los actuales Adam Sandler, Seinfeld, Billy Crystal, Ben Stiller o Judd Apatow. Entre otros. Vamos al film.
El conflicto de los Marx (Animal Crackers, 1930), es la adaptación de una comedia musical escrita por George S. Kaufman (1889-1961) y Morrie Ryskind (1895-1985) y musicalizada por el dúo Bert Kalmar (1884-1947) y Harry Ruby (1895-1974). No es casualidad, como digo, que los cuatro fuesen creadores judíos y sus sensibilidades respondiesen a la tradición del teatro judaico europeo y a la música (cuya impronta en la cultura estadounidense ha sido muy estudiada en las universidades norteamericanas pero casi nada en las españolas). Protagonizado de manera cuasi omnipresente por los hermanos Marx y por la inseparable Margaret Dumont, el musical Animal Crackers se estrenó en Broadway el 23 de octubre de 1928 en el mítico 44th Street Theatre (fundado en 1912 y desaparecido en 1945), que, como su nombre indica, estaba situado en la intersección entre la calle 44 y Broadway. El epicentro del mundo. De los almanaques de la época deducimos que fue un éxito, pues se representó en 191 ocasiones hasta el 6 de abril de 1929. Fue por entonces cuando los Marx dejaron el teatro y ese año filmaron su debut en el cine, The Cocoanuts –en España Los cuatro cocos–, con preestreno el 3 de mayo de 1929 en Nueva York y estreno nacional el 3 de agosto. Para el estreno de su segunda película transcurriría justo un año, pues Animal Crackers se estrenó el 28 de agosto de 1930. Su director fue Victor Heerman (1893-1977), un olvidado artesano a quien se le atribuyen treinta y tres filmes –largos y cortos– entre 1916 y 1931 y veintidós guiones que fueron rodados entre 1921 y 1954 (suyos son parte de los créditos guionísticos de la extraordinaria Meet me in St. Louis [Cita en St. Louis], de Vincente Minelli, las dos versiones de Little Women [Mujercitas], de George Cukor en 1933 y de Mervyn LeRoy en 1949, o la obra maestra Magnificent Obsession [Sublime obsesión], 1935 de Douglas Sirk, entre otros).
Se han escrito ríos de tinta sobre esta película, que incomprensiblemente no es de las más populares de los Marx (acaso tenga que ver el hecho de que es la última que hicieron con origen teatral, pues a partir de ahí sólo filmarían guiones originales para el cine), y sobre su alocado rodaje (algo que siempre da mucho jugo a los cronistas cinematográficos). Siempre he pensado que si existiese entonces el making off o ‘así se hizo’ el resultado sería acaso más desternillante que la propia película en sí.
El buen cine no envejece y Animal Crackers no es una excepción. Como cine pre-code (ergo, anterior al código de censura, el llamado código Hays, que se comenzó a aplicar en el verano de 1934) incluso es más moderna que las comedias hollywoodienses de los años cincuenta, pongo por caso. Por otro lado, como ocurre con el cine y la televisión actuales, algunos de los chistes más satíricos y trufados de dobles sentidos son indescifrables para el espectador actual, pues no conocemos las claves de la época. Así, el diálogo en el que Groucho le propone matrimonio a dos mujeres a la vez es parodia y sátira de una obra teatral de Eugene O’Neill, Strange Interlude (Extraño interludio, escrita en 1927 y representada en 1928), que fuera un gran éxito de público y de crítica –incluso ganó el premio Pulitzer–, pero que hoy ya sólo conocen los especialistas o historiadores del teatro contemporáneo.
Volver a ver El conflicto de los Marx, es recuperar carcajadas pretéritas, volver a reírse a mandíbula batiente con chistes que ya son históricos y que, en algunos casos, forman ya parte del habla popular norteamericana, en especial los que salen de la boca del estrafalario Groucho, como el inolvidable personaje del Capitán J. T. Spauldin. El humor de los Marx en esta película bascula entre gags brillantes, otros ligeramente inspirados y algunos chistes más flojos, pues es difícil mantener el nivel alto durante todo el metraje. Dado que su técnica consiste en un efecto acumulativo, sus películas no responde al modelo aristotélico de introducción-nudo-desenlace, sino que conviven diferentes clímax, con subidas y bajadas de tono, al modo de una montaña rusa vertiginosa en donde el espectador llega a perder la noción de dónde está, cuánto tiempo le queda o cuál es el objeto de su viaje. Y hablando de su viaje, quizá el momento de humor absurdo más logrado sea el relato que Groucho hace de su imaginario viaje a África, que obviamente nunca se produjo pero que su personaje Spauldin usa para epatar a la alta clase social que lo rodea, la de las mujeres y los salones, relato que llega al colmo del nonsense, con la frase más célebre del mismo: “Una mañana me desperté y le disparé a un elefante en pijama. ¿Cómo se metió en mi pijama? Eso es lo que no sé.”
Mrs. Rittenhouse (Margaret Dumont): Y ahora, amigos míos, antes de empezar el programa musical, el capitán Spauldin ha accedido amablemente a relatarnos su viaje a África. Capitán Spauldin.
Spauldin (levantándose de su asiento): ¿Yo? Amigos míos, voy a hablarles del enorme continente conocido como África. África es la tierra de Dios, por muchos años (mira el reloj), sí señor… Salimos de Nueva York borrachos de la mañana del día dos de febrero, después de quince días en el agua y seis en el barco por fin llegamos a las costas de África. (Con tono grandilocuente) Enseguida nos adentramos doscientas millas en el corazón de la jungla donde maté a un oso polar, ese oso medía dos metros de la cabeza a los pies y llevaba zapatos…
Mrs. Rittenhouse (interrumpiéndole y dándole palmaditas en la espalda de manera educada y maternal): Perdone capitán, un momento, perdone… capitán, un momento… Siempre he creído que los osos polares vivían en los hielos del norte.
