
16 Mar Casino
FICHA TÉCNICA
Título original: Casino. Año: 1995. Dirección: Martin Scorsese. Producción: Barbara De Fina y Joseph P. Reidy (productor asociado). Guión: Nicholas Pileggi y Martin Scorsese, adaptación del libro homónimo de Nicholas Pileggi. Reparto: Robert De Niro, Sharon Stone, Joe Pesci, James Woods, Frank Vincent, Pasquale Cajano, Kevin Pollak, Don Rickles, Vinny Vella, Alan King, L.Q. Jones. Diseño de producción: Dante Ferretti. Fotografía: Robert Richardson. Montaje: Thelma Schoonmaker. Duración: 178 minutos. Color. Universal Pictures, Syalis DA, Légende Entreprises, De Fina-Cappa.
ARGUMENTO
Inspirado en sucesos reales, Casino narra una década, desde 1973 hasta 1983, en la vida de tres personajes del ambiente criminal de la ciudad de Las Vegas. Cuando al jugador Sam “Ace” Rothstein (Robert De Niro) le encargan la dirección del mayor casino de Las Vegas, el Tangiers (el Riviera en la vida real), propiedad del especulador inmobiliario Phillip Green (Kevin Pollak), sus problemas comienzan a resolverse; pero le surgirán otros nuevos. Junto a su mejor amigo, el fullero y pendenciero Nicky Santoro (Joe Pesci) y una ex prostituta convertida en ladrona de poca monta, la hermosa rubia Ginger McKenna (Sharon Stone), Sam “Ace” Rothstein conforma un triángulo emocional tan efectivo como peligroso. Aunque Sam es judío y Nicky de origen italiano ambos se comprenden, proceden de la mafia, se conocieron a través de Remo Gaggi (Pasquale Cajano), que había colocado a Nicky como guardaespaldas. El poder de Sam crece, los ingresos en el casino se multiplican. Al tiempo que Sam intima con Ginger, se siente amenazado por otros competidores del negocio, por lo que acepta que la mafia le ponga dos personas para protegerle, el propio Nicky Santoro (nombre ficticio del gángster real Anthony Spilotro) y el asesino Frank Marino (Frank Vincent). Sam se casa con Ginger y parece que la vida les sonríe, pero todo es un espejismo. Aparece en escena el ex marido de Ginger, Lester Diamond (James Woods), un vividor de poca monta adicto a la cocaína. Pero eso casi es lo de menos, su mayor problema es Nicky Santoro, que cada día se vuelve más violento y expeditivo. Sam incluso es amenazado por el concejal del condado, Pat Webb (L.Q. Jones). Un día Nicky descubre a Ginger robándole a Sam y la protege, a cambio de que ella sea su amante. Poco tiempo después el FBI interviene y desmonta el tinglado. Nicky huye y, aunque Sam ve unas fotos de él con Ginger, le protege. Al final Ginger morirá de sobredosis y Nicky asesinado en el desierto por sus rivales. Sam acabará en San Diego, viejo y sólo, trabajando en el mundo de las apuestas del que surgió, para ganarse la vida.
GÉNESIS, RESULTADO Y COMENTARIO
Cuando el escritor ítaloamericano Nicholas Pileggi (New York, 1933) adaptó su propio libro “Wise Guy” a un guión cinematográfico que daría lugar a Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990), Martin Scorsese supo que había dado con la horma de su zapato. El film era un retrato vigoroso de la mafia de la Gran Manzana, a mi juicio el mejor film de gángsteres desde el díptico coppoliano El Padrino I y II. Scorsese ya había tocado el tema de la delincuencia neoyorquina en la injustamente olvidada Malas calles (Mean Streets, 1973) y, más tangencialmente, en su magistral cinta pugilística Toro salvaje (Raging Bull, 1980) –votada como la mejor película norteamericana de la década de los ochenta-. Por aquellos primeros años noventa Scorsese había desconcertado a la crítica internacional con la exquisita historia amorosa decimonónica La edad de la inocencia (The Age of Innocence, 1993), sobre una gran novela de Edith Wharton. Fue entonces, mientras rodada el videoclip Bad con Michael Jackson, cuando volvió a trabajar a cuatro manos en el guión de otro libro de Pileggi, germen de Casino. Pileggi y Scorsese se encerraron en una habitación de un hotel de Hollywood situado justo en frente de sus oficinas, se rodearon de una ingente cantidad de material documental y durante meses comenzaron a elaborar toda la trama y la descripción de los personajes de aquella atractiva historia sobre el poder, la ambición y el fracaso.
