En el nombre del padre

EN EL NOMBRE DEL PADRE

En el nombre del padre

FICHA TÉCNICA

Título original: In the Name of the Father. Año: 1993. Dirección: Jim Sheridan. Producción: Jim Sheridan. Guión: Gerry Conlon, Terry George y Jim Sheridan. Reparto: Daniel Day-Lewis, Emma Thompson, Pete Postlethwaite, Saffron Burrows, Jamie Harris, Corin Redgrave, Don Baker, Sean Lawlor, Jer O’Leary, Tom Wilkinson. Música: Trevor Jones. Fotografía: Peter Biziou. Duración:  133 minutos. Color.

UNIVERSAL PICTURES

 

EL CINE POLÍTICO

Al mercado cinematográfico del mundo anglosajón no le suelen agradar los films excesivamente polémicos y de contenido abiertamente político. Algo muy diferente a lo que ocurre en los países mediterráneos (quizá por que son mercados mucho menores en cifras de taquilla): en España, Italia, Francia o Grecia sí suelen –o al menos solían, hasta hace bien poco- ser bien acogidas las películas políticas, ahí están, sin ir más lejos, Gillo Pontecorvo y sus guiones con Franco Solinas, Elio Petri y Francesco Rosi, en Italia; los diferentes guiones del exiliado español Jorge Semprúm para el greco-francés Constantin Costa-Gravas, para Yves Boisset y para el gran maestro Alain Resnais. Pero, ¿qué queda de aquel llamado cine político? ¿De aquellas obras de izquierdas que tanto éxito tuvieron entre la intelectualidad europea y latinoamericana de los años sesenta y setenta? Muchos fuegos de artificio y algunas grandes películas: tres o cuatro de Costa- Gavras y de Boisset, escritas por Semprún, Salvatore Giuliano, de Rosi, La batalla de Argel, de Pontecorvo, Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha, de Petri, Sacco y Vanzetti, de Montaldo y poco más. De todas ellas Resnais y Semprún quizá crearon una de las más conscientemente polémicas, La guerra ha terminado (La guerre est finie / Kriget är slut, 1966).

En España, mucha obra metafórica durante el tardo-franquismo, pero ausencia de ataques frontales, directos, al franquismo, a la dictadura fascista. Para eso había que filmar desde el exilio francés, ahí está la excelente La guerra ha terminado, escrita por Semprún y dirigida por Resnais. Muerto el dictador, el comunista Juan Antonio Bardem rueda en España El puente (1976) e inaugura, en cierto modo, una tendencia. Tendencia poco fructífera, dicho sea de paso. El mundo anglosajón ha tenido más problemas para hacer cine de denuncia. Los casos recientes más conocidos quizá sean el cine militante del inglés Ken Loach en el Reino Unido y el más comprometido (y a mi juicio de mayor calado dramático) del indie neoyorquino John Sayles en Estados Unidos, aunque éste último haya dado muestras con cuentagotas (y más como escritor que como cineasta).

 

EN EL  NOMBRE DE JIM SHERIDAN

Sólo este ninguneo anglosajón hacia el cine político puede explicar cómo una obra tan célebre como En el nombre del padre se fuese de vacío en los principales certámenes de habla inglesa en los que había sido nominada: en Hollywood fue candidata a siete Oscar y no obtuvo ninguno, en Nueva York optaba a cuatro Globos de Oro y tampoco ganó nada, en Londres optó a dos premios BAFTA y tampoco consiguió ninguno. También fracasó en los European Film Awards, dicen que bajo presiones del gobierno británico. Ello lejos de perjudicar al film lo engrandece: indica su valentía, su poder de denuncia y sus aires comprometidos. La campaña contra la película en los estamentos oficiales no funcionó y se convirtió en un rotundo éxito comercial. El éxito crítico fue paralelo, sobre todo desde la premiere en el Festival de Berlín y el consiguiente Oso de Oro.

Jim Sheridan (Dublín, Irlanda, 1949) pone el cine irlandés en el mapa cinematográfico internacional. Es un hombre hábil, con mayores dotes como productor que como director. Comenzó como director teatral en su Dublín natal, pero en seguida se marcha a Nueva York con su mujer y sus hijas, a estudiar cine. Allí aprende el oficio tras la cámara y, sobre todo, que una historia bien escrita o bien dialogada no tiene por qué traducirse en una película bien resuelta. Es decir, aprende a pensar en imágenes y no en párrafos. Tiene claro que para poder hacerse un nombre produciendo desde su querida Irlanda, debe salirse del mainstream y el cine convencional. Ahí están las estupendas y novedosas Mi pie izquierdo y El prado.

¿Cómo definir el tipo de cine que practica Jim Sheridan? Quizá cine de alegato, cine con mensaje y aires políticamente correctos (aunque en apariencia parezca justo lo contrario, incorrecto, la denuncia de las injusticias siempre es algo que goza del beneplácito del público). Su caligrafía audiovisual es transparente, su cine, al igual que el de otros cineastas irlandeses que completaron su formación en Norteamérica –pienso en Neil Jordan o Pat O’Connor-, es una especie de esperanto cinematográfico, puede que su punto de vista sea irlandés -como lo era el Michael Collins (1996) de Neil Jordan- pero su estilo es internacional, no tiene ninguna seña de identidad nacional definida, pudiera haber sido producido en cualquier otro país anglófono, Canadá, Reino Unido, Australia, Estados Unidos… Eso lo hace apto para públicos de todo el planeta.

