Aguirre, la cólera de Dios

Aguirre, la cólera de Dios

Aguirre, la cólera de Dios

Título original: Aguirre, der zorn Gottes.
Producción: Werner Herzog (República Federal Alemana, Perú, 1972).
Dirección y guión: Werner Herzog
Fotografía: Thomas Mauch (color).
Música: Popol Vuh.
Montaje: Beate Mainka-Jellinghaus.
Diseño de producción: Werner Herzog.
Intérpretes: Klaus Kinski (Lope de Aguirre), Helena Rojo (Inés de Atienza), Ruy Guerra (Don Pedro de Ursúa), Del Negro (Gaspar de Carvajal), Peter Berling (Don Fernando de Guzmán), Cecilia Rivera (Flores de Aguirre), Daniel Ades (Perucho), Edward Roland (Okello), Armando Polanah (Armando), Alejandro Repullés (Gonzalo Pizarro) y Justo González (González).
Duración: 91 min.

“A finales de 1560 una gran expedición española comandada por el conquistador Gonzalo Pizarro partió de la altiplanicie peruana en busca de un lugar mítico, El Dorado, territorio repleto de yacimientos de oro que según los indios se situaba en las ignotas fuentes del Amazonas. El único testimonio que se conserva de aquella expedición, desaparecida sin dejar huella, es el diario de Fray Gaspar de Carvajal.” Con este texto se inicia la famosa película de Werner Herzog, que narra el proceso de enajenación mental que llevó a Lope de Aguirre (1510-1561), apodado El Loco, a rebelarse contra Pizarro y el gobernador del Perú, hasta convertirse en un traidor al imperio español de Felipe II, un rebelde que perseguía un sueño imposible. Tras derrotar a los Incas, Aguirre y sus lugartenientes, Don Fernando de Guzmán (encarnado por el célebre escritor alemán Peter Berling), Don Pedro de Ursúa, el citado fraile y el resto de la expedición quedan atrapados en un terreno selvático e inexplorado. Lo que debió ser una excursión de saqueo de una semana, en un descenso en balsa por el Amazonas, se convierte en un viaje infernal sin fin. Múltiples desastres, disputas, enfermedades van minando la moral de los conquistadores españoles, unido al cerco de los indígenas que van eliminándolos con sigilo animal. El hambre, las enfermedades y, sobre todo, la locura obsesiva de Aguirre, harán fracasar la expedición hasta acabar con la muerte de todos ellos.