La idea era que el film lo produjese Universal Pictures, estudio para el que Scorsese ya había trabajado en El cabo del miedo (Cape Fear, 1991), remake algo irregular del clásico El cabo del terror (Cape Fear, 1962), dirigida por Jack Lee Thompson a partir de la novela negra “The Executioners”, de John D. MacDonald.[1] Cuando se estrenó la película Pileggi publicó el libro en los Estados Unidos, con un claro objetivo comercial.[2] La idea original del libro se le ocurrió a Pileggi leyendo un artículo sobre el célebre gángster Frank Lawrence “Lefty” Rosenthal (rebautizado Sam “Ace” Rothstein en el film) publicado en un diario de Florida en 1983. El conocimiento periodístico de Pileggi de las mafias ítaloamericanas[3], unido al talento visual y narrativo de Scorsese, era una baza segura para Casino. Como curiosidad señalar que Scorsese hace un guiño cinéfilo a los Universal Studios, en agradecimiento por haberle producido el film; en este sentido lo señalaba el crítico Bill Krohn: “[…] las gafas negras ridículamente grandes que Sam lleva en la última escena son una alusión directa a la pinta de dos célebres agentes hollywoodianos, Irving “Swifty” Lazar y Lew Wasserman, fundador de los estudios Universal, que han financiado el film.”[4]
El resultado cinematográfico, sin llegar a la perfección de Uno de los nuestros, es un film excelente y vigoroso, reflejo casi ideal del estilo nervioso y torrencial del cineasta, que en ocasiones roza el paroxismo. En cierto modo se puede considerar Casino como un film que condensa los vicios y las virtudes de cierto tipo de film-arquetipo de gángsteres, surgido en Estados Unidos en los años ochenta y noventa del pasado siglo, caso de El precio del poder (Scarface, 1983), Los intocables (The Untouchables, 1987) y Atrapado por su pasado (Carlito’s Way, 1993), todas de Brian de Palma, la extraordinaria Muerte entre las flores (Miller’s Crossing, 1990), de Joel e Etahn Coen, Sleepers (Ídem., 1996), de Barry Levinson o Donnie Brasco (Ídem., 1997), de Mike Newell, entre otras. Esta sobreabundancia de títulos gangsteriles ha jugado en contra de la percepción crítica del film, no tanto porque no se hayan querido ver las virtudes narrativas de Casino como por el hecho de que muchas de las acciones que en ella aparecen sonaban a algo visto, algunas secuencias de violencia mafiosa ya se veían algo trilladas para algunos críticos, en ocasiones rozando lo que ellos consideraban, a mi juicio injustamente, clichés genéricos. Octava colaboración entre el gran actor Robert De Niro y su amigo íntimo Martin Scorsese, Casino es, más que un mero film sobre la mafia, una obra religiosa, algo nada extraño en un artista católico que ha explorado las temáticas religiosas en muchas de sus películas (además, de cómo, es obvio, de en La última tentación de Cristo, en 1986). Así, el autor de Taxi Driver, afirmó que Casino es: “la historia del Antiguo Testamento: ganando el paraíso y perdiéndolo por el orgullo y la codicia.”[5] En efecto, el film va más allá del clásico ejemplo de film criminal de corte hagiográfico sobre el eterno tema de la ascensión y caída, para explorar el concepto del pecado, en sus tres personajes, pero muy en especial en Sam “Ace” Rothstein, quien pierde su Paraíso terrenal –eso y no otra cosa simboliza el casino descrito con total maestría en el film– por el pecado del orgullo, como es sabido el mismo motivo que aparece en los textos bíblicos como abandono del Paraíso terrenal. Sam derrumbará todo lo que ha construido, su matrimonio con Ginger, su