
21 Feb ATRÁPAME SI PUEDES
Un genio dijo una vez: «Para mí lo importante es convencer al público y convencerme a mí mismo de que lo que está ocurriendo en la pantalla ocurre realmente.» Aquel genio se llamaba John Cassavetes. Busquen las antítesis de esta frase y descubrirán la esencia del cine de Steven Spielberg (Cincinnati, Ohio, 1946). Sus films son creíbles pero inverosímiles. Incluso cuando adapta una historia real y autobiográfica como Atrápame si puedes resulta más inverosímil que nunca, más que cuando hace cine fantástico. Tras dos obras de ciencia-ficción profundamente pesimistas como Inteligencia Artificial y Minority Report da un giro de 360 grados y nos sorprende a todos con una obra vitalista, pura picaresca rezumante de optimismo desaforado.
La importancia de la familia, la ausencia o pervivencia de sólidos valores morales, la mentira y la pérdida de la inocencia, el desarraigo, el candor femenino idealizado, son temas presentes en toda su obra y también en esta inefable farsa protagonizada por un cínico oportunista llamado Frank Abagnale, Jr. (Leonardo DiCaprio), timador, impostor y falsificador que siendo menor de edad se hizo pasar por médico, abogado, copiloto de líneas aéreas y, finalmente, exitoso ladrón de bancos. El tenaz agente del F.B.I Carl Hanratty (Tom Hanks) se pasa cinco años intentando atraparle y cuando lo consigue, en uno de esos giros rocambolescos del destino y de nuestras vidas… ¡Abagnale acaba por ser nombrado agente federal! En una América previa al hippismo, la inocencia de las gentes les llevaba a creer que alguien con cierto charme, buenos modales, y uniformado elegantemente debería ser, per se, alguien importante. Aquí radica buena parte del éxito de este simpático granuja.
Spielberg trabajó con un correcto guión de Jeff Nathanson, basado en el best-seller de Abagnale y Stand Redding, logrando una mixtura acertada de fluida comedia, drama, thriller, aventuras, suspense, biopic… A este inusual producto, de pulcra factura pero deslabazada misé en scène, contribuyen sus colaboradores habituales: la música próxima al jazz tropicalista del prolífico John Williams -compositor de dieciséis films de Spielberg-, la cálida fotografía en tonos virados al sepia y al dorado del polaco Janusz Kaminski -operador de sus ocho últimos films- y el montaje vibrante de Michael Kahn, montador inseparable del cineasta desde 1977. Los actores están, igualmente soberbios, sobre todo los veteranos, Christopher Walken, Martin Sheen y Nathalie Baye, recomendada por su amigo Brian De Palma y a quién Spielberg conocía desde que la vio en La noche americana, de Truffaut.
Atrápame si puedes no es un Rioja Gran Reserva, pero en ocasiones, la gente prefiere tomarse un cóctel a media tarde y olvidarse de sus anodinas vidas cotidianas. Y en eso el film ni engaña, ni es pretencioso. No defrauda porque ofrece lo que promete, que no es poco.
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