APOCALYPTO

APOCALYPTO

APOCALYPTO

*** Buena

Apocalypto (2006) es el cuarto largometraje dirigido por Mel Gibson. Debutó con El hombre sin rostro (The Man Without Face, 1992), una delicia intimista impropia de su viril personalidad. Triunfó con la excepcional Braveheart (1995), poseedora de un hálito épico y aventurero emocionantísimo. La Pasión de Cristo (The Passion of the Christ, 2004), pese a sus efectismos y obviando la polémica religiosa, estaba construida de modo inteligente, canto al sufrimiento físico extremo y a la sublimación espiritual que, guste o no, cumple con sus pretensiones. Con Apocalypto recuperamos al mejor Gibson cineasta. El film hay que juzgarlo como lo que es, un espectáculo de ritmo trepidante y emoción incontenible. En eso el acierto es total; sumerge al espectador en el mundo maya del siglo XVI desde el minuto uno hasta el desasosegante final, sin respiro posible ni decaimiento alguno. Gibson sabe rodar, coloca la cámara siempre en el mejor ángulo, la toma más adecuada a la acción que trata de describir –algo que sorprendió a muchos críticos en Braveheart pero que ahora ya damos por hecho- y su sentido compositivo de las secuencias, la puesta en escena efectiva (y algo efectista, es cierto) cumple con las premisas que requiere la narración (son impresionantes los travellings laterales por la selva, las angulaciones en planos superpicados e incluso cenitales, caso de la toma de la cascada o el sacrificio de la pirámide). Ofrece lo que pretende y eso, tal y como anda el patio del cine norteamericano, ya es todo un triunfo. Además está filmada al modo antiguo, nada de decorados y extras generados por ordenador, los efectos especiales brillan por su ausencia, todo transmite una sensación de realismo, de veracidad, inusitado, máxime tratándose de una obra que aboga por la acción continua. Las pirámides son verdaderos decorados, no hologramas, los poblados son chozas exactas, los instrumentos son en realidad de madera, piedra, jades y metales sin pulir. Las cerámicas, los monumentos, las armas y tatuajes… Todo está ahí. Casi puedes oler la comida, el sudor, la sangre… Todo ello transmite credibilidad, verosimilitud, algo de lo que suelen carecer las cintas de acción estadounidenses. Los puristas defensores del cine de autor dirán que es cine mainstream, pero es cine de calidad. Frente a los films soporíferos con ínfulas artísticas provenientes de todo el globo Gibson ofrece lo mejor que puede, sabe y debe transmitir el cine: una gran historia. Si además es entretenida no se debe pedir más. El punto de vista, sorprende por su audacia: cabalga entre la visión subjetiva y la omnisciencia de un demiurgo-narratario. Gibson, que también firma el guión junto al productor Farhad, crea un magma narrativo que, en su avance, muestra una elaborada arquitectura, compleja y perfeccionista, preciosista si se quiere, en el que fluyen emociones, sentimientos, pasiones y el instinto de vivir a toda costa. Un bello y cruel canto a la lucha por la supervivencia y tableaux vivant sobre el ocaso de una cautivadora civilización, casi ignota, sobre la que aún queda mucho por decir. Y no sólo en el campo del cine.

Diego Moldes
Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com

ESCRITOR (Pontevedra, 1977). 15 libros publicados como autor (ensayo, poesía y novela). 50 libros como coautor. Doctor en Ciencias de la Comunicación Historiador de cine.

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