amistad con Nicky, su emporio empresarial, su estatus profesional dentro del mundo de la mafia…, todo por un exceso desemedido de orgullo y codicia, para acabar cayendo en la caricatura de sí mismo, hasta el punto de aparecer en su propio programa de televisión. Finalmente acabará en la calle, las mismas calles de las que salió años atrás. Pero eso es algo que sabemos o intuimos desde el mismo comienzo, no olvidemos que la estructura del film es un largo flash-back, un poco al modo de lo planteado por Billy Wilder en El crepúsculo de los dioses. Las diversas voces narradoras en off (Sam, Nicky, Ginger), entrecruzadas con un ritmo endiablado, unidas a la propia dispersión del relato, pergeñado mediante acciones paralelas y saltos temporales de todo tipo, y al caudal de energía absolutamente arrolladora, tan propia del estilo exasperado y crispado de Scorsese, hacen del visionado de Casino una experiencia al límite, en donde la violencia física y la degradación moral no son una forma de exhibicionismo gratuito per se, sino la consumación de un arte intensivo y sensitivo que trata de explorar con sus mejores armas el ocaso del sueño americano. Ése, y no otro, es el motivo y la idea central de esta gran película.
Me gusta ver Casino como un complemento a Uno de los nuestros, para algunos forman un díptico inseparable (motivado por la presencia de Pileggi en el guión y de Robert De Niro y Joe Pesci en los papeles principales), para otros Casino es una variación del film precedente, incluso hay los que lo consideran una copia inferior al modelo original. A mi modo de ver, pese a ser un film más excesivo que su precedente, es una continuación lógica de algunos temas expuestos en Uno de los nuestros que necesitaban ser explorados con mayor brío. Y eso ya merece todas nuestras loas.
La coherencia estética de Casino, sus trazas estilísticas descollantes mediante travellings audacísimos, el gusto por destacar todos los detalles por nimios que pudieran parecer, la ágil e inteligente resolución argumental, la crispación constante de la puesta en escena, tendente a la hipérbole, la continua inestabilidad nerviosa, casi febril, y una exuberante saturación de ritmos (aumentados por una banda sonora elegida con enorme acierto, desgranando unos temas musicales adecuadísimos a las secuencias descritas), cercanos a una visión catártica o una pulsión visionaria, hacen del film una propuesta absolutamente coherente con el universo cinematográfico de ese cineasta genial nacido en Flushing (Queens, New York) el 17 de noviembre de 1942 que responden al curioso nombre de Martin Scorsese. Un tipo menudo y vivaz con un talento deslumbrante para el arte del cine, dotado de una energía excesiva y necesaria para narrarnos con brío las historias que han conformado y aún conforman la otra América contemporánea.
[1] Existe traducción española del libro: “Los verdugos”, Editor Luis De Caralt. Barcelona, 1969, 256 p.
[2] “Casino: Love and Honor in Las Vegas”, Simon & Schuster, New York, 1995. Al año siguiente se publicó en España la traducción castellana de Carme Geronès i Planagumà: “Casino”, Colección Bestseller oro, Grijalbo. Barcelona. 1996, 300 p.
[3] No es casual que Nicholas Pileggi ha sido productor ejecutivo de la reciente American Gangster (2007), de Ridley Scott.
[4] “L’Amérique au coeur des ténèbres”, en Cahiers du Cinéma, nº 499, febrero de 1996, p. 49.
[5] Cit. GOROSTIZA, Jorge. Casino / Tener y no tener, Libros Dirigido, Barcelona, 1998, p. 48.
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