Directores artísticos europeos en el Hollywood clásico (1912-1960)

Directores artísticos europeos en el Hollywood clásico (1912-1960)

 

 Por Diego Moldes

 Muchos de nosotros, tribu cinéfila (escritores, editores, críticos, historiadores, periodistas especializados, docentes, investigadores, aficionados), al hablar de las películas americanas hemos escuchado la palabra ‘europea’ en términos peyorativos, como sinónimo de intelectualoide, cultureta, cine de autor, casi siempre de ritmo lento, cansino o incluso soporífero. La acción del cine norteamericano frente a la reflexión del cine europeo. Un topicazo, cierto, pero todo tópico esconde algún tipo de verdad. Y algo que desmienten cientos de ejemplos a ambos lados del charco. Pero el tópico está servido. La idea del cine europeo como cine tostón parte de la Nouvelle Vague y se instalan en el cineclubismo europeo de los años sesenta y setenta. Aún pervive. La realidad es tozuda y la verdad es que siempre se ha hecho cine de género en Europa –como creo que demostré en mi libro El cine europeo. Las grandes películas, 2008– y cine de autor en Estados Unidos, incluso en Hollywood (pues no todo del cine estadounidense era o es de Hollywood). Durante la primera mitad del siglo XX el cine europeo era casi todo de género, comercial, y el cine de autor, tipo Buñuel y Dreyer, eran anomalías, generalmente financiadas por mecenas y aristócratas (La edad de oro o Vampyr serían ejemplos sobresalientes).

Sin embargo, la realidad social se impone: la mayor parte de la cinefilia creció y crece marcada por el cine de Hollywood, que instauró no sólo una forma de hacer cine, sino de ver cine, ergo el MIR o Modo Institucional de Representación (otros lo escriben MRI). Dicha forma de narrar nace con Griffith, que bebe de Dickens, como nos recuerda siempre el académico Pere Gimferrer, y en ocasiones, algo más tardíamente, del montaje de Eisenstein. Los judíos de Europa central y oriental crearon Hollywood entre 1912 y 1923, fechas de fundación de los estudios Universal Pictures y Warner Bros respectivamente. En esos once años, un periodo tan breve de tiempo, se creó la industria del cine y el medio de masas que más ha influido en la cultura del siglo XX, inclu

THE ADVENTURES OF ROBIN HOOD, Basil Rathbone, Claude Rains, Errol Flynn, director Michael Curtiz and many others on set, 1938

ida la radio y la televisión. Como demostró Neal Gabler en su estudio monumental, Un imperio propio. Como los judíos inventaron Hollywood, de cuya edición española me hice cargo, además de la introducción, apéndice y notas, las películas del Hollywood clásico, entendido como tal el que va desde ese 1912 hasta 1960 grosso modo, fueron producidas, dirigidas y escritas en gran parte por profesionales de ascendencia europea y, en

muchos casos, judía. Mi amigo Guillermo Balmori, autor de libros de cine fabulosos sobre la comedia y el melodrama, editor de Notorious Ediciones junto a Enrique Alegrete, y una de las dos o tres personas que más saben del cine clásico de Hollywood, auténtico especialista, emplea en las tertulias radiofónicas y televisivas el término europea en sentido peyorativo, esa película es demasiado europea. A él le apasiona el mundo de ensueño del cine clásico americano por su estética, su sublimación de la cultura Occidental, y por ende, cuando dice que le gusta una película es porque es muy americana. Es algo que le he escuchado muchas veces en nuestras charlas, comidas, reuniones, conversaciones telefónicas y mensajes por WhatsApp (a los que dijimos que no nos engancharíamos, y hemos fallado, pues lo usamos a diario).

