El Camino de Santiago y La vía Láctea de Buñuel

El Camino de Santiago y La vía Láctea de Buñuel

Diego Moldes González, 2021

Hace más de veinte años, a mediados de octubre de 2000, algunos afortunados pudimos asistir en Santiago de Compostela a un “Seminario sobre La Vía Láctea”, la película de Luis Buñuel. Fue organizado y coordinado en la Universidad de Santiago (USC) por el gran historiador de cine Ángel Luis Hueso. Recuerdo bastante bien cómo tuvo lugar una interesante conferencia-coloquio, entre Juan Luis Buñuel, hijo del célebre cineasta aragonés, su guionista francés habitual Jean-Claude Carrière, el doctor pontevedrés José Luis Barros –que hizo carrera en Estados Unidos y Madrid, entre otros países, y fue amigo íntimo de Buñuel y extra en varias de sus películas– y el historiador barcelonés Román Gubern.

Para los que formábamos la parroquia cinéfila más joven –yo por entonces tenía veintitrés años y trabajaba como guionista becario en Televisión de Galicia– aquello fue un verdadero festín. Recuerdo que al concluir las intervenciones y, abierto el turno de preguntas, le pregunté a Juan Luis Buñuel si era cierto que el infame Salvador Dalí (uno de los sujetos éticamente más deleznables que ha dado la historia del arte) había mandado una carta al director del MoMA, en plena Segunda Guerra Mundial, acusando a su antiguo amigo Buñuel de comunista subversivo. Buñuel, que por entonces trabajaba en el departamento de cine del célebre museo neoyorquino y, con su salario, mantenía a su familia, él, su mujer Jeanne Rucar y sus dos hijos, Juan Luis y Rafael (entonces niños de menos de diez años); fue despedido y presionado para salir del país. Nunca pudo trabajar en Estados Unidos y en Hollywood y, como todo el mundo sabe, recaló en México, entonces “la sal de la tierra”, en feliz expresión de Octavio Paz. Se nacionalizó mexicano e hizo carrera, construyendo una filmografía cuya influencia se extendería no sólo al cine sino a todas las artes y, muy especialmente, a los escritores latinoamericanos de los años cuarenta a sesenta, Cortázar, Rulfo, García Márquez, Fuentes

Juan Luis Buñuel me dijo que sí, que era cierto, que conservaba la carta en los archivos de su padre, en su domicilio parisino, y que aquel había sido uno de los episodios más tristes y vergonzosos de su vida. Gubern le interrumpió y le aclaró, dirigiéndose a mí, que no sólo daba fe de ello, sino que él tenía una fotocopia de esa carta en su casa de Barcelona. El cuchicheo y la estupefacción fue grande en el Auditorio da Universidade, en el viejo edificio universitario. Buñuel había solicitado la nacionalidad estadounidense en 1942, siendo rechazada su solicitud pese a tener contrato de trabajo y permiso de residencia, según las malas lenguas porque en un libro de memorias suyo, The Secret Life of Salvador Dalí (Dial Press, Nueva York, 1942), Dalí lo volvía a acusar de comunista.

El fundador de la editorial Dial Press, Lincoln MacVeagh, era un influyente empresario, arqueólogo, político y culto diplomático (llegó a ser embajador estadounidense En España y en Portugal, en plena Guerra Fría), de esos que “mueven los hilos”. La familia MacVeagh, de larga tradición diplomática y empresarial, era una de las más influyentes en Nueva York y Washington. Poco después, Dalí hizo contactos en Estados Unidos, muchos de ellos se los había dado el propio Buñuel, que llevaba viviendo en el país norteamericano desde 1938 y lo haría hasta 1945. Y logró trabajar con el mismísimo Hitchcock en la célebre secuencia onírica de Recuerda (Spellbound, 1945). Un avispado comerciante el malnacido de Dalí.

Buñuel dirigiendo La vía láctea

En fin, durante el acto se evocaron las filmaciones –algunas de ellas clandestinas y otras con permiso– en Santiago de Compostela y otras localidades del Camino de Santiago, de La voie lactée, en el conflictivo año de 1968. Los que tienen más de setenta años y fueron estudiantes entonces aún lo recuerdan. La voie lactée se proyectó por vez primera en Italia el 28 de febrero de 1969, siendo vista durante ese año en el Festival de Berlín y en cines de la RFA, Francia, Estados Unidos o Reino Unido. Y en 1970 en otros muchos países.

En España fue prohibida por la dictadura y no se proyectó hasta el fin legal de la censura cinematográfica, que no fue en noviembre de 1975, como se podría pensar, sino en 1977, tras las elecciones democráticas de junio. Se trata de una película peculiar, quizá no una obra maestra buñueliana, pero sí poseedora de un enfoque muy persona sobre el peregrinaje a Compostela. En aquellos días del otoño de 2000, también se pudo ver la exposición “El mundo secreto de Luis Buñuel”, con fotografías, piezas y objetos de aquel rodaje. Y de otros rodajes suyos. Reerdo que el doctor Barros comentó que, para rodar en el casco viejo compostelano, Buñuel se paseaba de incógnito, siendo otro cámara el que asumía el protagonismo cuando se acercaban las autoridades. Les decían que era un documental a los miembros de la guardia civil que se aproximaban. Algo semi-clandestino.

Recuerdo también que, volviendo a ver la película entonces, pensé que a lo largo del siglo XX se habían filmado pocas películas conocidas ambientadas en el Camino de Santiago. Ciertamente las hay, pero eran pocas y de escasa difusión. Este Año Xacobeo me parece buen momento para recordarlo. El Camino puede evocar historias cinematográficas o literarias muy potentes y variadas.

Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com
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