Partiendo de este supuesto texto (en realidad una pura invención de Werner Herzog), y del conocido libro “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre” (1964), de mi admirado escritor Ramón J. Sender, W. Herzog escribe un guión en dos días y medio (“de pura locura”, admite el director), lo produce también y dirige, poco después, una de sus películas más importantes y una de las obras maestras de lo que se llamó el Nuevo Cine Alemán (c. 1962-1979). Nacido en Munich en 1942, Werner Herzog Stipetić debutó muy joven en el largometraje con Signos de vida (1967), a la que siguieron También los enanos empezaron pequeños (1968) y Fata Morgana (1971). Aguirre, la cólera de Dios (1972) fue su cuarta película, a la que le siguió la notable El enigma de Kaspar Hauser (1974).  Herzog es un director proteico, con una obra amplísima que, además de una veintena de largometrajes en cuarenta y pocos años, incluye la dirección de más de treinta documentales y trabajos para televisión, unos trece cortos, así como obras de teatro y óperas (un total de dieciocho montajes operísticos, en Alemania e Italia, fundamentalmente, con dos incursiones en Japón y España). Sin embargo, pese a tal despliegue creativo y una energía vital excepcional, sus mayores logros fueron en la década de 1970 y, de entre ellos, su obra más conocida y reconocida internacionalmente fue y sigue siendo, cuarenta años después, Aguirre, la cólera de Dios. Interesado por la Historia (fue estudiante universitario de Literatura y de Historia) y por sus personajes más intrigantes y colaterales, Herzog desarrolla a partir de la figura de Aguirre una historia exótica sobre la megalomanía, mediante la disección en imágenes de una monumental utopía, tema central de casi toda su obra fílmica. Cuenta como Pizarro divide su expedición en dos y nombra a Don Pedro de Ursúa como comandante de la misión río abajo, acompañado de su esposa, Doña Inés de Atienza, Don Lope de Aguirre y su hija Flor y Don Fernando de Guzmán. Parten el 4 de enero de 1461, guiados por Aguirre disparan sobre Ursúa, rompen los lazos con la España de Felipe II y nombran a Guzmán emperador de El Dorado. Tras su muerte por infección, ahorcan a Ursúa. Ha pasado un mes y nada se sabe del oro. “Mis hombres sólo buscan oro, cuando es más importante el honor y la fama”, le dice Aguirre al fraile. Alucinado (en una interpretación única de Kinski) Aguirre los conduce a un suicidio colectivo, mientras sus hombres caen como moscas bajo las flechas envenenadas de un enemigo invisible y de las enfermedades y el hambre. Escuchamos en voice over  los pensamientos de Aguirre: “Yo soy la cólera de Dios.” Tras encontrar el cadáver de Flor planea casarse con su hija y continuar una estirpe de emperadores en Nueva España. Estos planos existencialistas son los más impactantes, junto con los del inicio: filas de conquistadores e incas descendiendo por un desfiladero de la cordillera andina, rodeados de nubes. Los planos de los rápidos del río, la construcción de la balsa, la pesca, están rodados exclusivamente en exteriores con una fotografía realista y con cámara de 35 mm. al hombro, lo que confiere al film un aspecto extrañamente documental y atemporal. Las espectaculares imágenes de la húmeda selva amazónica se ven perfectamente arropadas por la música electrónica, trascendente y repetitiva, dotándolas de un aliento poético inconmensurable.  Hacemos hincapié en la banda sonora, porque aunque pudiera parecer contradictorio emplear música postmoderna para una narración “de época” (el siglo XV en este caso), las imágenes enajenadas de Kinski y los demás actores perdidos en la inmensidad amazónica, encajan con maestría con esta música hipnótica creada con una mezcla de guitarra eléctrica y melotrón (instrumento musical polifónico, electromecánico, inventado a comienzos de los años sesenta por Harry Chamberlin), por obra y gracia de Popol Vuh (nombre tomado del célebre libro maya homónimo), grupo de rock progresivo alemán que volvería a trabajar con Herzog en otras seis películas más, entre ellas las geniales Nosferatu (1979) y Fitzcarraldo (1982).  Aguirre representa perfectamente las esencias de casi todos los protagonistas herzogianos (héroes o antihéroes, según se mire), a saber la utopía de querer cumplir sueños imposibles, individuales o colectivos y el conflicto entre el ser humano con la naturaleza circundante (pensemos en Fitzcarraldo o Cobra verde) Hay en el film, por lo menos, tres conexiones cinéfilas que merecen ser citadas: 1) Se ha escrito que la secuencia final con el travelling circular sobre la balsa, repleta de cadáveres, macacos y un enajenado Aguirre, es un homenaje a Os cafajestes (1962), debut del mozambiqueño afincado en Brasil Ruy Guerra, que interviene como actor en Aguirre, la cólera de Dios, en el importante papel de Don Pedro de Ursúa. 2) Se detecta una huella clara en este film y Apocalypse Now (1979), reconocida por el propio Francis Ford Coppola, tanto en la historia del viaje río abajo como en las difíciles condiciones del rodaje en la selva y, en suma, en los problemas psicológicos de ambos cineastas, Herzog y Coppola. Coppola reconoció esta influencia al afirmar: “Aguirre, con su increíble imaginería  fue una influencia muy fuerte [en Apocalypse Now]. No sería honesto si no lo mencionase.”  3) A partir de un numeroso material extra Herzog realizó, casi tres décadas más tarde, un interesante documental que narra, entre otras cosas, aquel rodaje amazónico y la intensa lucha de egos entre él y Klaus Kinski, hasta al punto de querer ambos asesinarse: Mi enemigo íntimo (Mein liebster Feind, 1999).

Por si fuera poco, la impronta de esta maravilla del séptimo arte crece al detectar que también ha sido fuente de inspiración de Roland Joffe y su excelente acercamiento a las misiones amazónicas en La misión (The Mission, 1986) y también a la penúltima obra maestra de Terrence Malick El nuevo mundo (The New Word, 2005), en la que las concomitancias son aún más claras que en Guerra, Coppola o Joffe, entre otros.

El escritor argentino Abel Posse (n.1934), partiendo muy posiblemente del final de Aguirre, la cólera de Dios, inventa una excelente fábula fantástica sobre Lope de Aguirre y su ejército perdido en la selva amazónica, en su muy recomendable novela “Daimón” (1978), que J. J Armas Marcelo comparó, por su calidad, con “Cien años de soledad” (aunque actualmente se arrepiente de esta exagerada comparación).

Diego Moldes
Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com

ESCRITOR (Pontevedra, 1977). 15 libros publicados como autor (ensayo, poesía y novela). 50 libros como coautor. Doctor en Ciencias de la Comunicación Historiador de cine.

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