Un calor bochornoso, termómetros derritiéndose a treinta y ocho grados a la sombra. Es el 10 de junio de 2017 y este tema en cuestión lo comento charlando en la Feria del Libro de Madrid con varios amigos cinéfilos que firmaban sus libros, primero con el poeta Luis Alberto de Cuenca, luego con el polifacético David Felipe Arranz, más tarde, en la caseta de Notorious, con el propio Guillermo Balmori, Moisés Rodríguez, gran profesional de TVE, Eduardo Torres-Dulce y José Luis Garci, que firmaban juntos como amigos, y que además me regalaron firmados sus últimos libros…de cine of course. Mi tesis, que Garci comparte, es que en sentido estricto no existe la civilización americana, o cultura americana, sino que eso que denominamos Hollywood, es un invento europeo. Les menté ese día lo que dijo Clint Eastwood, que sólo el jazz y el western son creaciones genuinamente norteamericanas, todo lo demás producido en Estados Unidos es una importación/adaptación de la cultura europea. Eastwood, nacido en 1930, sabe de lo que habla, creció por tanto en el apogeo del jazz y del western, pues fue joven en los años cuarenta y cincuenta. Aunque él no formó parte del cine clásico sino del moderno sí es un baluarte y defensor de las esencias clásicas.

 

Los que defienden una postura contraria a la mía, aluden que en el cine clásico había muchos profesionales nacidos y formados en Estados Unidos, basta mentar a Ford, Walsh, Hawks, Wellman o King Vidor, cierto, y que ello es extensible a los guionistas, algunos productores, intérpretes, músicos y compositores. En parte llevan razón. Les pregunto a todos ellos, ¿qué es lo que más te gusta del cine de Hollywood clásico? Casi todos acaban remitiendo no tanto a sus temas o contenidos –que como ocurre con la literatura y el teatro desde los griegos y latinos hasta la India, siempre han sido los mismos desde que el mundo es mundo, desde el Gilgamesh mesopotámico hasta la última película de Alien–, sino a su forma, a las formas audiovisuales, a aspectos estéticos. Lo que hace grande la obra fordiana o langiana no es su tema sino su forma artística. Y es que el cine clásico, si algo tenía, algo que se ha perdido, es que era bello, no sólo de una belleza extraordinaria, sino de una belleza que rozaba lo sublime, ya fuese en blanco y negro o en color. Su forma era estéticamente bellísima.

Mi tesis es simple. Si dejamos todo lo demás y nos centramos en la estética, es decir la dirección artística (art direction), la escenografía, que allí llaman production desing (diseño de producción), decorados, diseño de vestuario, etcétera, veremos que sus principales creadores no eran estadounidenses ni nacidos en América. Fueron los europeos, formados en las Humanidades y Bellas Artes de la cultura europea, los que crearon la estética del Hollywood dorado. Representaban el mundo de ayer, que diría Stefan Zweig, ese mundo de la alta cultura occidental que ya no existe. Dicho de otro modo, Hollywood no es europeo sólo en su origen sino también en su forma estética. Otro día podríamos hablar de la música de las películas de Hollywood, o de los operadores de fotografía, pero nos centraremos ahora en los directores artísticos, que en no pocas ocasiones también fueron diseñadores de producción y decoradores, a veces diseñando ellos directamente pero en la mayoría de las ocasiones supervisando a otros diseñadores y decoradores.

Su máxima era sencilla: el cine no tiene que ser realista sino que debe ser verosímil. La verosimilitud la vemos en Casablanca o en Robin de los bosques, ambas dirigidas por Michael Curtiz (Mihaly Kertez, húngaro), aunque sepamos de antemano que era decorados californianos y que el rodaje jamás se acercó al Marruecos colonial ni a los bosques de Inglaterra.

Hagan un ejercicio. Piensen en una película clásica americana que les guste mucho, tanto como para verla dos veces o más, no sé, en El mago de Oz, Espartaco, La diligencia o El apartamento. ¿Recuerdan cómo eran físicamente esas películas, sus decorados, los muebles, las calles o cómo se encuadraban y recreaban los paisajes en estudio? Todo eso, que asociamos a lo americano, es en realidad producto del talento genuinamente europeo, de emigrantes europeos para ser más exactos. Pues bien, esos ejemplos, que he pensado al azar (lo prometo, escribo mientras pienso, un domingo por la mañana en el despacho de mi casa), se pueden hacer extensibles a miles de películas tanto de serie A como de serie B.

