Entrevista a José Luis Garci, por Diego Moldes

Entrevista a José Luis Garci, por Diego Moldes

Madrid, octubre de 2016.

Las 7 maravillas del cine es el decimoséptimo libro que publica José Luis Garci (Madrid, 1944), director, guionista, productor y escritor. Amante del fútbol, el boxeo, Nueva York, los cócteles (cfr. Beber de cine). Garci, primer director en obtener un Oscar para el cine español y miembro por tanto de la Academia de Hollywood, ha sido elogiado y vituperado, alabado y atacado, como cineasta, casi a partes iguales. Su otra faceta, la de máximo divulgador de cine en televisión, la de nuestro mayor cinéfilo experto y veterano, uno de los tres o cuatro más importantes que quedan en España, ha supuesto un fenómeno sociológico en nuestro país durante los últimos veinte años.

Como cinéfilo de memoria prodigiosa y verbo inspirado, Garci no sólo ha conformado el gusto estético de un par de generaciones, desde adolescentes hasta los que hoy rebasan ya los cuarenta, sino que con sus criterios de programación televisiva ha condicionado hasta la industria del DVD desde su aparición en 1997  (y, desde 2007, del Blu-ray) y sus ediciones y reediciones de cine clásico y lo que los yanquis llaman ahora modern classics (desde El padrino a Heat o Braveheart, para entendernos), Garci, digo, ha establecido el nuevo canon cinéfilo de los años setenta, ochenta y noventa del pasado siglo.

Como escritor, su reconocimiento es más tardío, pero su actividad se remonta a sus tiempos de veinteañero, en los años sesenta y setenta. En contra de lo que se pueda creer no todos sus libros son de cine.   Garci, como autor de libros, cuenta, en 45 años transcurridos desde 1970 hasta 2015, con nueve “libros de cine”, desde el seminal Morir de cine (1990) hasta este fenomenal Las 7 maravillas del cine (2015), que acaba de ver la luz. Los ocho libros restantes que no son libros de cine, en sentido estricto son: tres libros de relatos y cuentos en los años setenta (Bibidibabidibú, 1970, Ediciones CuentAtrás; Adam Blake, 1973, Manuel Castellote Editor; La Gioconda está triste, 1976, Sala Editorial) dos ensayos de ciencia ficción (Ray Bradbury, humanista del futuro, 1971, Editorial Helios, Cine de ciencia ficción, 1973, Buru-Lan, SA de Ediciones) que deberían ser reeditados, sus dos guiones editados –La cabina, coescrito por Antonio Mercero, 1973 y Volver a empezar, con Ángel Llorente, 1983– y un reciente libro de fútbol (Football-days, 2014), del que es un auténtico experto (es un reconocido colchonero).

He leído todos sus libros de cine y concuerdo con lo que dijo el desaparecido escritor Francisco Umbral: “Garci no es que escriba bien: es escritor y de los mejores.

Cuando ya creía que lo había leído todo, de él y sobre él, Garci, personalidad proteica, amigos de sus amigos y, definitivamente, de pensamiento libre e independiente, nos sorprende con este Las 7 maravillas del cine, un libro que condensa las mejores esencias de su escritura, su vasta cultura y su mirada personal.

Nuestro encuentro tuvo lugar en el restaurante asturiano Carlos Tartiere, en Madrid, junto a los editores, Enrique Alegrete y Guillermo Balmori, nuestro admirado poeta y erudito Luis Alberto de Cuenca y Prado (Madrid, 1950) [ya va siendo hora de que lo nombren Académico de la RAE, o de que le den el Premio Cervantes u otros], amigo íntimo de nuestro querido director, y el periodista Moisés Rodríguez, de TVE, que ejerció de maestro de ceremonias y en quien descubrí a un hermano cinéfilo por ser un auténtico experto en la trilogía El padrino (objeto de su tesis doctoral). Los seis formamos parte junto a otros muchos  (un total de 22, como los arcanos del tarot) del libro colectivo El universo de Orson Welles, del que se acaba de celebrar el centenario de su nacimiento. Juan Cruz lo llamó “La selección española” de la cinefilia, once titulares y once suplentes, en el Canal 24 horas, de la que Garci, como prologuista del libro, sería su Seleccionador.

