El bueno, el feo y el malo

El bueno, el feo y el malo

El bueno, el feo y el malo

“Film que quiero profundamente y al que entonces consideraba mi último western”, Leone acerca de El bueno, el feo y el malo

La mayoría de los historiadores de cine achacan la desaparición del western clásico norteamericano a la irrupción del subgénero spaghetti-western. Incurren en un error. El western desapareció en Hollywood con la muerte del sistema de estudios y el influjo y competencia de la televisión. Cierto que en Italia y Alemania apareció un subgénero nuevo que desentrañaba las claves de la Norteamérica de los pioneros desde una visión europea y mitómana. Entre 1963 y 1969 sólo en Italia se produjeron más de trescientos spaghetti-western, muchos en coproducción  con España o Alemania. La mayoría eran subproductos de consumo, rodados en Almería, sin ninguna pretensión artística. Sergio Leone fue la excepción. Sus films, guste o no, marcaron un antes y un después en la Historia del Cine. El europeo y el americano. Su cinefilia le venía de cuna, padre cineasta y madre actriz. Ayudante de dirección desde 1946 (de Raoul Walsh a Robert Aldrich, nada menos), a finales de los cincuenta dirige dos importantes peplums, pero salta a la fama con la llamada “trilogía de los dólares”, compuesta por Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964), bajo el seudónimo Bob Robertson –en homenaje a su padre-, La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, 1965) y El bueno, el feo y el malo (Il Buono, il brutto, il cattivo, 1966). Tres buenas películas con las que convierte en estrella a Clint Eastwood y en las que comienza a experimentar con la dilatación espacio-temporal de la puesta en escena por medio del montaje. Así adquiere el bagaje suficiente para escribir y dirigir su obra maestra, Hasta que llegó su hora, una de las grandes obras del western, mal que le pese a los puristas, y con la que Leone había inventando la ópera-western. Después vendría la fallida ¡Agáchate maldito! (Giù la testa, 1971), Mi nombre es ninguno (Il Mio nome è Nessuno, 1973) –firmada por su ayudante Tonino Valerii y de la que Leone dice haber dirigido “el principio, la batalla y el final”- y su otra obra magna, la excepcional historia gangsteril Érase una vez en América (Once Upon a Time in America, 1984) rodada en EEUU.

¿Alguien a estas alturas no ha oído hablar de El bueno, el feo y el malo? Su título ha saltado a la calle, al imaginario colectivo, a la fraseología popular, citado incluso por los que no lo han visto. Estrenos, reestrenos, pases televisivos, ediciones y reediciones en DVD y en CD de la célebre banda sonora de Morricone… Aunque El bueno, el feo y el malo no alcanza, ni de lejos, la maestría de Hasta que llegó su hora, es sin duda la mejor de las tres obras de Leone que componen la “trilogía de los dólares”. Hasta tal punto se hizo popular en todo el mundo, que el duelo final del film, a tres bandas en un espacio circular, fue parodiado por Alejandro Jodorowsky en el inicio de su western Zen mexicano El topo (1971).

Del cine de Leone, y más en concreto de El bueno, el feo y el malo, se ha escrito y analizado hasta la última secuencia, desentrañando las estrategias narrativas de un cine de acción, como se supone que es el western, llevado al extremo contrario, dilatando las acciones y dando más importancia a la observación, al gesto, la postura. Es por eso que resulte extraño sin embargo que no se haya prestado más atención por parte de críticos o intelectuales (no necesariamente la misma cosa, frecuentemente lo contrario), estudios y profesores de cine universitarios, a algo obvio, lo más evidente y novedoso para el espectador de 1964-1966: la interpretación hierática de Clint Eastwood.  Se ha hablado mucho y bien (algunos mal, los más puristas, siempre reacios a los cambios en los géneros) del acabado formal, del aspecto técnico, audiovisual (nunca mejor empleado el término que en el cine de Leone) de su cine, pero poco de la dirección de actores, aspecto decisivo en la caracterización de los tres personajes principales de El bueno, el feo y el malo. Sin embargo, Leone sí le prestó atención a las interpretaciones, y muy en concreto a la de Eastwood, como explicó con detalle el director romano:

“Clint Eastwood no decía una palabra, pero montaba bien a caballo y tenía esa forma de andar con cierto aire de fatiga, ese semblante resignado. Era un poco sofisticado, un poco light, y yo deseaba una apariencia mucho más viril, endurecerlo, envejecerlo incluso para el papel, con esa barba, el poncho que le estaba ancho y esos cigarros. Cuando lo fui a buscar para ofrecerle el papel, él no había fumado en su vida; esto presentaba, en cierto modo, problemas, como tener un cigarro constantemente en la boca cuando uno no sabe fumar. Antes de hacer mi segundo film con él me dijo: <<Escucha Sergio, yo puedo hacer todo lo que tú quieras, ¡excepto fumar!>>, pero eso fue imposible, y desde entonces el protagonista fue él mismo.”[1]