Desde que llegó el cine sonoro, en 1927, hasta el ocaso del cine clásico –hay cierto consenso en que se podría datar circa 1959, si bien, otros lo adelantan a 1951 y otros lo atrasan hasta 1965 o incluso 1968–, que nosotros marcaremos en una fecha redonda, 1960, los estudios de Hollywood produjeron más de 14.000 largometrajes (el tope, en 1941 fueron 491 películas, según Tavernier y Coursodon vía AFI). Es imposible haberlas visto todas, aunque estoy seguro que Garci pudo haber visto más de la mitad, y Balmori le va pisando los talones, pues casi sólo ve cine clásico de Hollywood. Bien. Si de esas seis mil o siete mil películas viésemos quienes están detrás de su dirección artística y diseño de producción, modélicos, impecables, veríamos que detrás está el nombre de un profesional europeo, de un emigrante que llega a la Meca del Cine. El dinero era americano, cierto, dólares, como me decían esa tarde Eduardo y José Luis, pero el talento era europeo, su formación era europea. Los dólares compran talento pero no lo crean. Para otro día dejaremos qué significa ser europeo, que es la cultura europea en tanto que civilización occidental.

Afirmo que el cine americano, como toda la cultura americana (estadounidense es el término correcto, pero ellos se dicen a sí mismos american), es una sublimación popular de la cultura europea. Y el cine es una manifestación más. Lanzo la idea para un libro colectivo, en gran formato (como la de los catálogos de museos), en color, combinando diseños y fotogramas de esas películas que tanto amamos. Sería caro, necesitaría financiación pública o de alguna fundación. Quizá daría para una exposición masiva, bromeo en la feria del Parque del Retiro, en la Fundación Telefónica… Sonríe Garci, con sus gafas de sol, y me dice, qué pena que no viva Gil Parrondo, lo podría prologar él. Le respondí: no habría mejor prologuista, pero… ahí lo tienes Jose, otro director artístico europeo. Orgullo y pasión, Doctor Zhivago…ahí es nada.

Pensemos en las películas clásicas que amamos. ¿Quién está detrás al margen de sus estrellas y directores? ¿Por qué nos atrae tanto volver a verlas? Su forma es sublime. Y esa forma, fruto de un trabajo colectivo, es diseñada por su director artístico. Aquellos hombres, nacidos y formados en Viena, Berlín, París, Londres, San Petersburgo, Budapest, Praga, Cracovia, Moscú, Zúrich o Estocolmo, estudiaron en los principales centros culturales europeos disciplinas como pintura, escultura, arquitectura, teatro, diseño de interiores y de decorados. Participaron del gran cine alemán, francés, inglés o ruso de principios de siglo, pero, debido a las hambrunas y a las dos guerras mundiales, fueron paulatinamente llegando a América, muchos de ellos como refugiados. Se habló de la fuga de cerebros, referida a los miles de científicos que nutrieron desde Europa a EEUU (Einstein sería el más conocido, junto a los Oppenheimer y Enrico Fermi que crearon la bomba atómica), pero también hubo fuga de cerebros en las artes. ¿Qué buscaban? Lo primero salvar su vida y la de sus familias. Lo segundo, trabajar. Lo tercero, hacerse un nombre profesional, labrar prestigio. No creo que pensasen que iban a hacer historia, y seguro que muchos murieron sin saber que la habían hecho.

[Nota: Hay dos grandes excepciones entre los directores artísticos de primerísimo nivel que han pasado a la historia del cine y que sí son cien por cien americanos: uno es William Cameron Menzies, un genio. El otro es Hal Pereira (Vertigo). El segundo oriundo de Chicago, era hijo de emigrantes portugueses. El primero, Menzies, hijo de escoceses; sus padres lo mandaron a estudiar a la Universidad de Edinburgo, la Escocia de sus progenitores. Menzies se formó como art director en Famous-Players Lasky junto al ruso-polaco Anton Grot, de quien fue asistente, muy influenciado por el modernismo y el expresionismo europeos. Por tanto el americano Menzies también era parcialmente europeo, artísticamente hablando. Pereira y Menzies supervisaron cientos de películas.]