Spauldin (indignándose): ¿Síii…? Pues este oso estaba anémico y no soportaba un clima tan frío. Era un oso rico y podía permitirse cambiar de clima en invierno. ¡Usted ocúpese de sus animales que yo me ocuparé de los míos! Hielos del norte… Desde el día de nuestra llegada llevamos una vida muy activa. La primera mañana nos levantamos a las seis, desayunamos y volvimos a la cama a las siete; ese fue nuestro horario durante los primeros meses… después cambiamos y volvíamos a la cama a las seis y media. Una mañana estaba sentado delante de la cabaña fumando algo de carne…
Mrs. Rittenhouse (interrumpiéndole): ¿Fumando carne?
Spauldin (con aplomo): Sí, no había ningún estanco por allí. Como decía, estaba sentado delante de mi cabaña cuando me cargué seis tigres…
Mrs. Rittenhouse (interrumpiéndole): ¡Ah, ah! Capitán, ¿cazó usted seis tigres?
Spauldin (corrigiéndola): Me cargué, me encargué de decirles que se fueran, como si nada, eran los tigres más porfiados que he conocido. Los principales animales que habitan la jungla africana son morsas, alces, y otros animales salvajes. Todos saben lo que es una morsa, es caza mayor… El primer día maté dos gamos, fue una gran hazaña. Como decía, el primer día maté una morsa. Todos saben lo que es una morsa, una morsa come queso, corre por el suelo y la persiguen los gatos, los alces en cambio viven en las montañas y en primavera bajan para celebrar su convención anual. Es muy interesante verlos bajar a una cueva, y hay que verlos correr cuando hay agua en la cueva, lo que van buscando es alcohoool… Una mañana fresquita maté a un elefante en pijama, cómo se metió en el pijama eso es lo que no sé. Intentamos quitarle los palillos, digo colmillos, colmillos, es muy fácil de decir, (dirigiéndose a la señorita Rittenhouse, junto al piano de cola) ¿lo ha intentado alguna vez?
Roscoe Chandler (Louis Sorin, sentado frente al piano): Ohh, muy sencillo, colmillos.
Spauldin (se acerca dándole la mano y le obliga a levantarse): Perdone, mi nombre es Spauldin, encantado de conocerle señor Chandler. Como decía, los colmillos… pero estaban tan arraigados que no pudimos moverlos. Claro que en Alabama están sueltos, pero es en las tiendas, y el que los quiere, ya sabe, tiene que soltar la pasta. Sacamos buenas fotos de las nativas, pero no están reveladas, volveremos por allí dentro de un par de semanas, para verlas…
Mrs. Rittenhouse (interrumpiéndole y aplaudiéndole): Muy interesante señor Capitán.
Spauldin (sorprendido): ¿Usted cree?
Roscoe Chandler (levantándose y exclamando mano en alto): ¡Tres hurras por el capitán Spauldin! ¡Tres hurras por el capitán Spauldin!
Spauldin: Seis.
Roscoe Chandler (insistiendo): ¡Tres hurras por el capitán Spauldin!
Spauldin: Nueve.
El profesor (Harpo Marx) entra en escena con unas sillas y se interrumpe el improvisado y disparatado relato africano. Toda la secuencia dura apenas dos minutos y cuarenta y cinco segundos, aproximadamente, lo que da idea, al leerla y luego visionarla de nuevo, del vertiginoso ritmo rápido de locución de Groucho, su verborrea inimitable (y fue muy bien doblado al castellano) seña de identidad de su personaje de ancho bigote pintado, y de cómo algo perfectamente escrito e ideado puede dar sensación de improvisación o incluso desvarío. Hay aquí talento, sí, pero también mucho oficio. Aconsejo verla dos veces, la primera doblada al español, la segunda en inglés con subtítulos (ya sabemos que hablan endiabladamente rápido). Además hay algunos diálogos cuyos juegos de palabras se pierden en la traducción. Aquí les dejó siete de aquellas perlas. Si no se ríen, o sonríen, prometo devolverles el precio del importe de este libro. Aunque lo mejor es que vuelvan a ver la película. Seguro que no se arrepentirán.
- – Yo soy J. T. Spaulding, apuesto a que no sabe lo que significa la T.
– Thomas.
– No, Edgar. Se ha acercado bastante.
- ¿Le molesta que NO fume?
- Tengo el placer de regalárselo a usted por muy poco dinero.
- Le compraría un paracaídas si supiera que no se iba a abrir.
- – ¡Es una magnífica idea!
– ¿En serio? Entonces olvídelo, no vale nada.
- Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida… lo cual no dice mucho en su favor.
- – ¡Ah! Ya veo que están admirando mi cuadro.
- ¿Su cuadro?
- Sí, mi cuadro.
- Pues no se parece a usted.
Título: El conflicto de los Marx. Título original: Animal Crackers. Dirección: Victor Heerman. Guión: George S. Kaufman, Morrie Ryskind, Bert Kalmar, Harry Ruby. Música: Max Reese. Dirección de Fotografía: George J. Folsey. Dirección Artística: Ernst Fegté. Reparto: Groucho Marx, Harpo Marx, Chico Marx, Zeppo Marx, Lillian Roth, Margaret Dumont, Louis Sorin, Hal Thompson, Margaret Irving, Kathryn Reece. Productora: Paramount Pictures. País: Estados Unidos. Año: 1930 Fecha de estreno: 28.08.1930. Duración: 97 min. Género: Comedia musical.
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