Durante la sobremesa Garci, estuvo espléndido, como siempre, locuaz, irreverente, sincero, todo un personaje irrepetible de la cultura española de nuestro tiempo, le pese a quien le pese. Y, aunque diga que se ha jubilado de la dirección de cine, continúa activo e inquieto, viendo mucho cine (actual y clásico), escribiendo, participando en programas radiofónicos como tertuliano de lujo y agudo comentarista y como miembro de academias como la de Bellas Artes de San Fernando.

Comenté durante el café que Garci no era un director y escritor de mirada melancólica, como se ha dicho en ocasiones, sino de memoria nostálgica, que no es exactamente lo mismo. Luis Alberto, culto filólogo y políglota, nos explicó que nostalgia viene del griego νόστος «regreso» y ἄλγος «dolor», un sentimiento o necesidad de anhelo del pasado, de la necesidad de recordar las dichas perdidas del pasado. En contra de lo que dice el diccionario RAE, no creo que sea “una pena de verse ausente”, ni de “una tristeza melancólica”, creo que la nostalgia es como Garci la refleja en dos de sus obras maestras You’re the one (Una historia de entonces) y en Tiovico c.1950, es decir una memoria cariñosa por los amores pasados y las amistades perdidas.

No veo en ello nada de enfermizo, ni mucho menos patológico, y sí una legítima necesidad humana por asir el Tiempo, por retenerlo, por rememorar los instantes más inolvidables de eso que llamamos la vida, tan fugaz, tan vertiginosa, tan efímera. La vida cuando es, está dejando de ser y sólo la memoria nos hace humanos. Garci ha logrado captar esto, tan fácil de sentir y tan difícil de expresar, en muchas de sus películas y en algunos de sus libros. La entrevista fue casi una conversación cinéfila, que es donde algunos nos sentimos más cómodos. La ventaja de entrevistar a Garci no es sólo la de la charla o el aprendizaje o sus cientos de anécdotas (su memoria es portentosa, visual y sonora), sino en que dice lo realmente que piensa, sin tapujos ni imposturas de ningún tipo.

P. Bote pronto, de no haber existido estas 7 obras maestras (Vertigo, Ordet, Casablanca, El padrino, Perdición, El hombre que mató a Liberty Valance, 2001 una odisea del espacio) ¿cuáles hubiesen sido las otras siete que habrías elegido?

R. Uff, es difícil decirlo. Están en el libro [se refiere a al capítulo “Hoy pasamos lista”, página 471] creo: La evasión, Tú y yo, Los diez mandamientos, Qué verde era mi valle, Los mejores años de nuestra vida, Te querré siempre y Matar a un ruiseñor, por ejemplo.

Incluyes listas (30 títulos) de 70 cinéfilos amigos tuyos. ¿Con cuál de estas listas te identificas más en cuanto a coincidencias o preferencias cinéfilas con tus amigos?

Como diría el viejo proverbio, “con todas y con ninguna”, porque ninguno ha elegido mis treinta. Con alguno en coincidido en cinco.

¿Con cuáles te identificas?

Nunca lo he pensado, pero… con Miguel Marías, por poner uno. Con Miguel Marías.

La lectura de tu libro me ha servido para darme cuenta de la importancia que le das al guión y a los coguionistas, coguionistas directores, como elemento esencial para construir un film. Creo que eso lo has sobrevolado en el libro, pero no has profundizado lo suficiente, salvo en el magnífico capítulo de Perdición y en el de 2001, con Arthur Clarke.