En fin, voy a las diegolistas, como las califica mi amigo el escritor gallego Enrique Mauricio Iglesias; las listas que fijan y ordenan, clasifican la información en tu mente y jerarquizan o descartan toda producción cultural que se precie. Aquí, los diseñadores citados suman más de dos mil películas como diseñadores de producción, directores artísticos y decoradores. Dos mil films. Se dice pronto. (Existe un top cien, que se puede consultar aquí) [En el cine clásico de Hollywood también abundaron directores artísticos estadounidenses, como es lógico, de los nacidos a finales del siglo XIX gran parte provenían de estados del Medio Oeste que emigraron a California y, a diferencia de los europeos, que ya llegan más o menos consagrados, comienzan el oficio desde abajo y ascienden como meritorios. También algunos nacidos en Los Ángeles y Nueva York, como no podía ser menos. Entre estos meritorios de carreras consolidadas casi siempre ligadas a un único estudio, hubo no pocos mexicanos, entre los que destacaron Edward Carrere y Emile Kuri, de ascendencia libanesa.]

He elegido sesenta profesionales bien representativos en películas conocidas internacionalmente. Son sesenta pero podrían haber sido el doble. No hay aquí voluntad de ser exhaustivo sino de selección. Sólo he incluido a aquellos que debutaron profesionalmente antes de 1960 –la mayor parte formados de jóvenes en los años veinte y treinta– y que, siendo europeos, han trabajado para estudios de cine de los Estados Unidos. En el nombre de cada uno hay enlace a la web IMDB con sus filmografías completas hasta donde se tiene noticia (los trabajos no acreditados se van sumando a esa base de datos a medida que los investigadores lo confirman con pruebas inequívocas de su participación).

Art director y/o set decorator. País de origen. Película más representativa o popular.