Como afirmaba acertadamente Pablo Mérida de San Román (uno de los primeros escritores de cine que, desde muy joven, alabó el cine de Leone en la década de 1980, cuando estaba más denostado por cierta petulante crítica española), la idea que Leone tenía del “hombre sin nombre” varió bastante al darle el papel a Eastwood:

“En la vida real, Clint es un hombre calmado, tranquilo, un poco como un gato. Durante el rodaje hacía lo que tenía que hacer, luego se sentaba en una esquina y se dormía inmediatamente, hasta que era necesario otra vez. Observar su comportamiento desde el primer día me ayudó a componer el personaje.”[2]

Clint Eastwood también se refirió a sus interpretaciones impertérritas del “hombre sin nombre”, en la “trilogía de los dólares”, todo un icono en la moderna cultura de masas:

“Los actores italianos gesticulaban todos mucho; así que cuando yo me mostraba impasible creían que no actuaba de verdad. Sólo Leone sabía lo que estaba haciendo.”[3]

Respecto a las influencias del film, se ha citado a Ford, Walsh, Wellman, Aldrich, Boetticher, Siegel, Peckinpah, etcétera. Sin embargo, nadie nombró al cineasta que, sorprendentemente, Leone cita como su fuente de inspiración: ¡Charles Chaplin! En concreto su incomprendida obra maestra, Monsieur Verdoux (1947), con aquel personaje de Landrú, un sádico burgués asesino, que, a igual que el film de Leone retrataba de manera magistral la subversión de valores en una sociedad podrida  y el absurdo de las muertes entre seres humanos:

“¿Qué significa realmente El bueno, el feo y el malo? Todos nosotros tenemos algo de malos, algo de feos y algo de buenos. Hay gente que parece mala pero cuando la conocemos mejor llegamos a la conclusión de que son personas dignas. Uno de los objetivos del film es mostrar lo absurdo de la guerra, que en mi opinión es inútil, pues nunca implica una buena causa. Muestro un campo de concentración del Norte con una orquesta que ahoga el grito de los prisioneros torturados. Cuando lo hice pensé en los campos de nazis con las orquestas de judíos. Hay aquí un poco del espíritu de una de las mejores películas que conozco, Monsieur Verdoux, con ese aspecto absurdo de una época que considera héroe al asesino de muchas mujeres. Todo esto no significa que en el film no hay nada para reírse. A través de estas trágicas aventuras los protagonistas se mueven con un espíritu picaresco. Los géneros de la picaresca y de la Comedia Dell’Arte tienen esto en común: no cuentan con héroes verdaderos, representados por un personaje.”[4]

Las correrías de un caza recompensas llamado “el bueno”, alias Blondie -Rubio- (Clint Easwood), un ladrón, el feo, alias Tuco (Eli Wallach) y un asesino a sueldo, es decir, el malo, alias Sentencia (Lee Van Cleef), no tienen valor por su planteamiento argumental, sino por el tono paródico-picaresco de estos arquetipos en un espacio físico conocido: el territorio del western.  Al igual que en el film de Chaplin, se criticó la violencia gratuita (más inesperada en el autor de Charlot, de ahí su fracaso comercial), cuando lo que Leone plasmó fue, precisamente, una sátira de la violencia en el cine de su tiempo.

FICHA TÉCNICA-ARTÍSTICA

Título original: Il buono, il brutto, il cattivo / Zwei glorreiche Halunken / The Good, the Bad and the Ugly. Año: 1966. Director: Sergio Leone. Intérpretes: Eli Wallach, Clint Eastwood, Lee Van Cleef, Aldo Giuffrè, Luigi Pistilli, Rada Rassimov, Enzo Petito, Claudio Scarchilli, John Bartha, Livio Lorenzon, Antonio Casale, Sandro Scarchilli. Guión: Agenore Incrocci, Furio Scarpelli, Luciano Vincenzoni y Sergio Leone. Música: Ennio Morricone. Fotografía: Tonino Delli Colli. Duración: 85 minutos. Productor: Alberto Grimaldi. P.E.A.

[1] LEONE, S. En: MÉRIDA DE SAN ROMÁN, P. (1988), Sergio Leone, Col. La Vela Latina, Ediciones Júcar, Madrid.

[2] Ídem, 31-32.

[3] Ibídem.

[4] Ídem, 41.

Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com

ESCRITOR (Pontevedra, 1977). 15 libros publicados como autor (ensayo, poesía y novela). 50 libros como coautor. Doctor en Ciencias de la Comunicación Historiador de cine.

No hay comentarios

Escribe un comentario aqui...