Yo creo que, al estar en las dos orillas del río, sigo pensando que es mucho más difícil escribir una película que dirigirla. Porque al escribir estás solo o con un amigo o con una amiga, mientras que para dirigir estás rodeado de gente que te da lo mejor de sí mismo, sus mejores ideas… lo mejor para poder sacarle partido máximo a la película. Entonces el guión, bueno, no lo digo yo, creo que lo dice todo el mundo sensato, el guión y los intérpretes es lo más importante con lo que cuenta un director para trasladar la idea que tiene de llevar al cine una historia, de contar una película. El guión es fundamental, es la primera base. Yo no sé si le pasa a la gente cuando tú escribes no es lo mismo el primer desbrozo que haces, que cuesta mucho, que cuando ya tienes algo, y sobre ese algo ya vas construyendo, vas más seguro, ya estás más apoyado… Bueno, pues el guión es eso, es esa primera mano de pintura, ya sabes que la escena de él y ella se desarrolla por la mañana, ella sale con el pelo mojado de la ducha, se ha puesto una bata, está muy guapa, él está preparando el café, ¡tienes algo!, luego te puede salir mejor o peor, pero el guión es fundamental,… y los actores.

¿Y la reescritura?

Sí, se reescribe durante el rodaje. Reescribir siempre es más fácil que escribir. El principio siempre es lo más difícil.

¿Con quién te has sentido más a gusto escribiendo guiones?

Con los que he estado. La primera parte de mi carrera con Sinde, con José María, que éramos como hermanos…y la segunda parte de mi carrera con Horacio Valcárcel, que han sido treinta años. La intimidad que logras con un colaborador es mucho más grande que la que tienes con cualquier relación sentimental…, con una mujer con la que compartas tu vida o, si eres homosexual, con un hombre, tarde o temprano ocultas cosas, hay engaños, pequeñas mentiras… Con un colaborador en un guión está todo puesto encima de la mesa. Yo la relación más grande que he tenido en mi vida ha sido con Horacio Valcárcel, antes la tuve de amistad con Sinde, pero, pero…lo días que tienes problemas y el otro lo sabe…los días que el otro está preocupado, tiene mal un hijo o está peleado con su mujer, todo eso conforma algo totalmente…

Un compañerismo también…

Sí, claro, ser colega, ser amigo, ser un tipo que está ahí hasta el último momento… Eso no quiere decir que no discutas, que la escena debería mirarse de esta forma o de esta otra, pero… yo creo que la relación sentimental más fuerte que yo he tenido ha sido con la gente con la que he escrito.

Hablando de escritura… ¿Qué libro de cine imprescindible recomendarías para los más jóvenes estudiantes de cine? Para los más jóvenes, los que tienen ahora entre 18 y 22 años y están empezando a conocer el cine, qué libro les darías para leer, para interesarse por el cine, porque leer de cine es otra forma de “ver” cine, ¿no?

Bueno, es complicado, un libro de cine que te explica cómo ser director en siete días, o cómo ser guionista y todo eso, yo creo que no deben leer ninguno. Si lo que te gusta es acercarte al cine como mitología, hay un libro estupendo de David Niven  que se llama Traigan los caballos vacíos [Bring the Emply Horses, Ed. Española: Noguer, Barcelona, 1976], que es una verdadera joya y describe muy bien un mundo que ya se ha perdido, que era aquel Hollywood lleno de talento… de gente realmente fascinada. Puedes leer ¿Qué es el cine? de André Bazin, que es un magnífico libro que te acerca… todos los que estén escritos con amor, con cariño, es muy difícil que… Exterior noche de Juan Cueto también es muy bonito. Lo que tú dices, yo creo que no es necesario, porque la iniciación al cine ya la llevas por las películas que has visto, ya no sabes por qué te atrae el cine si te has acercado con diez años, con doce, con trece, con lo cual un no  necesita ningún libro para que te acerque a las películas. [Pausa, pequeña interrupción.] Así, alguno, gente que ha escrito sobre grandes películas como Guarner, Miguel Marías, Alfonso Sánchez… Pero bueno, si tuviera que elegir uno, elegiría la Historia del cine, en dos tomos, que escribió Ángel Zúñiga, en Barcelona…, que es una verdadera maravilla. [Una historia del cine Barcelona: Destino, 1948].