  1. William S. Darling (1882-1963). Hungría (Imp. Austrohúngaro). La canción de Bernadette, Tierra de Audaces.
  2. Willy Pogany (1882-1955). Hungría (Imp. Austrohúngaro). La momia, El altar de la moda.
  3. Alexander Toluboff (1882-1940). Imperio Ruso. La diligencia, Argel.
  4. Anton Grot (1884-1974). Polonia. El ladrón de Bagdag, Alma en suplicio.
  5. Hans Dreier (1885-1976). Alemania. Perdición, El crepúsculo de los dioses.
  6. Erich von Stroheim (1885-1957). Austria-Imperio Austrohúngaro. Avaricia.
  7. John Bonar (1886-1963). Yugoslavia. El retrato de Dorian Gray.
  8. Alfred Junge (1886-1964). Alemania. El hombre que sabía demasiado, Ivanhoe.
  9. Charles Novi (1887-1966). Italia. Tener y no tener.
  10. Nicolai Remisoff (1887-1975). Imperio Ruso. La extraña mujer, La cuadrilla de los once.
  11. Herman Rosse (1887-1965). Holanda. El rey del jazz, El instinto del amor.
  12. Charles D. Hall (1888-1970. Inglaterra (Reino Unido). Sin novedad en el frente, El doctor Frankenstein, Drácula.
  13. Paul Huldschinsky (1889-1947). Alemania. Luz que agoniza, Cita en St. Louis.
  14. Max Rée (1889-1953). Dinamarca. El sueño de una noche de verano, Cimarrón.
  15. James Basevi (1890-1962). Inglaterra (Reino Unido). Centauros del desierto.
  16. Carl Jules Weyl (1890-1948). Alemania. Casablanca, El sueño eterno.
  17. Rochus Gliese (1891-1991): Alemania. Amanecer.
  18. Cedric Gibbons (1893-1960). Irlanda. El mago de Oz, Cantando bajo la lluvia.
  19. Fritz Maurischat (1893-1986). Alemania. Por primera vez.
  20. Hans Peters (1894-1976). Inglaterra (Reino Unido). Los contrabandistas de Moonfleet, Scaramouche.
  21. Franz Bachelin (1895-1980). Alemania. El vals del emperador, Traidor en el infierno.
  22. Ralph W. Brinton (1895-1975). Inglaterra (Reino Unido). El señor de Balantry, Moby Dick.
  23. Vincent Korda (1897-1979). Hungría (Imp. Austrohúngaro). El tercer hombre.
  24. Joseph Kish (1899-1969). Serbia (Imp. Austrohúngaro). Le legión invencible.
  25. Ernst Fegté (1900-1976). Alemania. Las tres noches de Eva, Diez negritos.
  26. William Kellner (1900-1996). Austria-Imperio Austrohúngaro. De repente el último verano.
  27. Hein Heckroth (1901-1970). Holanda. Corazón salvaje, Cortina rasgada.
  28. Walter Holscher (1901-1973). Alemania. Salvaje, Caballero sin espada.
  29. William Ferrari (1901-1972). Argentina-Italia. El reloj, La costilla de Adán.
  30. Jo Mielziner (1901-1976). Francia. La Venus americana, Picnic.
  31. Eugène Lourié (1903-1991). Ucrania (Imperio Ruso). Candilejas, Corredor sin retorno.
  32. Paul Sheriff (1903-1960). Imperio Ruso. El temible burlón, Moulin Rouge.
  33. Cecil Beaton (1904-1980). Inglaterra (Reino Unido). Gigi, My fair Lady.
  34. Richard H. Riedel (1904-1960). Italia. Coraza negra, La pradera sin ley.
  35. David S. Hall (1905-1964). Inglaterra (Reino Unido). La mascota del regimiento, La historia más grande jamás contada.
  36. Paul Groesse (1906-1987). Hungría (Imp. Austrohúngaro). Mujercitas, Las minas del rey Salomón.
  37. Thomas N. Morahan (1906-1969). Inglaterra (Reino Unido). El proceso Paradine, Atormentada.
  38. Alexandre Trauner (1906-1993). Francia. Tierra de faraones, El apartamento.
  39. William H. Tunkte (1906-1997). Alemania. Mary Poppins.
  40. Gabriel Scogmanillo (1906-1974). Italia-Francia. Amor en conserva, El gran Caruso.
  41. Nathan H. Juran (1907-2002). Bucovina (Imp. Austrohúngaro). ¡Qué verde era mi valle!, El filo de la navaja.
  42. Alexander Golitzen (1908-2005). Imperio Ruso. Carta de una desconocida, Imitación a la vida, Sed de mal.
  43. Carmen Dillon (1908-2000). Inglaterra (Reino Unido). El príncipe y la corista.
  44. Boris Leven (1908-1986). Imperio Ruso. Gigante, Anatomía de un asesinato.
  45. Mario Chiari (1909-1989). Italia. Guerra y paz, Barrabás.
  46. Veniero Colasanti (1910-1996). Italia. 55 días en Pekín, El Cid.
  47. Harry Horner (1910-1994). Bohemia (Imp. Austrohúngaro). La heredera, Nacida ayer.
  48. Elven Webb (1910-1979). Inglaterra (Reino Unido). Cleopatra.
  49. Tambi Larsen (1914-2001). India (Imperio Británico). El secreto de los Incas, Su juego favorito.
  50. Eric Orbom (1915-1959). Suecia. Sólo el cielo lo sabe, Espartaco.
  51. Elliot Scott (1915-1993). Inglaterra (Reino Unido). Más allá de Mombasa, Los cuatro jinetes del Apocalipsis.
  52. Jack Maxsted (1916-2001). Inglaterra (Reino Unido). Llanura roja.
  53. Elso Valentini (1918-1998). San Marino. El príncipe de los zorros, Quo Vadis.
  54. Marc Fréderix (1919-2004). Francia. El tren, Dos en la carretera.
  55. Anthony Masters (1919-1990). La historia de Esther Costello, 2001: una odisea del espacio.
  56. John Box (1920-2005). Inglaterra (Reino Unido). Fuego escondido, Lawrence de Arabia.
  57. Raphaël Bretton (1920-2011). Inglaterra (Reino Unido). Canción de cuna para un cadáver, El estrangulador de Boston.
  58. Maurice Pelling (1920-1973). Inglaterra (Reino Unido). El príncipe negro, Cleopatra.
  59. Kem Adam (1921-2016). Inglaterra (Reino Unido). El hidalgo de los mares, La noche del demonio.
  60. Gil Parrondo (1921-2016). España. Arkadin, Los viajes de Gulliver.

 

Diego Moldes, Madrid, domingo 11 de junio de 2017.

Diego Moldes
diegomoldes@hotmail.com
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