Amadeus

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Amadeus

De todos los modernos biopics sobre compositores de la, mal llamada, música clásica, Amadeus es, de largo, el más interesante. Acaso sólo se acerca a su calidad artística Sinfonía de primavera (Frühlingssinfonie, 1983), en la que Peter Schamoni relataba los amores imposibles entre Robert Schumann (1810-1856) y la pianista Clara Wieck. Amadeus es una obra inabarcable en duración, pretensiones y resultados. Describe con precisión de entomólogo los años de consolidación del mayor genio de la historia de la música: Wolfgang Amadeus Mozart (1760-1791). Si se está especialmente interesado en el film es aconsejable leer el documentado ensayo “Historia, leyenda y cine sobre W.A. Mozart”, de Alfonso Méndiz Noguero.[1] Cuando en el otoño de 1979 el cineasta checo Miloš Forman (Caslav, 1932) salió de ver la obra “Amadeus”, de Peter Shaffer, en un teatro londinense, supo que estaba ante un futuro éxito de cine. La repercusión de la obra en Londres (más de dos años en cartel) y el estreno en Broadway (1981) permitió que lo que podría haber sido un film europeo de bajo presupuesto se convirtiese en una de las superproducciones norteamericanas más importantes de la década. A diferencia de los biopics convencionales la originalidad del planteamiento de Amadeus es no partir del punto de vista del biografiado -Mozart-, sino del de su rival, el también compositor Antonio Salieri (1750-1825), magníficamente interpretado en el film por el actor de origen egipcio F. Murria Abraham, quien logró el Oscar al mejor actor (de un total de 9 Oscar que obtuvo el film). Una supuesta rivalidad que culminó con el envenenamiento de Mozart, algo que carece de cualquier fundamento histórico y que parte de un bulo promovido por los literatos románticos, en especial el celebérrimo poeta ruso Alexander Pushkin, que en 1930 escribió la pieza dramática “Mozart y Salieri” (convertida en ópera en 1897 por otro ruso, el compositor Rimsky-Korsakov). La leyenda romántica de que Mozart fue envenenado parte, por un lado, de Salieri y, por otro, del propio Mozart. De Salieri porque estando ingresado en un hospital de Viena, en un estado próximo al delirio, confesó ser el envenenador de Mozart: la noticia corrió como la pólvora. Por otro, porque es hecho comprobado que mes y medio antes de fallecer Mozart, preso de achaques, confesó a sus allegados que creía haber sido envenenado. Verdad o leyenda la realidad es que su repentina pérdida, con sólo 36 años, cambió la historia de la música. Si en veintitantos años había compuesto 626 obras (a la sazón el compositor más prolífico) ¿que no habría compuesto de haber vivido treinta años más? ¿Cómo hubiese evolucionado la música si su genio se hubiese solapado cronológicamente, por ejemplo, con el de Beethoven (quien por cierto, también fue discípulo de Salieri, al igual que Schubert o Lisz)? Retomando el film, lo cierto es que, pese a su excesiva duración, el espectáculo es muy cautivador. Dejando al margen su insoportable risita y el comportamiento pueril, incluso infantiloide, la recreación de Mozart es, sencillamente, ajustadísima; está diseccionada desde la visión de Salieri, quien cree que la música la escribe Mozart como intermediario del mismo Dios. Así alcanza su justa grandeza. Es significativa la secuencia en la que un empresario teatral responsable de la ópera La flauta mágica le increpa, “Mozart, ¿dónde está mi música?”. Amadeus, que estaba componiendo el Réquiem, señala su cabeza y responde “Aquí, la tengo aquí… Todo lo demás es garabatear, garabatear, garabatear…”.  ¿Qué mejor modo de explicar al neófito que Mozart componía de memoria, sin necesidad de ensayos, ni correcciones, transcribiendo directamente de su mente al pentagrama? El film del talentoso director Miloš Forman es una prueba palpable de cómo los cineastas europeos más rigurosos logran hacer cine de calidad amoldándose lo justo al sistema de estudios norteamericano, sabiendo aunar el sentido del drama con la vocación de autor.

[1] Incluido en el recomendable libro de ese autor: “Cómo se hicieron las grandes películas”, Cie Dossat, Madrid, 2003, pp. 169-186.

Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com

ESCRITOR (Pontevedra, 1977). 15 libros publicados como autor (ensayo, poesía y novela). 50 libros como coautor. Doctor en Ciencias de la Comunicación Historiador de cine.

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