Está descatalogado.

¿Está descatalogado? Pero bueno… pues ese es un libro precioso, un libro magnífico, de iniciación. La iniciación… De iniciación, por así decirlo, la Iniciación al cine moderno, por Alfonso Sánchez.

Ah, lo tengo…

¿Sí? Y está muy bien… Pero bueno, yo lo que les recomiendo es que vean películas, a poder ser no solos, que luego lo recordarán, si lo ven con la novia, o un amigo, o con su madre o con su padre, ése recuerdo durará toda la vida cuando lo has visto con tu padre…

 

Totalmente… Y ahora dos discrepancias. Esto si quieres no lo ponemos en la entrevista.

(Riéndose) A estas alturas de la película ya no tengo nada que ocultar.

Comparto contigo cuatro de tus siete maravillas: Vértigo, Ordet, Casablanca, 2001 y quizá El Padrino I y II, pero del noir antes que Perdición (buenísima), prefiero Laura, Retorno al pasado y Sed de mal, como mi top tres, cimas del cine negro. ¿Qué opinas? ¿Las consideras al nivel de Perdición o a qué nivel?

¡Laura! ¡Sed de mal! Están las tres en mi libro, en mi lista. Si tuviese que elegir una de esas tres, bajo tortura, elegiría Retorno al pasado. Pero bueno…

De acuerdo. Mi segunda discrepancia en todo el libro, y creo que Guillermo Balmori estará de acuerdo conmigo, es en la página 229, te cito: “Kubrick cambia el cine. Recordemos que, antes que él, solo lo hicieron Griffith, Chaplin, Eisenstein, Welles, Rossellini y Godard.” Discrepo en este último: Godard en 1959 no inventó nada, formalmente hablando, Godard no hizo nada en el 59 que no se hiciese ya en Italia y en los cines del Este, por lo menos desde 1953. Sin querer con esto quitarle mérito a Godard, pero quizá su posición en la Historia del Cine está algo sobrevalorada. ¿Por qué defiendes tanto a Godard?

No, vamos a ver, Godard no está entre mis directores preferidos.

No, no he dicho eso.

Pero que cambia el cine sí. Cuando él hace À bout de souffle(Al final de la escapada) nadie rueda como rueda él. Probablemente porque no tenía medios, probablemente porque no tenía otra manera de rodar, porque no sabía cómo se rodaba una película, rueda un plano corto de alguien y no hay plano-contraplano, en el montaje corta de tal manera que eso no se había hecho, corta de un plano a otro, con un encadenado, por un fundido, creo que…

Shadows (1957-1959), a lo mejor, Cassavetes.

Sí, pero de otra forma. No es como Godard. Godard, por lo que sea, modifica el cine, se carga los estudios, rueda en las casas, se acaba el sistema de estudios, se lo carga todo. Yo no creo que conscientemente, pero hace unas cosas extraordinarias, mezcla en una película las frases, los titulares de los periódicos, una fotografía en foto-fija, hace una mezcla rara, hace un pot extraño, donde las películas dejan de ser lo que eran, una historia que contaba narrativamente el acontecimiento de algo, sino que éste lo yuxtapone todo y hace algo… yo no sé si él lo pensaba o no, si la película era muy larga y queda cortada, como dice la gente, en la sala de montaje, pero evidentemente lo hace. Y en cambio, cuando intenta hacer una película tradicional, Le mépris, El desprecio (1963), ahí me parece que se equivoca.