Sheridan nos sorprendió con la fenomenal Mi pie izquierdo (My Left Foot: The Story of Christy Brown, 1989), un gran éxito de público, luego realizó inmediatamente una obra aún más intimista, El prado (The Field, 1990), a la que siguió En el nombre del padre (In the Name of the Father, 1993), acaso su obra más célebre. Tras un paréntesis de un lustro sin rodar dirige The Boxer (1997), que retoma la temática del IRA y la de las injusticias, aunque desde el plano de un boxeador convicto y, por tanto, del retrato más individualizado, otra vez con Daniel Day-Lewis. Luego film en Estados Unidos En América (In America, 2002), obra correcta pero que no alcanza el éxito de su predecesoras. Su obra da un giro extraño con Get Rich or Die Tryin’ (2005), protagonizada por el cantante de rap apodado “50 Cent” (Curtis James Jackson III). En el verano de 2008 concluye el montaje de Brothers (2008), con un reparto joven de talento: Natalie Portman, Jake Gyllenhaal y Tobey Maguire; se trata de un remake de la película danesa Brødre (2004), escrita y dirigida por Susanne Bier.

La rareza y la originalidad de sus dos primeras obras no la ha vuelto a cultivar Sheridan, sobre todo si comparamos su corpus creativo con su primer film, Mi pie izquierdo, la extraña vida de un anónimo pintor irlandés llamado Christy Brown que conseguía vencer su parálisis y pintar con su único miembro disponible, su pie. El hábil argumento de En el nombre del padre también se apoya en hechos reales, los llamados casos de los cuatro de Guildford y los siete de Maguire. Cuando el IRA colocó una bomba en un pub de Guildford que costó la vida a cinco personas e hirió a otras sesenta y cinco el Gobierno Británico buscó un cabeza de turco; al no hallarlo condenó injustamente a cuatro ciudadanos irlandeses (los cuatro de Guildford), los hippies Gerry Conlon (magistralmente encarnado por Daniel Day-Lewis) y sus amigos Paul Hill, Carole Richardson y Paddy Armstrong, así como a los siete de Maguire. Una docena de personas que fueron torturadas salvajemente y permanecieron en la cárcel contra todo pronóstico –condenados sin pruebas- durante quince años. Como muy bien sabemos en nuestro país o en algún otro (de Serbia a Israel, pasando por Estados Unidos), en ocasiones el terrorismo también puede partir del Estado. Merced a unas portentosas interpretaciones –en especial Emma Thompson, en estado de gracia-, a un guión inteligente y una atractiva banda sonora, Sheridan consigue la empatía con el espectador –pienso en la descripción de las torturas-, algo difícil en una obra dura, de denuncia sociopolítica y aliento trágico. Lástima que su lenguaje fílmico raye en ocasiones lo convencional.

Sin embargo, Sheridan consigue un acierto que es digno de señalar: convierte un alegato político (algo muy aburrido de ver en el cine) en una película de juicio, un tipo de cine que en Estados Unidos ya se ha convertido, a fuerza de repetirse, en un subgénero con códigos narrativos propios e intrínsecos. La realización en la parte del proceso judicial en la sala del tribunal donde son juzgados los cuatro de Guildford y los siete de Maguire está filmada con efectividad, eficacia, brío y dominio de la planificación de la puesta en escena. Sheridan logra que un tema tan árido y espinoso como el del Irlanda del Norte y el Ulster[1]se convierta en algo familiar. Progresivamente va acentuando nuestro punto de vista (como espectadores) con el de la persona de Gerry Conlon, en especial cuando está en prisión y es sometido a torturas y vejaciones, su descubrimiento del verdadero culpable, el motín carcelario, el postrer intento de asesinato del alguacil, etcétera., consiguiendo lo más difícil en el cine, la literatura o cualquier expresión narrativa: la plena empatía. Si sentimos lo que Gerry Conlon siente, si vivimos las miserias, sufrimientos e injusticias padecidas por Gerry Conlon, entonces, sólo, entonces, podremos comprender, sentir, percibir, la represión a la que el Reino Unido sometió a algunos ciudadanos irlandeses o norirlandeses que nada tenían que ver con el IRA ni, por supuesto, con ninguna actividad terrorista. La historia, parece querer decirnos Sheridan, siempre hace que paguen justos por pecadores.

Diego Moldes

[1] Irlanda del Norte (Northern Ireland, en inglés; Tuaisceart Éireann, en irlandés) es un país constituyente (constituent country) del Reino Unido, que se encuentra al nordeste de la isla de Irlanda, corresponde a la mayor parte del Ulster. (Fuente: Wikipedia.org).

Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com

ESCRITOR (Pontevedra, 1977). 15 libros publicados como autor (ensayo, poesía y novela). 50 libros como coautor. Doctor en Ciencias de la Comunicación Historiador de cine.

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