28 SEMANAS DESPUÉS

28 SEMANAS DESPUÉS

28 SEMANAS DESPUÉS

**Interesante

Sorprende la elección de Juan Carlos Fresnadillo como director de esta secuela. Ante el éxito de 28 días después (2002), de Danny Boyle, los productores decidieron rodar una segunda parte más apocalíptica si cabe. Buscaban a alguien joven, con vigor narrativo, frescura y noción del ritmo. A priori, el cineasta canario tenía una escueta filmografía como para que se fijasen en él: los cortos Esposados (1996), -candidato a un Oscar-, y Psicotaxi (2002), en el que el propio Fresnadillo acompaña a A. Jodorowsky en un taxi entrevistándolo por las calles de París y el largo Intacto (2001), thriller inusual. Cuando Boyle vio Intacto supo cuál sería su elección: Fresnadillo. Juzgada desde el éxito de taquilla acertaron en la elección. Pero, ¡ay!, el triunfo artístico es otro cantar: la cinta hace aguas por todas partes. Y yerra precisamente en donde no debería fallar, el guión Fresnadillo y el coguionista E. López Lavigne tardaron un año en escribirlo. El esfuerzo está ahí. El talento artístico brilla por su ausencia. Desde que un jovencísimo George A. Romero -28 años- dirigiese con poquísimo dinero y mucha imaginación la excelente Night of the Living Dead (1968) en su ciudad –Pittsburg-, casi sin medios, al modo amateur, el cine de zombies no ha sabido librarse de ese influjo envenenado. Las sucesivas secuelas del film tampoco lo han puesto fácil. Ya casi nadie se fija en la fértil herencia del Jacques Tourneur de la magistral I Walked with a (1943) o del Victor Halperin de la extrañísima White Zombie (1932). Para los nuevos cineastas estas cintas son prehistoria, empero aquellos films abrían más vías de exploración profunda del inconsciente que la genialidad de Romero, que, al igual que Psicosis, sólo ha dejado como epígonos unos subproductos que abogan por el efectismo gratuito, el susto fácil y la parafernalia audiovisual. Y ése es el gran defecto de 28 semanas después, su voluntad efectista. Bajo un tamiz estilístico muy siglo XXI (extensible también a su temática post-apocalíptica) esconde una ausencia de miras pasmosa, una total falta de ambición de profundizar en unos temas que dispersa inteligentemente en sus primeros treinta minutos pero que en seguida abandona, presa de la acción desenfrenada, la locura sanguinolenta, la música estridente y molestamente reiterada o los ojos inyectados en rojo-sangre de los ciudadanos infectados. Fresnadillo abandona el conflicto familiar de pareja y paterno-filial (lo más interesante de la historia), para abocarse a un frenesí delirante de efectos gratuitos. Apunta a un discurso inteligente en el que arroja retazos de los males contemporáneos: armas químicas, ocupación militar de un país en manos de otro, anarquía callejera, desmembración del núcleo familiar, miedo xenófobo, amoralidad del ejército… Pero ese discurso enfrascado dentro de un subgénero propio (el cine de zombies como variante del cine de terror) no acaba nunca de concretarse, muy al contrario, se dispersa, deviene en una segunda parte acomodaticia, previsible, histérica e insufrible. Ignoro si ha sido por falta de talento o por imposiciones del sistema de producción para obtener una mayor rentabilidad económica.

Diego Moldes
Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com

ESCRITOR (Pontevedra, 1977). 15 libros publicados como autor (ensayo, poesía y novela). 50 libros como coautor. Doctor en Ciencias de la Comunicación Historiador de cine.

No hay comentarios

Escribe un comentario aqui...