Sí, pero es buena…

No, yo creo que no. En contra de todos los que la defienden, que son miles, para decir que el cine se ha acabado no hace falta filmar en Cinecittá vacía sin figurantes, con lo cual tienes una desolación, ¿pero ahí qué ha pasado, está cerrado el estudio, no hay nadie, sólo está el coche rojo del productor, de Jack Palance,

¿Te gusta más el díptico del sesenta y cinco, Alphaville y Pierrot le fou…?

Alphaville sin duda alguna es mucho mejor. Pero para esa explosión de colores y pop [se refiere a Pierrot le fou] es mejor Un extraño en mi vida [Strangers When We Meet, 1960] de Richard Quine. Es mucho mejor. Es mejor que todo. La chaqueta roja de Kirk Douglas, los labios de Kim Novak, el mundo verde de las urbanizaciones fuera, los autobuses que recogen a los niños, los martinis junto a… ¡Quine! ¡Eso es lo que ha intentado hacer Godard y es muy difícil de hacer y que le salga como le ha salido a Richard Quine! Entonces, eso no quiere decir que no tiene mérito Godard de haber inventado una nueva manera de hacer cine. No es la mía, yo estoy más en lo tradicional.

Hoy hubiera escrito que el cine, y esto sí puede traer polémica, pero esto no es un problema, que el cine americano lo inventa el movimiento del doctor Caligari…

Es que el cine americano es un invento europeo.

Sí. Lo inventa la luz blanda del Doctor Caligari, lo inventa la República de Weimar, las películas que se hicieron después de la Primera Guerra Mundial. ¡Esa luz es la que va a Hollywood! Es la luz de Fritz Lang, es la luz de Preminger, es la luz de Billy Wilder, eso es el Expresionismo Alemán el que crea Hollywood. Eso es lo que, vosotros, que sois los que tenéis que hacerlo, empezaseis a escribir un libro sobre la influencia que tuvo la República de Weimar no sólo en la literatura, Berlín Alexanderplatz, Walter Gropius en la arquitectura, sino en el cine. Cambia el cine. Griffith rueda de una manera clásica, dickensiana, parece Dickens haciendo cine…, pero estos, buah, cuentan la historia de otra manera, ellos inventan el cubismo. ¡Qué sería de Picasso sin El gabinete del doctor Caligari! Están inventando otras cosas, pero bueno…

Sí, claro. Hollywood en el año once, doce, lo inventaron europeos fundamentalmente.

Sí, pero Griffith se inventa la gramática, la ‘pe’ con la ‘a’, ‘pa’. Eso lo inventa Griffith. Insisto, el montaje de atracciones paralelas, es Dickens, es la gran novela. Pero bueno…esto es lo bonito que tenía el programa, que parece que estamos en Qué grande es el cine contándole a la gente, como, si parece que estamos en un cineclub, de charla distendida en la universidad, lo que supuso el cine…la unión del cine con la cultura, con la música, en fin…, ¿qué te voy a contar?

Pues nada, muchas gracias. Estoy de acuerdo en lo que dices, pero insisto que poner a Godard al nivel de Griffith, Chaplin, Eisenstein, Orson Welles, me parece exagerado, que lo sobrestimas.

Pero, ya, ya, pero Diego, que yo no soy godardiano… Todos los chicos jóvenes de ahora… Vamos a ver, la izquierda de Europa se vuelca sobre la Nouvelle Vague, en los mismos años que están haciendo las películas la Nouvelle Vague, pasa inadvertida Siete mujeres, de Ford, pasa inadvertida Una trompeta lejana, de Raoul Walsh…

No se conocía el cine del Este, porque yo he visto cine ruso y polaco desde el año cincuenta y tres….

Sí, sí, Kawalerowicz y todos aquellos. La escuela del Este.

Y era un cine muy moderno. Ya hacían lo que hacía Rosellini.

Sí. Pero El cuchillo en el agua [Polanski, 1961] es Godard. Godard lo inventa.

Pero la influencia de Polanski, y yo escribí un libro sobre él, no es Godard, es Rosellini, es Buñuel, es Lang. Toda la escuela de Lodz, me refiero.

Sí, sí. Pero yo no he visto una película de Polanski que me haya recordado a Rosellini en la vida… ¿Esto es Te querré siempre? ¿Esto es Roma cittá aperta? Lo dirá él.

Pero esos directores no conocían la Nouvelle Vague, cuando comenzaron en la escuela a hacer cine…

Yo creo que conocían la Nouvelle Vague mejor que nadie… ellos…Las veían en los pases, como aquí… Sí, sí seguro. Ten en cuenta que estamos hablando del año cincuenta y nueve. Truffaut, en el 59, Godard en el 59. Estos [los del Este] empiezan a rodar en los sesenta, avanzados, pero ya han visto todo. ¡Y Polanski! ¡Qué vivía en París! Acuérdate del bombero, y todo aquello. ¡Claro! Si lo veía todo el mundo. Todo el mundo sacaba el reclinatorio y veía a la chica en braguitas en esa escena maravillosa que era la actriz, la chica maravillosa…

Ana  Karina.

No, la otra.

Jean Seberg.

¡Jean Seberg! En braguitas. Se renueva el cine y se renueva todo. Son las nuevas fotos de la revista Look, los suplementos en blanco y negro de los periódicos, eso todo nace ahí. Por eso te digo que tiene una gran influencia.

Ahora que lo dices, que me quedé con la duda la otra vez que comimos, el libro de Carlos Fuentes, sobre Jean Seberg, Romain Gary.

Diana cazadora.

¿Está bien, no?

Está bien, pero es un poco… demasiado denso… cuéntalo de otra manera, más relajada… Si es estupendo… te enamoras de ella, ella también era una persona que estaba un poco…

Tocada, bueno, como Romain Gary.

Sí. Tuvo una historia con Ricardo Franco.

Sí, ah, no sabía. No recuerdo.

Sí. Con el joven Franco.

Lágrimas negras. El director de Lágrimas negras.

No, esa no la hizo ya él, murió en el rodaje. La otra, El manso, no, se llamaba… [Se refiere al personaje del El manso, que hizo Antonio Resines en La buena estrella, en 1997] Sí, ¡Ricardo Franco! Ricardito. Tuvo una historia con Jean Seberg.

 

Madrid, miércoles 17 de junio de 2015

 

Post Scriptum

 

Continuamos la charla en grupo. Garci sigue deleitándonos con su personalidad fascinante, su memoria de elefante, su afecto. Sus pasiones, que van de las mujeres al cine, del fútbol a la radio y al boxeo. Me dejo en el tintero una pregunta que sé que muchos de esos setenta amigos le han hecho, sobre por qué elige El hombre que mató a Liberty Balance de entre sus favoritas de Ford. (Anoto en el reverso de un papel: “De John Ford, Liberty Valance es magistral, pero quizá El hombre tranquilo, Qué verde era mi valle y Centauros del desierto están al mismo nivel.”) Quizá es ya conversación para otro encuentro, otra entrevista,  otra comida memorable. Acaso Ford ya da para un monográfico, un libro. O varios. Como bien sabe Garci, que lo considera el mejor director que ha existido.

 

Ahora que todo el mundo critica (que no es lo mismo que ser crítico) todo en Internet y parece que todos creen saber de todo, en la aldea global que predijo MacLuhan hace casi medio siglo, en un mundo digitalizado –que Garci aborrece, “no tengo e-mail, ni móvil”, me recuerda– en el que se confunde información con conocimiento (sin conocimiento no se puede establecer un canon, ni en cine ni en nada en la vida), veo a José Luis Garci, de baja estatura pero nunca pequeño, de gran corazón y mente despejada, como a ese gigante que encarnó John Wayne, ese Tom Doniphon en la inolvidable The Man whot Shoot Liberty Valance. Así es Garci. Recordemos así a Garci.

 

This is the West, sir. When the legend becomes fact, print the legend.

Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com
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